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A lo largo de su siglo de vida, el metro de Barcelona ha evolucionado a un ritmo vertiginoso hasta consolidarse como la gran columna vertebral de la movilidad urbana.

La red del suburbano de la capital catalana ha lograno registrar cifras récord de casi 480 millones de validaciones en el último año.

Esta cifra supone un significativo crecimiento del 2,4% respecto a los datos del año anterior, lo que demuestra el elevado peso de este transporte público dentro de la vida de los barceloneses.

Sin embargo, para entender la magnitud de esta densa red subterránea que hoy conecta barrios y ciudades metropolitanas, resulta imprescindible viajar en el tiempo y volver a los orígenes donde comenzó la historia del suburbano catalán

Estación del metro Barcelona / Wikimedia

Lejos de la imagen de un único punto de partida, la historia recuerda que fueron cuatro las estaciones pioneras que abrieron simultáneamente sus puertas en diciembre de 1924 integrando el proyecto original del Gran Metropolitano de Barcelona: Lesseps —ubicada en el distrito de Gràcia y vinculada históricamente a zonas de alto nivel adquisitivo—, Diagonal, Aragó (actualmente renombrada como Passeig de Gràcia) y la emblemática Plaça Catalunya.

La joya arquitectónica de Plaza Catalunya

De todas las paradas fundacionales, la estación de Catalunya destaca por haber sido concebida desde el primer momento como la gran puerta de entrada al centro de la ciudad dentro del proyecto técnico diseñado por los ingenieros Müller y Zaragoza.

Situada en la parte baja de la plaza y alineada bajo el eje estratégico de la Rambla con el Paseo de Gracia, la instalación llamaba la atención por sus dimensiones: contaba con andenes de 75 metros de longitud —una auténtica excepción para la época— y una espectacular bóveda de 14 metros de luz ubicada a apenas siete metros de la superficie.

La estética original de la parada respondía al cuidado diseño ornamental de la época, con revestimientos cerámicos decorados con motivos vegetales, pavimentos de elegante baldosa hexagonal y un gran vestíbulo iluminado de forma natural a través de cuatro lucernarios.

En sus primeros años de funcionamiento, la estación disponía de tres accesos principales, aunque la profunda remodelación urbanística de la plaza en 1926 obligó a suprimir la entrada inicial y a reorganizar el flujo de viajeros hacia los andenes, trasladando incluso las taquillas de venta de billetes al nivel subterráneo para agilizar los accesos.

Convoy del metro Barcelona / TMB

Un gran intercambiador

A lo largo de la década de 1920 y principios de los años 30, la estación continuó transformándose para absorber el imparable volumen de pasajeros.

En 1929 se inauguraron accesos compartidos con el Ferrocarril de Sarrià que se integraron estéticamente con la arquitectura exterior de la plaza, flanqueados por célebres esculturas dedicadas al "Trabajo" y la "Sabiduría".

Posteriormente, en octubre de 1932, se habilitó el primer corredor subterráneo de enlace con el Metropolitano Transversal, lo que permitió garantizar el cruce subterráneo gratuito entre todos los accesos tal y como exigían las normativas municipales de la época.

Un convoy del metro de Barcelona SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Hoy en día, la estación de Plaza Catalunya se ha convertido en un intercambiador multimodal gigante y de vital importancia estratégica.

Por sus pasillos y andenes pasan a diario miles de personas que conectan con dos líneas de metro (L1 y L3), cuatro líneas de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC) y hasta cinco líneas de Rodalies de RENFE, superando ampliamente la barrera de los 29 millones de validaciones anuales.

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