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La plaza de las Glòries y su entorno inmediato han entrado esta semana en una fase de "no retorno". La transformación urbanística más ambiciosa de la última década en Barcelona ha pisado el acelerador con dos frentes de obras simultáneos que cambiarán para siempre la movilidad y la fisonomía del distrito de Sant Martí: la peatonalización irreversible de la calle Ciutat de Granada y el inicio de los derribos en el lado montaña para terminar de dibujar el gran pulmón verde.

El nuevo codo del tranvía

Desde este pasado jueves, los conductores que habitualmente transitaban por la calle Ciutat de Granada, en el tramo comprendido entre la Gran Via de les Corts Catalanes y la avenida Diagonal, se han encontrado con una barrera definitiva. El Ayuntamiento ha ejecutado el corte permanente al tráfico en este sector, que pasa a ser de uso exclusivo para peatones.

No es una medida aislada, sino una pieza clave del rompecabezas del Trambesòs. Este tramo liberado de coches es fundamental para la ingeniería del proyecto: servirá como el eje de giro que permitirá a las vías del tranvía —que actualmente discurren por la Gran Via— desviarse para encarar el nuevo trazado a través de la Diagonal, completando así la ansiada conexión de la red tranviaria.

Lado Besòs de la plaza de les Glòries de Barcelona Ayuntamiento de Barcelona

Según fuentes municipales, esta actuación se enmarca en la urbanización del lado mar de la Gran Via hasta la Rambla del Poblenou. El objetivo es doble: facilitar la infraestructura ferroviaria y mejorar la conexión a pie entre el eje comercial de Glòries y el barrio del Poblenou. Eso sí, para tranquilidad de los usuarios, el acceso al aparcamiento del centro comercial Westfield Glòries permanecerá operativo.

El laberinto de la movilidad en la Diagonal

El efecto dominó de estas obras se sintió con fuerza a partir del viernes en la avenida Diagonal. La maquinaria pesada ha ocupado la calzada en el lado mar, obligando a cerrar dos carriles de circulación entre las calles de Ciutat de Granada y Badajoz. Actualmente, solo queda un carril abierto al tráfico privado, lo que augura meses de densidad circulatoria.

Para evitar el colapso, Movilidad ha reorganizado el tablero de juego invirtiendo el sentido de la calle Ciutat de Granada entre Diagonal y Bolívia. Se establece así un bucle de desvío obligatorio: los vehículos deberán realizar el itinerario Badajoz – Bolívia – Ciutat de Granada para reincorporarse a la Diagonal.

Además, los ciclistas también verán modificada su ruta habitual. Con la ocupación de la rambla central y los márgenes, se ha habilitado un carril bici bidireccional provisional en el lado montaña, una solución temporal mientras se ejecutan unos trabajos que tienen un presupuesto de 32,54 millones de euros y un horizonte de finalización fijado para la primavera de 2027.

Imagen de la plaza de les Glòries en Barcelona

Cae el muro de Consell de Cent: más parque y menos cemento

Mientras las máquinas levantan el asfalto en el lado mar, en el lado montaña las excavadoras han comenzado a "morder" los edificios. Ocho meses después de la inauguración del parque central, el Ayuntamiento ha iniciado la deconstrucción de las edificaciones que actúan como barrera entre el verde y el Eixample.

Se trata de tres manzanas de la calle del Consell de Cent, delimitadas por las calles Castillejos, Independència y la propia plaza. En total, se intervendrá sobre una superficie de más de 13.500 metros cuadrados donde hasta ahora convivían antiguos almacenes, naves y algunas viviendas. De las 47 parcelas afectadas, 22 serán derribadas totalmente.

El consistorio ha optado por dividir la obra en tres lotes adjudicados a empresas distintas (Obres i Serveis Roig, Hercal Diggers y Control Demeter) para trabajar simultáneamente y cumplir con un calendario ajustado: cinco meses. Si se cumplen los plazos, para mayo de 2026 la zona estará despejada.

El nuevo parque de Les Glòries Ajuntament de Barcelona

Alerta por amianto y el futuro "balcón urbano"

La operación de derribo es delicada. Las inspecciones previas han detectado más de 5.000 metros cuadrados de fibrocemento (amianto) en cubiertas y bajantes. Por ello, se ha establecido un protocolo estricto: la retirada de estos materiales tóxicos cerca de los colegios solo se realizará fuera del horario lectivo para blindar la salud de los escolares.

Una vez retirados los escombros, ese espacio dejará de ser una barrera gris para convertirse en un "balcón urbano". Esta nueva zona servirá de transición suave entre las calles del Eixample y la cota inferior del parque, y se equipará con pistas de petanca, zonas de juego infantil y espacios polivalentes para los vecinos. Será el remate final para coser una herida urbana que Barcelona lleva décadas intentando cicatrizar.

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