Gabriel Rufián (ERC) en una imagen de archivo / EUROPA PRESS

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Gabriel Rufián: “Yo sufrí; en mi infancia lo peor fue criarse en una familia de izquierdas. No molas para los otros”

El político reconoce la carga emocional de crecer en un hogar con una conciencia social hiperactiva

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Gabriel Rufián, actual portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, ha compartido en diversas ocasiones una visión cruda y honesta sobre cómo su formación en un entorno familiar de "izquierdas a izquierdas" moldeó su personalidad y su carrera política.

Lejos de idealizar su infancia, Rufián reconoce la carga emocional de crecer en un hogar con una conciencia social hiperactiva. “Yo sufrí y lo digo, la palabra no es gratuita”, afirma al recordar lo que supuso politizarse en una familia con un “sentimiento crítico de enfado constante frente a la realidad”.

Para Rufián, el núcleo de ese "sufrimiento" infantil residía en la desconexión total con los intereses y códigos de sus pares. Mientras otros niños se sumergían en la cultura popular de la época, él estaba inmerso en la actualidad política y las sombras del sistema.

Como él mismo relata, a edades tan tempranas como los 8 o 10 años, “te sabes antes los nombres de los ministros y la corrupción en ese momento del PSOE y los GAL... que lo que está pasando en la liga”.

Esta madurez forzada le acarreaba problemas de integración con sus amigos, llegando a situaciones casi cómicas de contraste cultural: “puedo perfectamente llegar al entreno de fútbol escuchando a Víctor Jara y mis amigos descojonarse de mí”.

No molas, eres un rollo”

Esta vivencia se resume en una reflexión que el diputado ha repetido para explicar su falta de "gancho" social durante la adolescencia. Al ser preguntado por lo más difícil de ese entorno, su respuesta es directa: “¿Qué es lo peor de criarse en una familia de izquierdas...? Que no molas. No molas para los otros. No molas, eres un rollo”.

Esa identidad política lo proyectaba como alguien “excesivamente serio o rígido”, situándolo fuera de los cánones de popularidad dominantes.

Sin embargo, Rufián no reniega de ese origen, pues reconoce que le dotó de una “conciencia social temprana y profunda” que hoy define su carácter contestatario.

Esa tendencia a “buscar siempre el conflicto con quien está por encima” y su persistente “problema con la autoridad” son, en esencia, productos de aquella infancia donde la injusticia generaba un “dolor” real.

Lamenta que, mientras antes lo atractivo era el discurso marxista, ahora “está de moda ser facha, ser racista o ser machista”, una tendencia que califica de “chunga”.

Ante este escenario, su estrategia ha evolucionado: frente al odio y la rigidez de antaño, ahora apuesta por la ironía. “Ríete del ataque que te hagan, nunca te enfades y sonríe”, concluye.