Terrazas en la rambla del Poblenou Barcelona
Los vecinos 'pierden' el Poblenou ante la expansión de locales "en inglés" para 'expats' y turistas: "El barrio ya no es nuestro"
La Rambla principal del barrio refleja cada mañana la convivencia entre nómadas digitales, turismo y unos vecinos que sienten que el barrio donde crecieron ya no les pertenece
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Son las nueve de la mañana de un miércoles cualquiera de julio y el Poblenou ya lleva horas despierto. El calor aprieta desde primera hora, aunque todavía queda una ligera brisa que baja por la Rambla camino del mar.
El barrio se despereza entre el zumbido constante de las cafeterías, el traqueteo de los carros de la compra y el sonido de las maletas de quienes acaban de llegar y de quienes se van. En apenas unos metros conviven realidades que parecen pertenecer a ciudades distintas.
Las terrazas comienzan a llenarse mucho antes de que los vecinos más veteranos salgan a hacer la compra. En casi todas las mesas se escucha hablar inglés o francés. Jóvenes con camisas de lino, gafas de sol y ordenadores abiertos desayunan un café de especialidad mientras consultan correos electrónicos o mantienen videollamadas.
Los camareros cambian de idioma con naturalidad. Los carteles de las pizarras anuncian brunch, flat white, cold brew o homemade cookies. Encontrar un menú escrito en castellano o catalán resulta casi una excepción.
La Rambla como oficina al aire libre
Dentro de las cafeterías el aire acondicionado combate los más de treinta grados que ya marca el termómetro. Los enchufes están ocupados desde primera hora y las mesas funcionan más como puestos de trabajo que como lugares de paso. El portátil, los auriculares y una taza de café forman parte del paisaje habitual de la Rambla del Poblenou durante el verano.
El propietario de una cafetería de especialidad situada en esta avenida reconoce que el negocio vive uno de sus mejores momentos. "Cada vez trabajamos más. Al final hay tantas cafeterías de especialidad aquí porque todo el mundo sabe que abrir en la Rambla es éxito asegurado", explica mientras prepara una nueva ronda de cafés.
Jubilado en una terraza de la Rambla de Poblenou Barcelona
Asegura que buena parte de su clientela son extranjeros instalados en el barrio durante semanas o meses y que el perfil del consumidor ha cambiado completamente en pocos años.
Fuera, la vida continúa a otro ritmo. Un grupo de corredores atraviesa la Rambla perfectamente equipado con ropa deportiva a juego y relojes inteligentes que registran cada kilómetro.
En sentido contrario, varias familias avanzan hacia la playa empujando carros cargados con sombrillas, neveras y sillas plegables. Entre ambos, algunos jubilados caminan despacio buscando la sombra de los árboles, mientras otros descansan en los bancos observando el ir y venir de quienes apenas reparan en ellos.
Los vecinos que sienten que el barrio ya no les pertenece
En uno de esos bancos está Isabel. Tiene alrededor de setenta años y lleva toda la vida viviendo en Poblenou. Observa el movimiento sin prisa y asegura que muchas veces tiene la sensación de contemplar un barrio que ya no reconoce.
Interior de una cafetería de especialidad en Poblenou Barcelona
"El barrio ya no es lo que era", resume con resignación. "La ciudad se ha querido centrar tanto en los turistas que se ha olvidado de los vecinos. Todos los comercios de toda la vida han ido cerrando. Solo quedan la zapatería, la horchatería y un restaurante. Todo lo demás son negocios pensados para la gente que viene de fuera".
A su lado, María José, también vecina, asiente mientras observa pasar a decenas de personas. Ambas recuerdan una Rambla donde era difícil recorrer cien metros sin detenerse a saludar a algún conocido. Hoy, dicen, esa escena pertenece al pasado.
"Antes conocías a todo el mundo. Bajabas a comprar el pan y te encontrabas con media calle. Ahora caminas por aquí y no conoces a nadie", explica María José. "Sentimos que nos hemos quedado fuera de nuestro propio barrio".
Mientras hablan, a pocos metros, una persona sin hogar duerme todavía en uno de los bancos de la Rambla, ajena al flujo constante de corredores, turistas y trabajadores remotos que pasan a su alrededor.
Un barrio que cambia de idioma
La Rambla confirma buena parte de lo que describen las dos vecinas. En apenas unos minutos resulta más habitual escuchar conversaciones en inglés que en catalán o castellano. También el paisaje comercial parece haber cambiado de idioma.
Carteles de alquiler, anuncios de academias internacionales, escaparates y pizarras utilizan directamente el inglés para dirigirse a una clientela que ya se da por hecha.
Una cafetería del barrio de Poblenou en Barcelona Barcelona
"Vas caminando y solo escuchas inglés", lamenta Isabel. "Hay escuelas para niños ingleses... Parece que todo el barrio esté orientado a la gente que viene de fuera".
"No podemos permitirnos esos precios"
Ese cambio no solo afecta al paisaje cotidiano, sino también al bolsillo de quienes llevan décadas viviendo allí. Isabel reconoce que cada vez sale menos a tomar algo porque siente que muchos establecimientos han dejado de pensar en los vecinos.
"¿Dónde nos tomamos un café? Si cuesta tres euros y medio o cuatro. Al final dejamos de venir porque no podemos permitirnos esos precios. Antes había bares para todos; ahora parece que todo esté pensado para otro tipo de cliente".
Los hijos que ya no pueden quedarse
La transformación también tiene consecuencias fuera de la Rambla. Isabel explica que su hijo, nacido y criado en Poblenou, tuvo que marcharse porque encontrar una vivienda asequible resultó imposible.
"Se ha ido a vivir a Santa Coloma porque aquí no podía pagar un alquiler. Y como él, varios amigos de toda la vida también se han tenido que ir. Eso da mucha pena".
Su historia resume una sensación compartida por muchas familias del barrio: la de ver cómo las nuevas generaciones nacidas en Poblenou tienen que marcharse mientras llegan nuevos residentes con un mayor poder adquisitivo.
Una mujer con una bicicleta por la Rambla de Poblenou Barcelona
El propietario de la cafetería observa esa evolución desde otra perspectiva. Reconoce que el perfil del barrio ha cambiado y que eso se refleja directamente en los negocios. "Hay mucha demanda y sigue llegando gente. Mientras siga viniendo este tipo de cliente, seguirán abriendo cafeterías y locales similares porque funcionan".
Dos barrios en una misma Rambla
A las diez de la mañana el sol ya cae con fuerza sobre el paseo central. Las terrazas están prácticamente llenas. Los corredores han desaparecido y las familias continúan bajando hacia la playa. Los jubilados siguen ocupando los bancos mientras, a pocos metros, alguien recoge discretamente el cartón sobre el que ha pasado la noche.
Poblenou mantiene parte de la esencia que lo convirtió durante décadas en uno de los barrios más singulares de Barcelona, pero también refleja con claridad la transformación que vive la ciudad.
Terraza de la Rambla del Poblenou Barcelona
Un barrio donde conviven cafeterías llenas de trabajadores internacionales, comercios orientados al visitante, personas que llegan buscando una nueva vida junto al mar y vecinos que sienten que cada año les queda un poco menos de aquel lugar donde crecieron.
Isabel mira una vez más la Rambla. Observa las terrazas repletas, escucha otra conversación en inglés y sonríe con cierta nostalgia.
"Nos da mucha tristeza", dice. "Porque seguimos viviendo aquí, pero muchas veces sentimos que el barrio ya no es nuestro".