Los bares y restaurantes de Barcelona se temen lo peor. Las restricciones adoptadas por la Generalitat han caído como un jarro de agua fría para los empresarios del sector. A partir del jueves 15 de octubre a las 23.00 horas todos los establecimientos de la ciudad deberán recoger sus terrazas y cerrar las persianas, por lo menos, hasta el 30 de octubre. Aunque al ser medidas prorrogables, la pesadilla podría alargarse.

La drástica decisión se ha tomado como consecuencia de la extensión de la pandemia del coronavirus en Barcelona y su área metropolitana. Desde el Govern justifican las duras restricciones de otoño para “tener un invierno mejor”. Una premisa que no convence al gremio de la restauración, que se ve como cabeza de turco de las administraciones.

Anna Matamala, gerente del restaurante Moka –todavía cerrado por culpa de los efectos de la pandemia– reafirma este pensamiento: "Siempre se hace responsable a la hostelería". La empresaria duda sobre la efectividad de las restricciones: "Ahora, en vez de ir a un restaurante con los amigos, la gente irá a las casas, donde no se mantienen las distancias y hay menos seguridad. Están haciendo una política antieconómica, no enfocada a evitar los contagios", afirma. 

Un trabajador del gremio de la restauración se manifiesta en contra del cierre en Barcelona / EFE - Quique García



POCAS OPCIONES

Ante esta situación, algunos empresarios y trabajadores de la hostelería plantean movilizaciones contra la medida impulsada desde la Generalitat y defendida por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

Los más optimistas todavía confían en una baza para sobrevivir: el delivery. Algunos bares y restaurantes de Barcelona creen que podrán subsistir a través del reparto a domicilio, la única actividad permitida durante estas semanas. Pero no todos los establecimientos tienen los medios ni los recursos para llevar a cabo el take away

Marco Garí, uno de los gerentes del grupo de restauración Bella’s, valora la situación con desasosiego. Aunque dos de los restaurantes de la compañía, el Bella’s y el Isabella’s, podrán sobrevivir con el reparto a domicilio, tendrán que tirar grandes cantidades de comida. En cuanto a las pérdidas económicas, Garí calcula que las restricciones comportarán que haya un batacazo a nivel de facturación: “Calculamos que caeremos en un 40%. Sin duda será un octubre muy complicado”, explica.

PÉRDIDAS IRREPARABLES

El anuncio oficial comportará pérdidas irreparables para la mayoría de los establecimientos. Aunque muchos auguraban limitaciones de horario o aforos, el hecho de que haya un cese completo (y en menos de 24 horas) implicará la debacle de su negocio.

Uno de los mayores hándicaps de la restauración ha sido quedarse con las neveras llenas de alimentos, que tendrán que ser malvendidos o se desperdiciarán. El restaurante Boliche del Gordo Cabrera confiesa a este medio que ha perdido ni más ni menos que 80 kilos de patatas, además enormes cantidades de otros alimentos perecederos. 

Salón del restaurante Boliche del Gordo Cabrera, uno de los afectados por las restricciones / ATRÁPALO 



RECLAMAN AYUDAS ANTE EL GOLPE MORTAL

Otro de los problemas que comporta el cierre en seco de la hostelería en Barcelona son los alquileres. Los empresarios tendrán que seguir pagándolos, a pesar de no poder llevar a cabo su actividad para llegar a fin de mes. También deberán seguir pagando las nóminas de sus empleados. En definitiva: el cierre de bares y restaurantes durante 15 días supondrá un golpe mortal para muchos de ellos.

Autónomos y trabajadores, que se han visto con el agua al cuello ante la catástrofe económica que se les viene encima, han salido a exigir a puertas del Palau de la Generalitat más ayudas. Durante el anuncio oficial, el equipo de gobierno catalán se ha comprometido a promover medidas y ayudas para el sector.  

NUEVO AZOTE PARA LOS RESTAURADORES DEL CENTRO

Uno de los puntos de Barcelona en los que se ve más afectado el gremio es el centro de la ciudad. Los restauradores de La Rambla confesaron a este digital la preocupación por la falta de turistas, sus principales clientes, y ahora expresan su desolación ante el "cerrojazo". 

Marcel Cortadellas, gerente del Bar Núria de la Rambla de les Flors de Barcelona, argumenta que el mítico establecimiento se encuentra en una situación crítica: "Estas nuevas restricciones son un golpe excesivo, abusivo y letal en nuestras ya perjudicadísimas cuentas". Estando en el centro de Barcelona, donde buena parte de nuestros clientes eran turistas, hemos realizado un esfuerzo inmenso para conseguir que el cliente local nos cogiera confianza. Por eso estas medidas nos condenan todavía más". 

