Tienda Cake Me en una imagen de archivo

Tienda Cake Me en una imagen de archivo Simón Sánchez BARCELONA

Vivir en Barcelona

Del sector farmacéutico a vender cheesecakes a 0,99 euros: el negocio que una pareja brasileña trajo de Japón a Barcelona

Cake Me es todo un fenómeno en la ciudad que ya cuenta con siete locales donde la experiencia es casi más importante que el producto

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Lo que empezó como un viaje de vacaciones a Japón acabó convirtiéndose en el origen de Cake Me, un negocio de tartas de queso a 0,99 euros que causa furor en Barcelona. El alma mater de este fenómeno son Ana y Daniel, una pareja brasileña afincada en la ciudad que abandonó la industria farmacéutica para centrarse en una tendencia que triunfaba en Asia: los negocios donde la experiencia es igual de importante como lo que se consume.

“Nos dimos cuenta de que ya no se trata solo de vender comida, sino de crear una experiencia alrededor del producto”, explica Ana en conversación con Metrópoli. Durante aquel viaje observaron cómo los negocios de monoproducto atraían a la gente gracias a una combinación de diseño, experiencia sensorial y presencia en redes sociales. “No solo es lo que vendes, sino también la experiencia que lo envuelve”, apunta.

La idea les atrajo tanto que tardaron menos de un mes en poner en marcha su primer local en Urquinaona. Un año después, su marca suma ya siete establecimientos en Barcelona y cinco en Madrid, además de distintos formatos de negocio pensados para crecer mediante franquicias.

Interior de la tienda Cake Me de Urquinaona en una imagen de archivo

Interior de la tienda Cake Me de Urquinaona en una imagen de archivo Simón Sánchez BARCELONA

Postre popular

Su propuesta gira alrededor de un producto universal: la tarta de queso. Un postre presente en prácticamente todas las culturas, pero reinterpretado en Cake Me bajo un concepto “accesible, rápido y visualmente atractivo”. Su cheesecake clásico cuesta tan solo 0,99 euros, mientras que las variedades especiales se venden por 2,99 euros, con la posibilidad de añadir toppings.

“Que vendamos a un euro no significa que sea un producto de baja calidad”, aclara su fundadora. La clave, asegura, está en la producción a escala y en una estructura optimizada que les permite mantener precios competitivos sin renunciar a ingredientes de calidad.

El peso de la experiencia

Más allá del producto, gran parte del éxito reside en la experiencia. Sus locales están diseñados para estimular los sentidos: música, iluminación cuidada, estética moderna y espacios pensados para ser compartidos en redes sociales. “Son tiendas instagrameables”, explica Ana.

Además del modelo take away –presente en todos sus establecimientos– cuentan con tiendas físicas tradicionales, quioscos urbanos y formatos adaptados a centros comerciales. Y funciona: entre todas sus tiendas superan las 10.000 porciones vendidas en un solo día.

Tienda Cake Me en una imagen de archivo

Tienda Cake Me en una imagen de archivo Simón Sánchez BARCELONA

“Barcelona fue la ciudad perfecta para poner a prueba el concepto” –explica– “por el flujo constante de turistas, la cultura callejera y porque la gente aquí consume mucho mientras pasea”. El concepto take away ha sido clave en su crecimiento. “Ahora ya no hace falta sentarse en un restaurante para tomar un postre”, destaca. “La gente se lo lleva a un banco, al coche o a la playa. Es práctico”, añade la cofundadora.

Éxito en las capitales

Aunque Barcelona sigue siendo su mercado principal –“aquí ya nos conocen”–, Madrid se ha convertido en su siguiente gran apuesta. Allí aterrizaron hace poco y aseguran que el crecimiento está siendo muy rápido.

En apenas un año, Ana y Daniel han pasado de trabajar en la industria farmacéutica a liderar una cadena que ha sabido combinar gastronomía, experiencia y redes sociales en un modelo de negocio pensado para el consumo urbano actual. Y todo apunta a que esto es solo el comienzo.