Recreación de glóbulos rojos. La talasemia minor reduce su tamaño

Recreación de glóbulos rojos. La talasemia minor reduce su tamaño QUIRÓNSALUD

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Talasemia minor: la anemia ‘silenciosa’ que muchas personas descubren por casualidad

Este trastorno genético acostumbra a pasar desapercibido durante años y suele detectarse en una analítica rutinaria

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La talasemia minor suele conocerse como la “anemia silenciosa” o incluso como la “anemia fantasma”. No porque sea peligrosa, sino porque la mayoría de quienes la presentan no experimentan síntomas y desarrollan una vida completamente normal.

Se trata de un trastorno genético hereditario que afecta a la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos encargada de transportar oxígeno por todo el organismo. Quienes heredan una copia alterada del gen producen una cantidad algo menor de hemoglobina o una variante ligeramente distinta, aunque suficiente para mantener una actividad cotidiana sin limitaciones.

"La mayoría de las personas con talasemia minor llevan una vida completamente normal y, de hecho, muchas no llegan a saber que son portadoras hasta que se realizan una analítica por otro motivo", explica la doctora Maricel Subirà, especialista en Hematología del Hospital Universitari General de Catalunya, perteneciente a Grupo Quirónsalud.

Los glóbulos rojos suelen ser más pequeños de lo habitual y puede existir una anemia leve. Sin embargo, el organismo se adapta tan bien a esta situación que rara vez aparecen manifestaciones clínicas relevantes. Más que una enfermedad en sentido estricto, se considera una característica genética presente desde el nacimiento.

Maricel Subirà, jefa del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitari Sagrat Cor

Maricel Subirà, jefa del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitari Sagrat Cor CEDIDA

Un hallazgo casual

La razón por la que se la conoce como anemia silenciosa es sencilla: normalmente no provoca señales de alarma. Lo habitual es que se descubra por casualidad durante una revisión médica, un análisis rutinario o un estudio solicitado por otra causa.

"No hablamos de una enfermedad grave, sino de una condición genética hereditaria que suele tener muy poca repercusión clínica. Por eso la llamamos una anemia silenciosa: está presente, pero habitualmente no produce síntomas que alerten al paciente", señala la especialista.

Muchas veces aparece en los análisis como una anemia leve sin una explicación evidente. Además, no empeora con el paso de los años ni surge de forma repentina. La persona nace con ella y convive con esta condición durante toda su vida. Por eso no es raro que el diagnóstico llegue en la edad adulta, después de décadas sin sospechar su existencia.

Una herencia genética del Mediterráneo

La elevada frecuencia de la talasemia minor en España y otros países mediterráneos tiene una explicación que se remonta siglos atrás. Durante mucho tiempo, la malaria fue una enfermedad habitual en zonas cálidas del sur de Europa, el norte de África y Oriente Medio. Las personas portadoras de talasemia minor disponían de cierta protección frente a las formas más graves de esta infección. Sus glóbulos rojos, al ser ligeramente diferentes, dificultaban el desarrollo del parásito responsable de la malaria.

"La elevada frecuencia de la talasemia minor en los países mediterráneos es el resultado de una adaptación biológica que durante siglos ofreció cierta protección frente a la malaria", apunta la doctora Subirà.

Esa ventaja favoreció que el rasgo genético se transmitiera de generación en generación. Aunque la malaria desapareció hace décadas de España, los genes asociados a la talasemia continúan presentes en la población.

Por este motivo, sigue siendo relativamente frecuente en España, Italia, Grecia, Oriente Medio y diversas regiones del norte de África. Sin embargo, los movimientos migratorios de las últimas décadas han hecho que hoy pueda encontrarse prácticamente en cualquier parte del mundo.

Una cuestión clave en la planificación familiar

Conocer la distribución de esta condición sigue teniendo utilidad clínica. En personas con antecedentes familiares o procedentes de zonas donde la talasemia es más frecuente, suele incluirse entre las posibles causas cuando aparece una anemia leve en una analítica.

También resulta relevante cuando una pareja planea tener hijos. Si ambos progenitores son portadores de talasemia minor, existe el riesgo de que el bebé herede una forma grave de la enfermedad, conocida como talasemia mayor.

Por ello, en determinadas circunstancias pueden recomendarse estudios genéticos o programas de cribado que permitan conocer el riesgo antes de un embarazo.

Talasemia o falta de hierro: una confusión frecuente

Uno de los principales desafíos en la consulta es diferenciar la talasemia minor de la anemia ferropénica, provocada por la falta de hierro. Ambas pueden parecer similares en una analítica básica porque presentan glóbulos rojos más pequeños de lo normal, lo que los especialistas denominan microcitosis.

Sin embargo, existen diferencias importantes. En la talasemia minor el número total de glóbulos rojos suele mantenerse normal o incluso ser más elevado, mientras que en la anemia ferropénica habitualmente disminuye.

Además, cuando existe déficit de hierro los glóbulos rojos presentan tamaños más irregulares, una característica que no suele observarse en la talasemia minor.

"Uno de los errores más frecuentes es asumir que unos glóbulos rojos pequeños siempre indican falta de hierro. Antes de iniciar un tratamiento es imprescindible estudiar las reservas de hierro y confirmar el diagnóstico", advierte la hematóloga.

La prueba clave para diferenciarlas es el estudio del hierro. En la anemia ferropénica, la ferritina, que es el marcador que refleja las reservas de hierro del organismo, aparece disminuida. En cambio, en la talasemia minor suele encontrarse dentro de la normalidad.

Cuando persisten las dudas, la confirmación llega mediante una electroforesis de hemoglobina, una prueba específica que permite identificar las alteraciones características de esta condición genética.

El riesgo de tomar hierro sin necesitarlo

La confusión entre ambas patologías puede derivar en un error relativamente frecuente: prescribir suplementos de hierro a personas que no tienen una carencia real.

"Administrar hierro sin que exista un déficit demostrado no aporta ningún beneficio al paciente y, si se mantiene en el tiempo, puede incluso resultar perjudicial", recalca la doctora Subirà.

Aunque muchas veces se percibe como un tratamiento inocuo, el hierro puede provocar molestias digestivas como náuseas, estreñimiento, diarrea o dolor abdominal. Pero los riesgos más importantes aparecen cuando se utiliza de forma prolongada sin indicación médica.

Una sobrecarga innecesaria

El organismo dispone de mecanismos limitados para eliminar el exceso de hierro. Cuando este se acumula durante años puede depositarse en órganos como el hígado, el corazón o el páncreas. A largo plazo, esa sobrecarga puede favorecer problemas hepáticos, alteraciones cardíacas o trastornos metabólicos como la diabetes. Por eso los especialistas insisten en que ningún tratamiento con hierro debería iniciarse sin confirmar previamente que existe un déficit real.

"El principal reto no es tratar la talasemia minor, sino identificarla correctamente para evitar preocupaciones innecesarias y tratamientos inadecuados", concluye la doctora Maricel Subirà.

En definitiva, la talasemia minor es una condición genética generalmente benigna y compatible con una vida completamente normal. Su importancia radica, sobre todo, en reconocerla a tiempo para evitar diagnósticos erróneos y tratamientos que no aportan ningún beneficio.