Exterior de la Audiencia de Barcelona
El pederasta del Raval acepta 83 años de cárcel por violar a una menor tutelada por la Dgaia en Barcelona
El acusado ha reconocido los hechos ante la Audiencia de Barcelona, evitando así una condena mayor tras rebajar la Fiscalía su petición inicial de 107 años de prisión
El principal acusado y presunto líder de una red de pederastia desarticulada en el barrio barcelonés del Raval ha aceptado este lunes, 13 de abril, una pena de 83 años de prisión.
El individuo ha reconocido su culpabilidad en la agresión sexual sistemática y la elaboración de pornografía infantil utilizando a una menor que se encontraba en una situación de extrema vulnerabilidad, ya que su guarda administrativa correspondía a la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (Dgaia).
El acuerdo de conformidad se ha materializado en la sección segunda de la Audiencia Provincial de Barcelona.
Audiencia Provincial de Barcelona en imagen de archivo
Al aceptar los hechos, la defensa del acusado ha logrado rebajar la petición inicial del Ministerio Público, que solicitaba para él un total de 107 años de privación de libertad por la gravedad y la reiteración de sus actos.
Un extenso historial delictivo
La sentencia de conformidad detalla una brutal sucesión de abusos cometidos contra la víctima.
El procesado ha sido condenado como autor material de un delito de acoso a una menor de 16 años a través de medios tecnológicos y un delito de exhibición obscena.
A estos cargos se suma un delito continuado de agresión sexual a menor de 16 años con acceso carnal por vía vaginal, anal y bucal.
Edificio de la Audiencia de Barcelona / ARCHIVO
Este último punto cuenta además con el agravante de haberse cometido en una situación de especial vulnerabilidad de la víctima y con la participación de dos o más personas.
El fallo judicial también ratifica su condena por otros seis delitos independientes de agresión sexual con acceso carnal, sumados a un delito continuado de utilización de menor de edad para la elaboración y posterior distribución de material de pornografía infantil.
El piso del Raval, escenario de otros posibles abusos
La condena pactada este lunes no cierra, sin embargo, el periplo judicial del pederasta confeso.
El acusado se enfrenta próximamente a otros dos juicios vinculados a la misma trama de abusos continuados.
Fachada de la sede del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC)
La justicia deberá dirimir su responsabilidad en presuntas agresiones sexuales cometidas contra otros menores de edad en el mismo piso del barrio del Raval.
Según las investigaciones previas, este domicilio funcionaba como el epicentro de la red, siendo el lugar donde el acusado no solo perpetraba las violaciones, sino donde también grababa sistemáticamente las agresiones para posteriormente lucrarse o compartir las imágenes en circuitos de pornografía infantil.
Contactó por Badoo
En fecha anterior a mayo de 2020, el ahora condenado, que entonces tenía 40 años, entró en contacto por medio de Badoo con la víctima, que tenía 12 años de edad y, tras un primer contacto, pasaron a comunicarse a través de una aplicación de mensajería instantánea, llegando a recopilar más de 44 imágenes de la niña desnuda.
Dos jóvenes interactúan con sus teléfonos móviles
Posteriormente, y "siendo conocedor de todos los aspectos personales, familiares, escolares y administrativos" de la menor, quedó con ella en su domicilio, ubicado en el barrio del Raval, donde la agredió sexualmente y grabó estas acciones.
Además, el ahora condenado concertó encuentros sexuales entre la menor y otros hombres adultos, que agredieron sexualmente a la niña junto a él y sobre los que se siguen diligencias en otro juzgado de Barcelona.
Miles de archivos
Finalmente, el 9 de junio de 2022 se practicó una entrada y registro en el domicilio, en el que se localizó el móvil utilizado para la grabación de los vídeos y para interactuar con otros individuos en redes sociales y plataformas de mensajería para concertar encuentros sexuales entre terceros, el condenado y la menor.
El móvil almacenaba centenares de archivos creados tanto por el condenado como por terceras personas no identificadas y que obtuvo al descargarlas de plataformas, en los que aparecen niños de corta edad desnudos, practicando o recibiendo felaciones o siendo penetrados anal y vaginalmente por adultos u otros menores, así como un portátil con 1.300 vídeos y 9.000 imágenes de la misma índole.