Las familias Carbó, Botet y Elías, expropietarias de la cadena de supermercados Caprabo, han erigido en poco años un imperio del ladrillo que suma al cierre del último ejercicio un valor de 640 millones. Dicha magnitud sitúa a la corporación gestora del entramado, titulada Caboel, entre las mayores firmas del ramo en Cataluña. Caboel está controlada a tercios más o menos iguales entre las tres sagas. En el último cuatrienio ha aplicado 140 millones a nuevas adquisiciones.

PROPIEDADES

La compañía concentra sus inversiones en bienes raíces, con una clara vocación patrimonialista. Se trata de un denso paquete de inmuebles destinados a su explotación en régimen de alquiler. Comprende activos muy variados como locales comerciales, oficinas, naves logísticas, pisos y establecimientos hoteleros. Este conjunto registró el año pasado unos índices de ocupación del 95% y reportó unos ingresos de 39 millones, con alza de un 17%.

ACTIVIDADES EN PORTUGAL

En ellos se incluyen los de su filial lusitana Caboliberdale, que está dotada de un patrimonio de 18 millones. Caboel declaró el último ejercicio un beneficio neto de 8,7 millones, casi dos millones más.

Además de las actuaciones citadas, desarrolla otras paralelas siempre centradas en el sector del tocho. Por ejemplo, ha destinado cerca de 40 millones a fondos inversores que apuestan por el sector inmobiliario.

PATRIMONIO

El balance consolidado de Caboel contabiliza unos activos de 524 millones y unos fondos propios de 453 millones. La primera magnitud no refleja ni de lejos el valor real de las posesiones que encierra la holding, pues los edificios están tasados en los libros al precio de coste de 640 millones.

CONSEJEROS

Las tres estirpes se reparten los sillones del consejo de administración. Lo componen Pedro Carbó Loza, Pere Botet Pladevall, Àngels Campderrós Salvans, Ignasi Botet Cortés, Silvio Elías de Gispert, Silvio Elías Marimón, Jordi Rodríguez Planas, Francisco José Carbó Valle, Xavier Rodríguez Carbó y Marc Botet Campderrós.

El cuartel general de Caboel está fijado en calle Josep Irla i Bosch, junto a avenida Diagonal. Desde esas dependencias la sociedad familiar maneja el vasto entramado ladrillero con una plantilla de solo 12 empleados, cifra semejante a los administradores que la gobiernan.

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