La fachada del bar Núria de Barcelona, antes de la pandemia / AJUNTAMENT DE BARCELONA



HECATOMBE DE LA HOSTELERÍA

A apenas unos metros del Núria se encuentra el Café Zúrich, otro histórico de la ciudad condal. Toni, el encargado de los empleados, se suma al sufrimiento de su vecino. El trabajador critica de forma contundente la gestión de las administraciones: "Hace una semana estaban hablando de reabrir las discotecas y ahora dicen de cerrar todos los bares". Toni asegura que el cierre no va a implicar pérdidas materiales en el Zúrich, puesto que todavía no habían empezado a ofrecer servicio de cocina, pero sí que va a suponer un fracaso económico, sobre todo para poder pagar los ERTEs y a los trabajadores que están en activo. 

En la plaza Reial, uno de los puntos de encuentro más habituales de Barcelona, se encuentra el restaurante Ocaña, donde Teo atiende a los últimos clientes antes del inminente cierre. El encargado del establecimiento está nervioso: no sabe si el establecimiento aguantará mucho más, pero tiene claro que "es el final de la hostelería de Barcelona". "El año está perdido. El gobierno hace lo que le da la gana sin pensar en los demás", argumenta dolido. 

INQUIETUD EN SARRIÀ-SANT GERVASI

En el otro extremo de la ciudad, en Sarrià-Sant Gervasi, también existe preocupación sobre la polémica decisión del Govern. El propietario del bar especializado en frankfurts El Cubano, Armando, carga contra la Generalitat porque, desde su punto de vista “los restaurantes no son los culpables de la pandemia". Otro problema que se encuentra este restaurador caribeño es que, mientras dure el cierre, no sabe “cómo pagar a los trabajadores y el alquiler del local.” Eso sí, no teme una bajada de persiana definitiva en un futuro a corto o medio plazo. “Resistiremos hasta que podamos”, asegura el jefe de esta local de la calle de Sant Gervasi de Cassoles.

Por otro lado, Judith, la encargada de la hamburguesería gourmete La Royale Paco Pérez (uno de los establecimientos más cool del barrio de Sant Gervasi-La Bonanova) se muestra más cauta: “A día de hoy solo sabemos que vamos a cerrar. Nos tenemos que amparar en la legalidad vigente”, afirma resignada. Ella tampoco teme un cierre definitivo y saca su versión más optimista. “No depende de mí pero esperamos poder reabrir cuando se levanten las restricciones”, asegura.

Terraza del restaurante Ocaña, uno de los establecimientos de restauración del centro de Barcelona / V.M.



Terraza del restaurante Ocaña, uno de los establecimientos de restauración del centro de Barcelona / V.M.

CERVEZA PARA OLVIDAR LAS PENAS

En el Eixample se respira un ambiente parecido. Las cervecerías se preparan para unas semanas complicadas. En el mejor de los casos, podrán vender latas de cerveza de importación o artesana a sus clientes. Las pérdidas serán importantes en un sector muy castigado por la crisis del coronavirus. Pero en el Garage, en el Roses i Torrades, en el Conesa Beer Barcelona y en el BierCab intentaron olvidar las penas mientras los clientes degustaban una buna IPA, una Sour o una pilsen. La del jueves, al menos, fue una buena noche.

"El problema es que el cierre nos coge por sorpresa y con mucha cerveza y comida que acabamos de comprar y no podremos darle una salida. La medida es injusta y se ha gestionado muy mal, sin previo aviso. Tenían que haber avisado con tres o cuatro días de antelación", lamentaba la propietaria de una de las cervecerías de moda del Eixample, mientras servía una cerveza de la marca Espiga con unas bravas, una ración de tortilla y unos arenques al limón.

Clientes del Conesa Beer Barcelona degustan cervezas artesanas / L. R.



 

LOS CLIENTES TAMBIÉN LAMENTAN EL CIERRE

Las contundentes restricciones aplicadas por la Generalitat no solo afectan a los restauradores y empleados de los bares y restaurantes de Barcelona. Sus clientes también han recibido la noticia con dudas y resignación. Mireia, una joven que toma una cerveza con sus amigos en una terraza de la plaza de la Oca, del barrio del Clot, lamenta la decisión de la administración: "Nos parece fatal que cierren los bares. Están llenos porque la gente tiene ganas de salir. Se respetan las distancias de seguridad y todo el mundo va con mascarilla menos cuando consume". Su hermana Andrea avala sus palabras y añade: "Esta mañana he ido a desayunar a un bar en el que los propietarios estaban muy enfadados. Nos han dicho que están planteando esquivar las leyes para no perder tanto dinero. Estas dos semanas les van a ir fatal".

Carles, otro amigo del grupo, ve incongruente que paguen justos por pecadores: "Hay bares que han seguido los protocolos de desinfección y de seguridad sanitaria. Tan solo tendrían que cerrar los que no respeten las distancias y lo hagan mal. No veo bien que metan a todo el mundo en el mismo saco". Miquel, el último integrante, discrepa. Entiende que cierren los bares porque "son un foco de contagio", pero no comprende que el ayuntamiento obligue a los usuarios del transporte público a desplazarse en vehículos llenos: "Los nit bus van a reventar. Todo el mundo está apretujado y eso también se permite". 

Clientes de un bar del barrio del Clot en las horas previas para el cierre de la restauración barcelonesa / V.M.



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