Estudiantes esperando para entrar a un examen de selectividad

Estudiantes esperando para entrar a un examen de selectividad SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

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Estudiantes respaldan el estreno de detectores de tecnología en la Selectividad: "Si alguien copia, nos perjudica en las notas de corte"

Como novedad, este año se han implementado detectores de radiofrecuencia para evitar que los alumnos copien en las pruebas, una medida pionera que ha recibido el visto bueno de los alumnos

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Los nervios seguían presentes este jueves en la Zona Universitària de la Diagonal de Barcelona, aunque ya no eran los mismos que los del primer día. Tras dos jornadas de exámenes y con las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) encarando sus últimas horas, entre los estudiantes predominaba una sensación de alivio. Quedaban todavía algunas pruebas por delante, pero muchos ya empezaban a ver el final de un camino que llevaban meses preparando.

Imagen de alumnos esperando para entrar a un examen de selectividad

Imagen de alumnos esperando para entrar a un examen de selectividad SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

A las puertas de las facultades de la Universitat de Barcelona, los apuntes seguían abiertos a pocos minutos de entrar en las aulas. Algunos repasaban fórmulas por última vez; otros preferían conversar con amigos para distraerse de la tensión. El ambiente mezclaba cansancio, incertidumbre y también cierta ilusión. Después de una semana marcada por los exámenes, los alumnos comenzaban a hablar más del futuro que de los contenidos que tenían delante.

Del examen a la universidad

Las conversaciones giraban ya en torno a las notas de corte y las carreras universitarias. Ingeniería, Psicología, Medicina o Educación aparecían entre las opciones más repetidas. La mayoría tenía claro que quería continuar sus estudios en la universidad, aunque muchos reconocían que la incógnita seguía siendo si la nota obtenida les permitirá acceder al grado deseado.

"Ahora mismo lo que más preocupa no es acabar el examen, sino saber si me dará para entrar donde quiero", comentaba una estudiante mientras esperaba el acceso al aula. Otro alumno reconocía que, tras meses de preparación, "lo importante era llegar hasta aquí" y que ya habría tiempo para preocuparse por los resultados cuando se publiquen las calificaciones.

Imagen de alumnos esperando para entrar a un examen de selectividad

Imagen de alumnos esperando para entrar a un examen de selectividad SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

La preocupación no es menor. El acceso a determinadas titulaciones se ha convertido en una carrera cada vez más competitiva. Según un informe elaborado por CCOO Educació a partir de datos de la Generalitat, un 37 % de los estudiantes catalanes se quedó sin plaza en la universidad pública el año pasado, una realidad que los alumnos conocen y que alimenta la presión durante los días de selectividad.

Una vigilancia reforzada frente a las nuevas tecnologías

Entre apuntes, calculadoras y botellas de agua, una de las novedades más comentadas de esta edición de las PAU no estaba relacionada con los exámenes, sino con la vigilancia. Por primera vez, las universidades catalanas han incorporado detectores de radiofrecuencia dentro de una prueba piloto destinada a localizar dispositivos electrónicos que puedan utilizarse para copiar.

Imagen de alumnos esperando para entrar a un examen de selectividad

Imagen de alumnos esperando para entrar a un examen de selectividad SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Los aparatos permiten detectar emisiones procedentes de teléfonos móviles, relojes inteligentes, conexiones Bluetooth, cámaras ocultas o micrófonos inalámbricos. Su utilización responde al objetivo de garantizar la igualdad de oportunidades entre los estudiantes y evitar que las nuevas tecnologías se conviertan en una vía para obtener ventaja durante las pruebas.

Una medida bien recibida

Lejos de generar rechazo, la medida parece haber sido bien recibida por buena parte de los alumnos consultados. Muchos consideran que la presencia de estos dispositivos es una adaptación lógica a una realidad tecnológica que conocen perfectamente.

"Me parece bien porque todos tenemos acceso a estas herramientas y sería injusto que alguien entrara a una carrera copiando mientras otros llevamos meses estudiando", explicaba una estudiante. Otro joven coincidía en que el sistema ayuda a proteger el esfuerzo realizado durante el curso: "Si alguien consigue una nota que no le corresponde, al final también afecta a las notas de corte y perjudica a los demás".

La inteligencia artificial, en el centro del debate

La expansión de la inteligencia artificial y de dispositivos cada vez más discretos ha hecho que muchos alumnos vean con normalidad este tipo de controles. Lejos de percibirlos como una medida excesiva, consideran que responden a una necesidad creciente en un contexto en el que la tecnología avanza a gran velocidad.

Los estudiantes destacan que las herramientas digitales forman parte de su día a día y que precisamente por ello entienden mejor los riesgos que pueden plantear en unas pruebas tan determinantes como las PAU. "Si queremos que todos tengamos las mismas oportunidades, tiene que haber controles", resumía uno de los jóvenes minutos antes de acceder al examen.

Imagen de alumnos esperando para entrar a un examen de selectividad

Imagen de alumnos esperando para entrar a un examen de selectividad SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Mientras tanto, los vigilantes continuaban organizando la entrada a las aulas y recordando las normas. Las mochilas permanecían apartadas de las mesas y los carteles advertían de la prohibición de utilizar dispositivos electrónicos. Dentro esperaba el último esfuerzo. Fuera, muchos empezaban ya a hacer cuentas sobre el verano y la universidad.

La selectividad de 2026 encara así sus últimas horas en Barcelona con una participación récord de 45.821 estudiantes. Para miles de jóvenes, la meta está ya a la vista. Queda un último examen, unas últimas páginas de apuntes y la esperanza de que, dentro de unas semanas, la nota permita abrir la puerta de la carrera soñada.