Javier Mariscal, el creador de Cobi, pinta grafitis de la mascota olímpica en paredes de las calles de Ciutat Vella. Y lo hace sin permiso municipal.

Según Europa Press, que cita fuentes municipales, el diseñador no ha solicitado ningún permiso. Este sábado, el Ayuntamiento no ha atendido los requerimientos informativos de Metrópoli porque la cuestión no es una urgencia.

EN CIUTAT VELLA

El artista ha pintado a Cobi en una pared de la sede municipal de Ciutat Vella y en otros edificios del céntrico distrito de la ciudad. Así se puede ver a la mascota olímpica en un descapotable por una playa o sacando la cabeza por un muro, subraya betevé.

Personal de limpieza usando una manguera para limpiar el gato de Botero de la Rambla Raval / HUGO FERNÁNDEZ

VANDALIZADO EL GATO DE BOTERO

La acción de Mariscal nace de una colaboración entre Canal Gallery y el grafitero estadounidense Darryl McCray, alias Cornbread, el mismo que presuntamente vandalizó el gato de Botero del Raval, una escultura que es patrimonio de la ciudad.

Fuentes municipales indicaron el jueves que las pintadas en la escultura de Botero ya habían sido limpiadas. Ante la posibilidad de multar al grafitero, el Ayuntamiento indicó que no hay indicios de la autoría y que para interponer una denuncia se tiene que pillar al que lo hace al instante. Cornbread dejó su firma en el grafiti.

Barcelona tiene un serio problema con los grafitis desde hace años. Centenares de ellos inundan edificios y muros de la ciudad. Y los últimos meses se han detectado algunos que afectan a elementos que forman parte del patrimonio de Barcelona, como paredes de edificios históricos de Ciutat Vella, o la escultura Los cubos, de Rebecca Horn, en la playa de la Barceloneta.

ORDENANZA DE CIVISMO

La Ordenanza de convivencia -conocida popularmente como Ordenanza de civismo- prevé un régimen de sanciones por hacer pintadas. Las multas oscilan entre los 120 y los 3.000 euros en función del nivel de la infracción: leve, grave (cuando las pintadas afectan a los elementos de transporte o señales viarias, entre otros) o muy grave (por ejemplo, los grafitis en monumentos o edificios catalogados).

El Ayuntamiento gasta cada año 4,6 millones de euros en limpiar pintadas. En 2019 se quitaron casi 400.000 metros cuadrados de superficie de grafitis del espacio público.

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