El presidente de la Asociación de Inmobiliarios de Catalunya (AIC) y CEO de Tecnotramit, Vicenç Hernández Reche, acaba de lanzar la plataforma Enlace, una consultora que quiere convertirse en nexo entre el mundo tecnológico y el inmobiliario.

Desde Enlace, el ejecutivo proyecta aquello que siempre ha defendido: la colaboración y el intercambio de ideas para encontrar marcos de trabajo conjuntos. Por ello, en la siguiente entrevista con Metrópoli, extiende esta máxima a las instituciones e insta a los políticos, al real estate y a las empresas a trabajar para encontrar acuerdos y soluciones que pongan fin a “muchos años donde la ideología ha estado por encima de la practicidad”.

Pregunta: ¿Cuál es el objetivo de Enlace?

Respuesta: Somos cuatro profesionales del sector con mucha experiencia. Al darnos cuenta de la cantidad de startups en el mercado vimos una oportunidad: hay muchas empresas, sobre todo proptech, que están en proceso de consolidación, pero necesitan acompañamiento para entrar en otra fase. Todo este ecosistema, que aporta nuevas maneras de trabajar, no sabe cómo acceder a un sector que es muy tradicional. Cada vez es más difícil abrir rondas de financiación y, aunque los productos funcionen, cuesta que sean perdurables en el tiempo. Esa es la función de Enlace: tender puentes entre unos y otros, integrar a las nuevas empresas proptech con el viejo sector inmobiliario. 

¿Cómo se pueden tejer estas alianzas?

Para seguir existiendo, las nuevas empresas necesitan fusiones: por ello buscamos una convergencia entre tecnología e inmobiliario. Uno de los problemas de muchas startups es que son viables a corto plazo, pero ni marcan tendencia, ni perduran, ni son rentables. Ya no vivimos en la cultura del pelotazo, por lo que toda alianza debe buscar que un negocio sea sostenible a largo plazo. Para tejer alianzas entre tecnología e inmobiliario hará falta más cultura empresarial. En un entorno cambiante como el actual se debe estar siempre alerta, y siempre preparado para escuchar y aprender de los demás.

El sector inmobiliario ha sido durante mucho tiempo tradicional. ¿Le está costando subirse al carro de la tecnología?

Mucho. Los sectores donde cuesta más la transición digital son aquellos donde los márgenes han sido altos. Debemos aplicar la teoría de la piscina: cuando está llena no se sabe quién está desnudo, pero cuando la marea baja todo se descubre. Durante mucho tiempo, el sector ha asumido el mantra de que “la tecnología ha llegado, pero no nos ha quitado el trabajo”, para eludir su transformación. Sin embargo, ahora todo ha implosionado. La falta de conocimiento transversal y cultura empresarial está lastrando mucho al inmobiliario: debemos entender que el proptech es importante y aplicarlo desde ya, porque los cambios seguirán aumentando.

¿En qué le gustaría que se convirtiera Enlace a largo plazo?

Me gustaría que se consolidara como una consultora de referencia tanto para el sector profesional como para las empresas pequeñas de proptech. No buscamos un gran rendimiento económico, sino que, por un lado, queremos acompañar a las startups, a la vez que entramos en su accionariado. Por otro lado, ambicionamos con que el sector tradicional se replantee su modelo de negocio.

Ha resaltado la falta de cultura tecnológica en nuestro mercado. Sin embargo, España fue el segundo país con más inversión en proptech en 2021. ¿Qué ha faltado para que esta se consolide?

Ha habido inversión porque hay capacidad para hacer cosas en este mercado. Cuando se inyecta dinero es porque hay opciones. Pero el capital no lo es todo: necesitamos un cambio de mentalidad. Falta cultura tecnológica y cultura innovadora. Hemos entendido la revolución tecnológica como algo que no es. La innovación debe ser un tema transversal, de cultura corporativa. 

¿Cómo observa la situación del sector en Barcelona?

Primero de todo, reclamamos una regulación: no es bueno que un sector que interviene en la vida de tanta gente y donde se mueve tanto dinero no esté más regulado: aquí no puede trabajar todo el mundo. Pero en general, los problemas de Barcelona son los de España: falta mucha vivienda, las grandes ciudades van a seguir masificándose, cada vez hay más hogares con un ratio menor de personas por inmueble y las soluciones políticas no están funcionando.

¿Cómo ha sido la relación entre el sector inmobiliario y el Ayuntamiento?

Hemos echado en falta mucho más diálogo con el Ayuntamiento. Estamos expectantes con el nuevo alcalde. El fichaje de Carme Trilla es muy acertado y durante las primeras reuniones se está escuchando más al sector que antes. Si a eso le sumas el cambio importante en la Cambra de Barcelona, con el nuevo liderazgo de Josep Santacreu, parece que pueden cambiar cosas.

¿Qué medidas concretas le pediría al nuevo Ayuntamiento?

Barcelona no puede legislar de espaldas al sector inmobiliario, como ha pasado hasta ahora. No se puede dar la espalda a la realidad del mercado y primar la ideología por encima de la practicidad. El sector privado no entiende de ideología. Esto se ha demostrado en la nueva ley de vivienda: llevábamos años diciendo que no iba a funcionar, porque en ningún país ha funcionado. 

¿Qué proponen?

Creemos más en una política de incentivos que en una de prohibiciones. La política fiscal debe regular las distorsiones del mercado. Esto no trata de que los propietarios son malos y los inquilinos son buenos. Y el mercado de trabajo no funciona demonizando al empresario. Las cosas avanzan cuando empresarios, trabajadores y representantes sindicales buscan acuerdos: pues en el real estate igual. Se tienen que buscar soluciones para que el propietario se sienta estimulado a ayudar al inquilino.

El mercado de la vivienda en Barcelona está muy tensionado. ¿Cómo repercutirá la nueva ley de vivienda?

Muchos propietarios cambiarán el alquiler por el alquiler de temporada. Y luego dirán “pues ya regularemos el de temporada”. Bueno, es que no puedes estar prohibiendo y regulando todo. El que quiera escapar de la ley siempre podrá. Se debe hacer una ley donde se intente asimilar entre derechos y obligaciones de todas las partes. Es normal que ahora cada vez haya menos oferta: los propietarios no pueden echar a los inquilinos que no pagan y se puede destrozar una vivienda y que nadie pague por ello.

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