En un Passeig de Gràcia despojado de su imagen habitual de milla de oro de Barcelona, cientos de turistas pasean atónitos ante el goteo de personas que se dirige hacia plaza Universitat envueltos en esteladas (aunque también se ve alguna bandera española) y con pancartas de rechazo a las cargas policiales del 1 de octubre. Muchos no acaban de entender qué ocurre y preguntan con interés a los guías turísticos que les acompañan.

La sorpresa mayúscula se produce en la esquina con Provença. La Pedrera, que solo para el día de Navidad y gracias, tiene las puertas cerradas. Un escueto cartel escrito en catalán, castellano e inglés avisa a los desprevenidos de que el edificio permanecerá cerrado este martes “para mostrar el desacuerdo con los hechos ocurridos en Catalunya el pasado domingo”. Hasta Gaudí se ha sumado al paro general.

Un escueto cartel alerta a los turistas de que La Pedrera está cerrada por el paro general / REDACCIÓN



¿ABRIRÁ MÁS TARDE?

Desorientados por el gentío que se congrega en la calle para acudir a la gran manifestación en el centro, los turistas se conforman con sacar la foto obligada de la fachada de La Pedrera. “Estoy con un grupo de 23 estadounidenses e intentamos mantenernos al margen de lo pasa, pero es difícil”, explica una guía turística. “Llegaron el domingo y se marchan mañana. Ya es mala suerte”, dice mientras se le escapa una risa nerviosa. Han pasado demasiado tiempo en el hotel y quieren aprovechar el tiempo.

En la Casa Batlló las estampas son similares. El otro icono gaudiniano del Passeig de Gràcia también está cerrado y los dos conserjes que guardan la puerta no paran de dar explicaciones a los turistas. “¿Está abierto?”, pregunta uno. “¿Abrirá más tarde?”. Todo son negativas. “En Argentina vimos la actuación de la policía en directo”, critica Gerardo. “No opino de la cuestión de fondo, pero la represión policial es intolerable”. Decepcionado por no poder entrar en las casas modernistas de las que tanto han leído, sigue su camino hacia plaza Catalunya. “A ver qué se cuece”.

Turistas fotografían a los manifestantes en Grav Vía / AM

James, recién llegado de Inglaterra, lo tiene muy claro: “No se puede permitir lo que sucedió el domingo en Barcelona. Parece propio de una dictadura”. Como británico, ha vivido dos de los referéndums pactados más importantes de la historia reciente de su país. “En Inglaterra yo pude votar para salir de la UE e incluso se hizo un referéndum por la independencia de Escocia. ¿Por qué los catalanes no pueden hacer lo mismo?”  

UNA CIUDAD COLAPSADA

El parón del transporte público y el colapso de muchas calles por las manifestaciones que han proliferado como setas por toda la ciudad han creado un bloqueo casi total de la circulación. Djamel, que ha apurado más de lo recomendable para hacer el check out de su habitación de hotel, está atrapado. "Mi vuelo sale en dos horas y no sé cómo voy a llegar al aeropuerto”, lamenta este argelino. “Aquí no funciona nada... Ni el tren ni los autobuses. Llevo 20 minutos buscando un taxi y no hay manera. Me parece muy bien que la gente protesta, pero no que perjudique a los demás".

Muchas tiendas de Rambla Catalunya y Passeig de Gràcia permanecen abiertas a pesar de las concentraciones, aunque no descartan cerrar si la manifestación de Universitat desborda, como parece que ocurrirá, hacia las zonas adyacentes. Una turista china apura el desayuno y sale del paso como puede ante las preguntas sobre lo que pasa. “Me interesa poco la política, la verdad”, reconoce Jing. “He venido aquí para disfrutar de la ciudad y me he encontrado con todo esto”.

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