El Papa León XIV en el interior de la iglesia de Sant Agustí
La inocencia de un niño desarma al Papa en su acto más emotivo en el Raval: “¿Por qué hay tantas personas en la calle?”
El pequeño Renzo, de seis años, se convierte en el gran protagonista de la jornada al romper el protocolo con una mezcla de espontaneidad y profundas dudas sobre la injusticia social, la soledad de los abuelos y el perdón
Otras noticias: Visita del Papa a Barcelona, en directo: León XIV llega al Raval entre aplausos de decenas de fieles
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La plaza de Sant Agustí llevaba ya un buen rato llena cuando el Papa León XIV llegó este miércoles al corazón del Raval. Decenas de personas se agolpaban frente a la parroquia entre aplausos, teléfonos móviles en alto y familias enteras que buscaban un hueco para ver de cerca al Pontífice.
El ambiente era el de las grandes ocasiones, con vecinos, fieles y curiosos compartiendo espacio en uno de los barrios más diversos de Barcelona.
Vecinos del Raval asomados a los balcones para ver la llegada del Papa León XIV
La visita tenía un marcado carácter simbólico. Sant Agustí no solo conecta con las raíces agustinianas del Papa, sino también con la intensa labor social que desde hace años se desarrolla en torno a la parroquia.
En el interior del templo aguardaban autoridades civiles y religiosas, representantes de entidades asistenciales y decenas de personas vinculadas al trabajo diario con colectivos vulnerables.
Omella abre el acto y sitúa la caridad en el centro
El acto comenzó con la bienvenida del cardenal Juan José Omella, que destacó el trabajo de los agustinos y de las Misioneras de la Caridad en el barrio. Recordó que la caridad constituye una de las grandes acciones evangelizadoras de la Iglesia y expresó su deseo de escuchar el mensaje del Pontífice. "Queremos satisfacer el hambre material y también el hambre de Dios", afirmó.
Fieles en la Plaza de Sant Agustí esperando la llegada del Papa León XIV
Omella subrayó que la acción de la Iglesia se articula en tres pilares, liturgia, formación y caridad y situó esta última como expresión concreta del amor cristiano hacia los más vulnerables. Dirigiéndose al Papa, insistió en la importancia de seguir impulsando este compromiso en un contexto de creciente desigualdad social.
Cáritas: “acogemos, defendemos y amamos”
A continuación intervino la secretaria general de Cáritas Diocesana de Barcelona, que presentó la labor de la entidad como una misión de acompañamiento integral. Recordó que en 2025 se atendió a más de 63.000 personas en la diócesis y reivindicó una acción sostenida en tres dimensiones: presencia, acompañamiento y denuncia.
“Cuando nos piden explicar nuestra misión en una sola frase, decimos que en Cáritas acogemos, defendemos y amamos”, señaló. También reconoció las dificultades del trabajo diario, especialmente la sensación de no llegar a todos los casos que requieren ayuda.
La exclusión social y la tarea de “ayudar”
El director de Obinso describió una realidad marcada por la adicción, la soledad y la pérdida de sentido vital. Definió la intervención social como un proceso de presencia constante y vínculo humano.
“Nuestra tarea se resume en un verbo sencillo y exigente: ayudar”, explicó. En su intervención planteó una de las cuestiones centrales del acto: cómo sostener la esperanza cuando el sufrimiento parece desbordar las capacidades de quienes acompañan.
Mujeres víctimas de trata: “semillas de esperanza”
La religiosa adoratriz Encarnación centró su intervención en la realidad de las mujeres víctimas de trata. Relató historias marcadas por la violencia, el desarraigo y la explotación, subrayando la dificultad de los procesos de recuperación.
El Papa León XIV habla durante el acto en la parroquia de Sant Agustí en el Raval
“Hoy necesitamos semillas de esperanza”, afirmó. Reivindicó el acompañamiento como un proceso largo, basado en la dignidad y la reconstrucción personal, y recordó que muchas de estas mujeres buscan recuperar una vida que les fue arrebatada.
El cortometraje que cambió el tono del encuentro
Tras las intervenciones, se proyectó el cortometraje 'Abre la carta', producido específicamente para la visita del Papa. El silencio en la parroquia marcó el inicio de uno de los momentos más contemplativos del acto.
El audiovisual introdujo la historia de una carta dirigida a León XIV firmada por un niño de seis años, Renzo. Su aparición en pantalla transformó el tono del encuentro, anticipando el momento central de la jornada.
Renzo irrumpe con una pregunta sobre fútbol
La carta fue leída en directo en la parroquia. “Hola, papá León XIV. Soy Renzo, tengo seis años”, comenzó el niño. Su primera pregunta rompió el protocolo y generó sonrisas inmediatas: “¿Te gusta el fútbol?”.
El ambiente se relajó por completo, con el Papa participando del tono distendido y la sala respondiendo con complicidad. Pero ese inicio amable dio paso a un bloque de preguntas mucho más profundo.
Las preguntas de Renzo
Renzo encadenó cuestiones sobre su entorno inmediato y sobre la desigualdad: “¿Por qué hay personas que les pasan cosas malas y a otros no?”, “¿Por qué hay tantas personas que viven en la calle?”, “Nadie los ve, nadie los ayuda”.
El niño también preguntó por la soledad de los mayores: “¿Por qué hay tantos abuelos solos y son tan importantes?”. Y cerró con una cuestión directa: “¿Hay que perdonar siempre?”.
Las respuestas del Papa: fútbol, sufrimiento y perdón
León XIV comenzó respondiendo con cercanía a la primera pregunta. “No quería ser papa, ni de joven ni de viejo, pero cuando el Señor llama hay que decir sí”, afirmó entre sonrisas.
Momento del abrazo entre Renzo y León XIV
Sobre el sufrimiento, recordó la figura de Jesús y defendió la confianza incluso en medio de la dificultad: “Aunque haya sufrimiento, él nunca abandona a ninguno de sus hijos”.
Abuelos, dolor y el sentido del perdón
El Papa se detuvo especialmente en la situación de las personas mayores. “Los abuelos son muy importantes en la vida de la familia. Nunca deberían quedarse solos”, subrayó.
Sobre el perdón, fue claro: “Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón”, explicando que no implica justificar el daño, sino liberarse del resentimiento.
“Aquí me siento en casa”
En un momento de su intervención, León XIV recordó su vínculo con la parroquia, que visitó por primera vez en 1984. “Llegué y dije: en Barcelona hay una iglesia de San Agustín, vamos a visitarla”, relató.
“Qué hermoso es encontrar una iglesia con una comunidad que encuentra acogida, integración y fe. Aquí de verdad me siento en casa”, añadió.
Despedida entre aplausos en Sant Agustí
El acto concluyó con un largo aplauso de los asistentes mientras el Papa se despedía de las entidades sociales y de la comunidad parroquial.
En el exterior, volvió a encontrarse con los fieles que esperaban en la plaza. Entre saludos, fotografías y vítores, León XIV abandonó Sant Agustí tras una visita marcada por la acción social de la Iglesia, pero sobre todo por la voz de un niño de seis años que convirtió el encuentro en una conversación sobre pobreza, soledad y esperanza.