Luis es un abogado jubilado y exvendedor de cupones de la ONCE en Barcelona y asegura que esta organización "es una mafia". Metrópoli se ha puesto en contacto con él y ha explicado, sin pelos en la lengua, sus trapos sucios: "Se gastan millones de euros en propaganda para aparentar ser algo que no les corresponde", dice el letrado, que ha estado más de 40 años trabajando para esta entidad. 

El pasado jueves, 1 de diciembre, después de cuatro años, se celebran las elecciones de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE). Esta asociación sin ánimo de lucro siempre ha gozado de buena reputación por brindar oportunidades laborales a personas ciegas y con discapacidades. No obstante, según Luis, no todo es lo que parece.

40 AÑOS EN LA ONCE

Luis Pradal tiene 79 años y se quedó ciego a sus 22. Empezó a estudiar derecho y a vender cupones en Barcelona. Cuando terminó la carrera, se inició en el mundo laboral trabajando como abogado. "He estado más de 40 años en la ONCE, he sido letrado y vendedor. También fui secretario general de Comisiones Obreras durante 15 años", explica Pradal a Metrópoli.

Quiosco de la ONCE con una persona comprando en una imagen de archivo

 

"NO HAY DEMOCRACIA"

Este abogado jubilado asegura que "en la ONCE no hay democracia y que es una organización completamente opaca". Pradal explica que, a lo largo de su trayectoria profesional, ha ganado varios casos de despidos improcedentes y nulos por parte de esta entidad. Según dice él mismo, el modus operandi siempre suele ser el mismo: despiden a personas ciegas a las que consideran que no son rentables por no llegar al mínimo de ventas.

PROBLEMAS DEL VENDEDOR CIEGO

El abogado asegura que es muy complicado llegar a este mínimo de ventas por dos motivos: porque la misma ONCE se encarga de repartir cupones y porque cada vez contratan a personas minusválidas y con otras discapacidades que "les salen más rentables". "El vendedor ciego no puede llegar al mínimo, entonces no le renuevan y esto es una realidad constatable", lamenta Pradal.

María Jose es una mujer ciega que vive en el Parc i la Llacuna del Poblenou y coincide con Pradal: "Esto no es algo aislado y les pasa a muchísimas personas que han perdido la vista. El problema es que todo el mundo vende, en bares, centros comerciales y muchos más sitios. También han empezado a vender personas minusválidas, pero que no son ciegas. En ese sentido, tienen ventaja sobre nosotros".

DEMASIADOS PUNTOS DE VENTA

Esa ventaja, sumada a los múltiples puntos de venta que hay por toda España, hace que vender cupones sea muy complicado para las personas con discapacidad visual. Esto supone no llegar al mínimo de ventas y, en consecuencia, el despido, aseguran las fuentes consultadas por Metrópoli

Un quiosco de la ONCE / ARCHIVO - EUROPA PRESS

"PRESTIGIO COMPLETAMENTE INFUNDADO"

María José asegura que no los protegen, que son vulnerables, que no se pueden defender y que, lamentablemente, no es un hecho puntual. La mujer explica que esto les pasa a varias personas que trabajan en la ONCE. De hecho, el abogado Pradal ha tenido varios clientes que se han encontrado en esta situación y concluye que en esta organización "tienen muchísimo poder y un prestigio completamente infundado".

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