Tubos de ensayo con sangre para diagnosticar trastornos como la hemofilia

Tubos de ensayo con sangre para diagnosticar trastornos como la hemofilia EUROPA PRESS

En colaboración con

Vivir en Barcelona

Moratones y sangrados frecuentes: cuándo conviene consultar al especialista

El hematoma que aparece con facilidad tras un golpe o una hemorragia nasal ocasional no suelen ser motivo de alarma. Sin embargo, detrás de estas señales podría esconderse un trastorno de la coagulación como la hemofilia

Leer en Castellano
Publicada

Noticias relacionadas

Un hematoma después de un golpe, una hemorragia nasal puntual o un sangrado algo más prolongado tras una extracción dental forman parte de situaciones relativamente habituales. Pero cuando estos episodios empiezan a repetirse, parecen desproporcionados o cuesta más de lo normal frenarlos, merece la pena investigar qué está ocurriendo.

La hemofilia es uno de los trastornos de la coagulación más conocidos, aunque no el único. Lo llamativo es que, en sus formas más leves, puede pasar desapercibida durante años. En España conviven con esta enfermedad alrededor de 3.000 personas. Según la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), afecta aproximadamente a uno de cada 5.000 varones nacidos vivos en el caso de la hemofilia A y a uno de cada 30.000 en la hemofilia B.

Cuando la coagulación no funciona como debería

La coagulación es el sistema que utiliza el organismo para detener una hemorragia cuando se produce una lesión. En ese proceso intervienen distintos factores de coagulación que trabajan de forma coordinada hasta formar un coágulo capaz de cerrar la herida.

Cuando alguno de esos factores falta o no funciona correctamente, el mecanismo pierde eficacia. Es precisamente lo que sucede en la hemofilia. En la tipo A existe un déficit del factor VIII y en la tipo B del factor IX. Ambas son enfermedades hereditarias ligadas al cromosoma X, por lo que afectan principalmente a los hombres, aunque no siempre hay antecedentes familiares conocidos.

"Cuando un hematoma aparece con frecuencia o un sangrado tarda más de lo normal en detenerse, merece la pena valorarlo. A veces son esos detalles los que nos orientan hacia un problema de coagulación", explica la doctora Maricel Subirà, jefa del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitari Sagrat Cor.

Maricel Subirà, jefa del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitari Sagrat Cor

Maricel Subirà, jefa del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitari Sagrat Cor CEDIDA

La clave no es sangrar más, sino durante más tiempo

Uno de los errores más comunes es pensar que las personas con hemofilia sangran más cantidad que el resto. En realidad, el problema suele estar en que el sangrado tarda más en controlarse o incluso puede reaparecer cuando ya parecía resuelto.

Las formas más graves suelen detectarse durante la infancia. Sin embargo, los casos leves o moderados pueden permanecer ocultos hasta que una cirugía, una extracción dental o un traumatismo ponen de manifiesto que algo no funciona como debería.

"Una de las claves no es solo cuánto sangra una persona, sino si ese sangrado resulta proporcionado para la causa que lo desencadena. Muchas veces se piensa que un trastorno de la coagulación significa sangrar más, cuando en realidad el problema suele estar en la dificultad para frenar bien una hemorragia o en que determinados sangrados reaparezcan cuando no serían esperables", señala la especialista.

Señales que no conviene ignorar

No todos los moratones tienen importancia médica, pero sí existen algunos patrones que justifican una evaluación más detallada. Entre ellos destacan los moretones frecuentes tras golpes leves, las hemorragias nasales repetidas, los sangrados prolongados o las complicaciones tras procedimientos dentales o intervenciones quirúrgicas.

También es importante tener en cuenta los antecedentes familiares. En muchas ocasiones, la suma de pequeños episodios aparentemente aislados es la que termina ofreciendo la pista definitiva.

Uno de los signos más característicos de la hemofilia es la hemartrosis, es decir, el sangrado dentro de una articulación. Suele afectar especialmente a tobillos, rodillas y codos. La SEHH recuerda que cerca del 80% de los episodios hemorrágicos en estos pacientes se producen en músculos y articulaciones, y que su repetición puede acabar provocando daño articular permanente.

"Las hemorragias articulares tienen un valor especial porque no solo orientan el diagnóstico, sino que, si se repiten, pueden acabar condicionando la función de la articulación", apunta Subirà.

Un diagnóstico que cambia muchas cosas

Cuando existe la sospecha de un trastorno de la coagulación, los especialistas analizan primero cómo son los sangrados, con qué frecuencia aparecen y si existe un patrón repetitivo en el tiempo. Muchas veces la respuesta no está en un episodio concreto, sino en la historia completa del paciente.

Después se realizan análisis y pruebas de coagulación. Si los resultados lo sugieren, pueden solicitarse estudios más avanzados para confirmar alteraciones concretas, entre ellas la hemofilia.

Contar con un diagnóstico permite entender el origen de unos síntomas que, en ocasiones, llevan años sin explicación. Además, facilita la planificación de intervenciones quirúrgicas, tratamientos dentales o cualquier procedimiento en el que el control del sangrado sea especialmente relevante.

"Confirmar el diagnóstico permite dar sentido a síntomas que muchas veces llevan tiempo repitiéndose sin una explicación clara. Y, a partir de ahí, anticiparse en momentos en los que controlar bien el sangrado es especialmente importante", concluye la especialista.