Far del Llobregat / Wikipedia

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Vivir en Barcelona

El faro desconocido y uno de los más antiguos de España: 174 años de historia, 31 metros de altura y marca el fin de Barcelona

El faro, con una altura de soporte de 31 metros, no solo guía a los barcos con sus destellos cada cinco segundos, sino que también proyecta luz hacia el cielo para asistir en la geolocalización de aeronaves

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En el límite meridional de Barcelona, allí donde el río Llobregat entrega sus aguas al Mediterráneo, se alza una estructura que ha desafiado al tiempo, a la burocracia y a la propia naturaleza.

Se trata del Faro de Llobregat, también conocido como la Torre del Riu, un centinela de piedra que, con sus 174 años de historia, se consolida como el faro moderno más antiguo en activo de toda la costa barcelonesa.

Encendido por primera vez el 1 de enero de 1852, este faro no fue una construcción más; fue diseñado por Simó Ferrer Bosch como el faro modelo para el Programa de Alumbramiento de las costas españolas.

El faro desconocido de Barcelona: más de 170 años de historia

Con una altura de soporte de 31 metros (alcanzando los 32 metros en su plano focal), su silueta es única: presenta una torre de dos cuerpos —inferior cuadrangular y superior octagonal— sobre un volumen cilíndrico, todo ello coronado por una distintiva cúpula de vidrio.

Esta linterna no solo guía a los barcos con sus destellos cada cinco segundos, sino que también proyecta luz hacia el cielo para asistir en la geolocalización de aeronaves.

A pesar de su importancia, el faro ha vivido bajo la constante sombra de la desaparición. En 1903, una Real Orden decretó su derribo para ser sustituido por el faro de Montjuïc, una decisión que solo la férrea oposición de los agentes marítimos de Barcelona logró revocar definitivamente en 1928.

Pero la administración no fue su única amenaza; la propia geografía del delta del Llobregat puso a prueba su estructura. Originalmente, el faro se situaba a 300 metros de la orilla, pero la erosión costera y las ampliaciones del Puerto de Barcelona provocaron que, a mediados del siglo XX, el mar lo rodeara casi por completo, convirtiéndolo en un precario istmo.

23 millas náuticas

Hoy en día, el Faro de Llobregat ha quedado "atrapado" dentro de las modernas instalaciones portuarias en la Zona Franca. Aunque ya no preside una playa solitaria de marismas y cultivos, sigue siendo una pieza clave para la navegación con un alcance de 23 millas náuticas y una estación GPS diferencial que corrige posiciones a 100 millas de distancia.

Declarado Bien de Interés Cultural, este gigante desconocido marca el fin geográfico de la ciudad y el inicio de un hub logístico vital. Su acceso está restringido por seguridad portuaria, lo que acentúa su aura de misterio, recordándonos que, tras los muros del puerto, late el corazón de uno de los monumentos más resilientes del patrimonio marítimo español.