Dani Olmo y Terrassa

Dani Olmo y Terrassa

Vivir en Barcelona

El refugio de Dani Olmo: una ciudad romana del siglo I a. C., con 200.000 habitantes y 40 minutos de la capital

La ciudad tiene sus raíces en la antigua Ègara romana, que, tras un proceso de romanización iniciado a principios del siglo II a.C., se convirtió en municipio bajo el emperador Flavio Vespasiano en el siglo I d.C.

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Dani Olmo es uno de los 26 futbolistas españoles que están disputando el Mundial. El lunes, el catalán se medirá a Portugal para disputar los octavos de final. A pesar de que ahora se encuentra en plena competición, el futbolista durante la temporada descansa en Terrassa, la ciudad que le vio nacer.

A tan solo 40 minutos de la capital catalana y con un total de 200.000 habitantes, Dani Olmo tiene su refugio en esta ciudad que ofrece todos los servicios de primera necesidad para vivir junto a los suyos y con tranquilidad.

Terrassa, más de 1.000 años de historia

Terrassa tiene sus raíces en la antigua Ègara romana, que, tras un proceso de romanización iniciado a principios del siglo II a.C., se convirtió en municipio bajo el emperador Flavio Vespasiano en el siglo I d.C.

Durante esta etapa y la posterior expansión del cristianismo en el siglo IV, se consolidó un importante núcleo religioso y episcopal en el área de Sant Pere que sobrevivió hasta la invasión musulmana.

En el año 844 aparece documentado el "Terracium Castellum", germen de la villa medieval que se organizaría definitivamente entre los siglos XII y XIII alrededor de la actual Torre del Castell Palau, especializándose ya entonces en la producción de lana.

En el siglo XIX, la ciudad experimentó una transformación radical gracias a la Revolución Industrial, con la introducción de la primera máquina de hilar en 1832 y el uso del vapor en 1833. Este desarrollo económico atrajo a una gran cantidad de población y propició mejoras en las comunicaciones, como la llegada del ferrocarril en 1856.

Este crecimiento culminó con el derribo de las murallas medievales en 1876 y la concesión del título de ciudad por el rey Alfonso XII en 1877, periodo en el que también se consolidó la Basílica del Sant Esperit como parroquia principal.

A finales del siglo XIX y principios del XX, el auge económico impulsó el Modernismo, dejando un rico legado arquitectónico con edificios como el Vapor Aymerich, Amat i Jover o la Masia Freixa.

Tras la Guerra Civil, la industria volvió a atraer a miles de inmigrantes, provocando un crecimiento demográfico masivo que dio lugar a nuevos barrios periféricos durante los años 60. Finalmente, la llegada de la democracia en 1977 marcó el inicio de una nueva etapa de prosperidad y crecimiento ordenado que ha definido el desarrollo contemporáneo de la ciudad.

Qué ver en Terrassa

Terrassa destaca por su capacidad para fusionar su legado industrial con el arte modernista, ofreciendo visitas a edificios emblemáticos que han sido reconvertidos en espacios culturales.

Entre ellos, la Masía Freixa es una parada imprescindible por su estilo gaudiniano y su historia como antigua fábrica textil transformada en residencia. También es fundamental visitar el Museo Nacional de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña, situado en una antigua fábrica de lana, donde se exploran los procesos industriales y el origen del universo.

En cuanto a su patrimonio antiguo, la ciudad alberga la Seu d’Ègara, un conjunto medieval único compuesto por tres iglesias que conservan las únicas pinturas visigodas de toda Europa, además de restos íberos y romanos.

Este conjunto se encuentra junto al Parc Vallparadís, uno de los parques urbanos más extensos de Cataluña, que atraviesa la ciudad y alberga también el Castillo Cartuja, un edificio del siglo XII que funciona como sede del Museo de Terrassa.

Pasear por el casco histórico permite descubrir otros puntos de interés como la Torre del Palau, el neogótico Ayuntamiento y el Mercado de la Independencia, integrando perfectamente el pasado medieval y modernista en el corazón de la ciudad.