Casa Leopoldo en una imagen de archivo

Casa Leopoldo en una imagen de archivo Cedida a Metrópoli

Ciutat vella

Goteo de cierres históricos en el Raval: rentas, degradación y nuevos hábitos amenazan a sus restaurantes

El Gremi denuncia el abandono que sufre el barrio, mientras que los restauradores atribuyen la progresiva pérdida de clientes tanto al cambio en los hábitos de consumo como a la proliferación de establecimientos de comida rápida

Te puede interesar: Desde un Vivari a un Taco Bell: así son ahora los restaurantes emblemáticos que han cerrado en Barcelona

Leer en Castellano
Publicada
Actualizada

Noticias relacionadas

El cierre del histórico Casa Leopoldo ha suscitado –otra vez– preocupación entre los restauradores. ¿Qué está pasando en la ciudad? Especialmente en el Raval –tradicionalmente reconocido por su riqueza gastronómica y con el Mercat de la Boqueria como uno de sus grandes emblemas culinarios–, son muchos los restaurantes que han bajado la persiana en los últimos años, llevándose consigo un legado difícil de recuperar.

Para el sector, la desaparición de Casa Leopoldo no es un caso aislado, sino un toque de atención. “Hay que dar un giro de 180 grados y recuperar el control de Ciutat Vella”, advierte Roger Pallarols, director del Gremi de Restauració. A su juicio, si no se actúa, este cierre no será el último.

Roger Pallarols, director del Gremi de Restauració

Roger Pallarols, director del Gremi de Restauració GALA ESPÍN Barcelona

En el barrio, las cocinas mexicanas, indias, italianas, pakistaníes, chinas o filipinas, entre otras, se han hecho un hueco y han transformado la oferta gastronómica, adaptándola a sus nuevos vecinos. Hoy, el 53,2 % de la población del Raval es de origen extranjero, según datos del Ayuntamiento de Barcelona. Filipinas, Pakistán y Marruecos figuran entre las nacionalidades con mayor presencia.

Barrio en transformación

Entre toda esta oferta, ¿dónde quedan los restaurantes históricos, esos con una carta tradicional para disfrutar sin prisas, con un buen vino y capaces de alargar la sobremesa durante horas? La progresiva pérdida de clientes, los efectos de un turismo masivo, la degradación de la zona y un cambio de hábitos en el consumo han provocado que muchos no hayan podido soportar la presión.

En esta vorágine, Barcelona ha perdido nombres tan emblemáticos como el Kasparo, el bar con la terraza más carismática del Raval; el Sifó, uno de los mejores restaurantes de menú de la ciudad; el Amaya, un clásico de la Rambla; o Casa Leopoldo, refugio de generaciones de intelectuales desde su apertura en 1929, entre otros.

Alquileres por las nubes

En el caso de Kasparo, sus propietarios, Marcelino Carrera y Elisabeth Triadó, que lo regentaban desde 1995, decidieron cerrar después de que el propietario del local –que reside fuera de Catalunya– les cuadruplicara el alquiler al finalizar un contrato de renta antigua.

A ello se sumó el conflicto con el Ayuntamiento por la reducción de la terraza. Una batalla que puso fin a este histórico de la plaza Vicenç Martorell. “El nivel de inspección al que están sometidos los restaurantes contrasta con la dejadez del barrio”, denuncia Pallarols. A su juicio, esa degradación genera un ambiente “hostil” que acaba alejando a la clientela, especialmente por la noche.

Interior del restaurante Amaya, ubicado en la Rambla de Barcelona

Interior del restaurante Amaya, ubicado en la Rambla de Barcelona AMAYA

Por no poder asumir la renta que le exigían, también cerró el Sifó, otro emblema del Raval. Bajó la persiana en noviembre del año pasado tras 23 años de servicio. Sus responsables señalaron como principales causas del cierre la proliferación de negocios de comida rápida y el cambio en el consumo, además de la renta.

El Amaya tampoco ha podido hacer frente al alquiler y al impacto de las obras de la Rambla. Una combinación que ha provocado el cierre temporal de este restaurante, abierto desde 1941.

Pérdida de costumbres

A punto de cumplir cien años, Casa Leopoldo, uno de los restaurantes que contribuyó a consolidar en Barcelona el recetario tradicional de la cocina catalana, tampoco ha encontrado la fórmula para sobrevivir en un Raval que sus responsables califican de “exigente”. El restaurante cerró sus puertas –por quinta vez– el pasado domingo 28 de junio. “Ha llegado el fin de la gastronomía tal y como la entendíamos”, sostiene Bruno Balbás, fundador del Grupo Banco de Boquerones.

Se refiere al tiempo que antes se dedicaba a comer. Ahora, lamenta en conversación con Metrópoli, los clientes priorizan la rapidez por encima de la experiencia. “Los tiempos en los restaurantes se han acortado una cuarta parte. La gente ya no está dispuesta a dedicar tanto tiempo a una comida y busca formatos más ágiles”, explica Balbás.

Casa Leopoldo en una imagen de archivo

Casa Leopoldo en una imagen de archivo Cedida a Metrópoli

Se refiere al auge del fast food, pero también a otro modelo que ha ganado mucha popularidad en el Raval: las tabernas y los templos de las tapas. “Nosotros, erróneamente, apostamos por un modelo de primero, segundo, postre, una sobremesa de dos horas y camareros con pajarita. Esto ya no funciona”, lamenta.

“Quizás esto solo pueda mantenerlo Botafumerio”, añade. Para el CEO de Banco de Boquerones, el barrio atraviesa un cambio de ciclo que refleja una nueva manera de entender la restauración.

Mala fama

Además de un cambio de costumbres, Balbás apunta también a la degradación de la zona, lo que ha provocado, a su juicio, que muchos barceloneses hayan dejado de ir al Raval. “Le han puesto el sambenito de mal barrio”, lamenta. Aunque a nivel cultural expresa que “es brutal”, considera que este atractivo ya no basta. “Antes el ciudadano de a pie estaba más acostumbrado a moverse por zonas que no eran las habituales; ahora ya no”, concluye.

“La sensación de abandono e inseguridad es evidente. Parece que no hay nadie al mando con un plan para revertir la situación”, denuncia Pallarols. El director del Gremi advierte que muchos operadores se plantean bajar la persiana por ello, “lo que deteriora aún más el entorno, ya que su presencia contribuye al orden y mantenimiento del barrio”.

El Raval en una imagen de archivo

El Raval en una imagen de archivo SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Josep Maria Roig, presidente de la Associació d’Establiments Emblemàtics, coincide con este diagnóstico y lo señala a este medio como una de las principales causas de su transformación hacia un entorno que, en sus palabras, “no acompaña”.

Mucha oferta

Sin embargo, matiza que no todo es culpa del barrio. “La proliferación de restaurantes ha multiplicado la oferta gastronómica, de modo que los clientes ya no necesitan desplazarse a otros barrios para comer bien”, añade. Además de la ubicación, que para Roig desempeña un papel clave, el presidente del FICC también lanza una reflexión a aquellos barceloneses que lamentan el cierre de establecimientos históricos: “Como decía Lluís Permanyer: si vostè no vol que desaparegui, vagi-hi a menjar”.

Mientras el paso de los años pasa factura a históricos que siempre ocuparán un lugar destacado en la memoria gastronómica, otros como Suculent, 7 Portes, Casa Rafols, Botafumeiro, Via Veneto, Carballeira o el Hotel España mantienen vivo ese legado y una cocina que evoca lo que la restauración un día fue, sigue siendo y será en Barcelona.