Un perro en una imagen de archivo
Ana Ramírez, veterinaria con 15 años de experiencia: "Si un perro tranquilo de repente ladra con frecuencia, no hay que recurrir al castigo"
La directora técnica veterinaria de Kivet explica cómo detectar el malestar de los animales de compañía ante la vuelta a la rutina y recomienda recuperar los horarios de forma gradual, favorecer su autonomía y acudir al veterinario si los cambios de conducta persisten
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El final de las vacaciones también altera la rutina de perros y gatos. La vuelta al trabajo y al colegio implica que muchos animales de compañía pasan, de un día para otro, de disfrutar de una mayor presencia de sus tutores a permanecer más horas solos en casa.
A ello se suman cambios en los horarios de los paseos, la alimentación, el juego o el descanso, que pueden repercutir en su comportamiento.
Ana Ramírez, directora técnica veterinaria de Kivet y profesional con 15 años de experiencia en clínica de pequeños animales en España y Reino Unido, advierte de la importancia de prestar atención a estas modificaciones.
La experta es licenciada en Veterinaria por la Universidad de Extremadura y cuenta, entre otras titulaciones, con un Máster en Investigación en Ciencias de la Salud, un Certificate in Advanced Veterinary Practice por la Universidad de Liverpool y un MBA por la UNIR. Antes de asumir la dirección técnica de Kivet en 2021, trabajó como veterinaria y cirujana en centros de Madrid, Reino Unido y el Hospital Clínico Veterinario de la Universidad de Extremadura.
Un perro y un gato en una imagen de archivo
Inquietud y problemas para adaptarse
Durante las vacaciones, los animales suelen tener horarios más flexibles y compartir más actividades con las personas con las que conviven. La transición brusca hacia jornadas en las que pasan muchas horas sin compañía puede generar incertidumbre, especialmente entre aquellos más sensibles a los cambios, los que llevan poco tiempo en el hogar o los que no están acostumbrados a quedarse solos durante periodos prolongados.
Ramírez señala que una cierta previsibilidad aporta seguridad a los animales. Cuando sus rutinas y el tiempo que pasan con sus familias se modifican de forma repentina, algunos pueden mostrar inquietud o problemas para adaptarse.
Eso no significa, sin embargo, que cualquier alteración sea automáticamente un caso de ansiedad por separación: la edad, el estado de salud, el temperamento, las experiencias anteriores o el propio entorno pueden condicionar la respuesta de cada animal.
Cambios de comportamiento que deben alertarnos
El comportamiento puede convertirse en una de las primeras pistas de que algo no marcha como de costumbre. Entre las señales más evidentes se encuentran los ladridos o maullidos continuados, los arañazos en puertas, los destrozos, los intentos de escapar o hacer sus necesidades fuera de los lugares habituales.
Hay otras manifestaciones mucho más discretas. Una menor actividad, la pérdida de interés por el juego, cambios en el apetito o en el sueño, una demanda de contacto superior a la habitual o, en sentido contrario, un mayor aislamiento también pueden indicar que el animal está atravesando dificultades para adaptarse al nuevo escenario.
En los gatos, además, algunas señales pueden ser especialmente difíciles de detectar. Es posible que empiecen a esconderse más, cambien sus lugares de descanso, reduzcan la interacción con las personas, modifiquen el uso del arenero o se acicalen en exceso. En determinados casos también pueden aparecer síntomas físicos como molestias digestivas, jadeo, salivación excesiva o pérdida de apetito.
Un gato durmiendo en una imagen de archivo
"Comprender qué está expresando"
Ante estos comportamientos, la veterinaria desaconseja interpretar la situación como un acto de desobediencia y, especialmente, responder mediante castigos.
"El comportamiento es una forma de comunicación. Si un animal que normalmente permanece tranquilo comienza a vocalizar con frecuencia, deja de comer, se esconde o modifica sus pautas de descanso, es importante no etiquetarlo como desobediente ni recurrir al castigo. Primero debemos intentar comprender qué está expresando y valorar si necesita ayuda profesional", explica Ramírez.
No todas estas señales tienen necesariamente un origen conductual. También pueden esconder un problema médico. Por este motivo, si una conducta aparece de forma repentina, se mantiene durante varios días, gana intensidad o termina afectando a la calidad de vida del animal, la recomendación es acudir al veterinario para descartar dolor, enfermedades u otros trastornos relacionados, por ejemplo, con la edad.
Un área para perros en Barcelona
Cómo acostumbrar a perros y gatos a la nueva rutina
La principal recomendación es evitar los cambios bruscos. Siempre que sea posible, se deberían recuperar paulatinamente los horarios de comida, descanso, paseos y juego antes de volver completamente a las obligaciones habituales. También puede resultar útil practicar ausencias cortas y aumentar su duración progresivamente según la respuesta del animal.
Las despedidas y los regresos a casa tampoco deberían ser excesivamente intensos. Según la especialista, actuar con naturalidad y mantener unos horarios relativamente estables contribuye a proporcionar un entorno más predecible.
El ejercicio, el juego y la estimulación mental son otros aliados. Juguetes interactivos, comederos que obliguen a buscar el alimento, rascadores o zonas elevadas para los gatos y objetos seguros para morder pueden hacer más llevadero el tiempo a solas. La elección, no obstante, debe adaptarse a la especie, edad, salud, carácter y preferencias concretas de cada animal.
Observar los cambios y anticiparse a la rutina
"La adaptación debe realizarse respetando los tiempos de cada animal. Las ausencias breves, los horarios estables y la continuidad de los momentos compartidos ayudan a que la transición resulte más llevadera. El vínculo no depende únicamente del número de horas que pasamos juntos, sino también de cómo nos relacionamos durante ese tiempo", concluye Ramírez.
La clave, por tanto, está en observar los cambios y conocer qué es normal en cada perro o gato. Anticiparse a la nueva rutina, conservar momentos diarios de interacción y, al mismo tiempo, favorecer que el animal pueda estar tranquilo sin la presencia constante de sus tutores permite reducir el impacto de la vuelta a las obligaciones.
Cuando el malestar persiste o comienza a interferir en su día a día, la valoración veterinaria permitirá determinar su origen y establecer las pautas más adecuadas.