Limpieza y seguridad en la Plaza de Sant Agustí un día antes de la visita del Papa León XIV

Limpieza y seguridad en la Plaza de Sant Agustí un día antes de la visita del Papa León XIV METRÓPOLI

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Sin terrazas y a medio gas: los comercios del Raval improvisan su estrategia ante el blindaje por la visita del Papa

Lo que hace una semana eran dudas sobre posibles restricciones se ha convertido en decisiones que deben tomarse ya, muchas veces sin información oficial clara y apoyándose en el boca a boca entre comerciantes

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La plaza de Sant Agustí ya no tiene el aspecto de hace una semana. La visita del Papa León XIV está a menos de 24 horas de distancia y el barrio vive una aceleración visible. Hay operarios entrando y saliendo, vallas preparadas para desplegarse, vecinos que preguntan y comerciantes pendientes del teléfono.

Sin embargo, bajo esa actividad creciente persiste una sensación que ya aparecía días atrás y que ahora se ha consolidado como la palabra más repetida entre los negocios de la zona: incertidumbre.

La gran diferencia es que el reloj ya corre en contra. Lo que hace una semana eran dudas sobre posibles restricciones se ha convertido en decisiones que deben tomarse ya, muchas veces sin información oficial clara y apoyándose en el boca a boca entre comerciantes.

"Todo va de boca en boca"

En la farmacia de la plaza, donde días atrás ya habían optado por cerrar durante las horas críticas del dispositivo, la sensación es de frustración.

Una de las trabajadoras resume la situación: "Es todo un poco desastre". Explica que no han recibido ninguna comunicación oficial directa por parte del Ayuntamiento y que gran parte de la información les ha llegado a través de otros comerciantes o de personas que han asistido a reuniones informativas.

"Sabemos que ha habido reuniones, pero si no conoces a alguien que haya estado allí, no te enteras de nada", lamenta.

Limpieza y seguridad en la Plaza de Sant Agustí un día antes de la visita del Papa León XIV

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Ante esa falta de certezas, han decidido mantener una estrategia propia. Cerrarán a las 12 del mediodía y volverán a abrir sobre las seis de la tarde. No lo hacen por una orden concreta, sino por una cuestión práctica.

"Nosotros lo que queremos es vender", explica. Pero también asumen que difícilmente será una jornada normal de actividad comercial. La farmacia abrirá únicamente en las franjas horarias en las que consideran que todavía podrá haber clientes.

Acreditaciones para entrar y salir

En el bar Onagu, situado junto a la plaza, la situación ha avanzado algo más que hace unos días. Si entonces predominaban las dudas, ahora al menos cuentan con acreditaciones que permitirán a los trabajadores entrar y salir del perímetro de seguridad.

Aun así, las restricciones afectarán directamente al funcionamiento del negocio.

La terraza permanecerá completamente cerrada por indicaciones municipales. El interior sí seguirá funcionando y podrán atender clientes, aunque con las limitaciones derivadas del operativo previsto para la visita papal.

La sensación, sin embargo, continúa siendo parecida a la de otros establecimientos: información fragmentada, instrucciones que llegan a cuentagotas y cambios que obligan a reorganizar la actividad casi sobre la marcha.

"Nos estamos preparando para algo que no sabemos lo que es"

En Tapas La Morera, Ricardo y José observan los preparativos con una mezcla de resignación e incredulidad.

Ambos consideran que la organización ha sido deficiente y señalan que todavía quedan trabajos pendientes en la plaza cuando apenas falta un día para la llegada del Pontífice."No entendemos cómo se ha podido organizar tan mal", comentan mientras observan un entorno que, a su juicio, sigue dando sensación de provisionalidad.

Limpieza y seguridad en la Plaza de Sant Agustí un día antes de la visita del Papa León XIV

Limpieza y seguridad en la Plaza de Sant Agustí un día antes de la visita del Papa León XIV METRÓPOLI

Como otros trabajadores de la zona, también han tenido que entregar documentación para poder acceder al barrio durante las restricciones de seguridad.

El local abrirá durante toda la jornada, aunque bajo condiciones especiales. No dispondrá de terraza y tampoco podrán sentar clientes en el interior. Toda la actividad se limitará al servicio para llevar.

Ricardo resume la sensación del barrio con una sola frase: "Nos estamos preparando para algo que no sabemos cómo será".

Entre la expectación y el desconcierto

A medida que la visita se acerca, el barrio parece dividido entre dos realidades paralelas.

Por un lado, la expectación de un acontecimiento excepcional que situará durante unas horas a la plaza de Sant Agustí en el centro de la atención internacional. Por otro, el día a día de comerciantes y trabajadores que intentan organizar horarios, pedidos y desplazamientos con información que consideran insuficiente.

Las acreditaciones han empezado a llegar. Algunas restricciones ya son conocidas. Las terrazas comienzan a desaparecer del espacio público. Pero la sensación general dista mucho de transmitir tranquilidad.

Si hace una semana el Raval esperaba respuestas, a un día de la visita del Papa muchos comerciantes creen que siguen llegando tarde. Y mientras las últimas obras avanzan contrarreloj y el dispositivo de seguridad termina de desplegarse, la plaza continúa funcionando bajo una lógica improvisada: preguntar al vecino, llamar a otro comerciante y confiar en que la información que circula sea la correcta.

Porque, a pocas horas de que León XIV pise el barrio, la organización oficial sigue siendo para muchos algo que se escucha más de lo que se ve.