Agricultor - Imagen de Archivo

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Emilio, agricultor: “No se puede vender a precios ridículos, para cubrir los costes en el pueblo necesitamos 3.000 kg de producción”

Uno de los problemas centrales que denuncia es el desequilibrio financiero, señalando que los costes de producción se han disparado mientras que el valor de sus productos no aumenta proporcionalmente

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Los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación reflejan que la Renta Agraria ha crecido nominalmente en el último trienio, pero a pesar de ello, la alta inflación y la fuerte subida de los costes de producción y laborales han mermado el poder adquisitivo del sector frente a una década atrás.

La realidad del campo español tiene el rostro como el de Emilio, un agricultor con varios años de experiencia que hoy sobrevive con el salario mínimo. Emilio Barbero representa a una generación que ha dedicado su vida al campo con pasión, aunque reconoce que la situación actual le está quitando la ilusión por su oficio.

Según explica, aunque su profesión le ha brindado muchas alegrías y la libertad de realizar un trabajo que ama, las circunstancias presentes hacen que sea cada vez más difícil mantener las ganas de seguir adelante diariamente. Para él, el panorama actual no es nada agradable y debilita la voluntad de continuar en la actividad.

Uno de los problemas centrales que denuncia es el desequilibrio financiero, señalando que los costes de producción se han disparado mientras que el valor de sus productos no aumenta proporcionalmente.

Emilio subraya que el agricultor se encuentra en una posición de vulnerabilidad donde el precio del producto "te viene impuesto", impidiendo marcar el margen comercial necesario para que su trabajo sea sostenible. "Lo que no se puede permitir es cobrar unos productos a precios ridículos que no cubren costes", afirma con contundencia.

Para ilustrar la gravedad de la crisis, Emilio aporta cifras concretas sobre la cosecha de trigo que está recogiendo en estos momentos. Explica que para que la explotación sea rentable y se puedan cubrir únicamente los costes de producción, el rendimiento debería rondar los 3.000 kg por hectárea.

Sin embargo, la realidad de las parcelas actuales es muy distinta, con rendimientos que apenas alcanzan los 2.000 kg escasos, e incluso en algunos casos menciona que es posible que ni siquiera se llegue a esa cifra.

Este déficit productivo se traduce en un balance económico desolador, con un coste de pérdidas estimado entre 1.100 y 1.300 kg por hectárea.

Ante este panorama, Emilio considera que, económicamente, "es más viable dejar la cosecha en la tierra" que incurrir en los gastos adicionales de recogerla en tiempo y forma. Es por ello que, la falta de rentabilidad convierte el acto de cosechar en una decisión financiera cuestionable para el agricultor.

Es triste ver cómo el trabajo de todo un año queda tirado por tierra debido a la combinación de inclemencias climáticas y unos precios de mercado que no compensan el esfuerzo.