Asentamiento La Sagrera

Asentamiento La Sagrera Gala Espín Barcelona

El pulso de la ciudad

La otra cara de La Sagrera, el barrio con mayor proyección de Barcelona: el gran asentamiento de chabolas, en crecimiento tras un "desalojo parcial"

Mientras Barcelona imagina la futura postal de La Sagrera, verde, moderna, conectada y llena de nuevas viviendas, decenas de personas siguen viviendo entre fogones portátiles, barro y chatarra

Otras noticias: Llurel, desalojado del macroasentamiento de la Sagrera: “Llevo ocho años aquí, trabajando y con papeles"

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Barcelona sueña con La Sagrera del futuro. Una gran estación intermodal, un pulmón verde sobre las vías, más de 11.000 viviendas nuevas, hoteles, oficinas y una nueva centralidad urbana capaz de acoger a 25.000 vecinos.

El alcalde Jaume Collboni la presenta como el símbolo de una ciudad que todavía puede crecer, reinventarse y garantizar el “derecho a quedarse” frente a la crisis de vivienda.

Pero mientras las maquetas avanzan y las grúas transforman el horizonte, a pocos metros de esa Barcelona proyectada sobre renders y cifras millonarias, existe otra ciudad.

Una ciudad hecha de barro, chapas, madera y humo.

Asentamiento de La Sagrera

Asentamiento de La Sagrera Gala Espín Barcelona

Escondido entre caminos de tierra, descampados y las cicatrices ferroviarias de Sant Andreu, sobrevive un asentamiento donde decenas de personas continúan viviendo en barracas improvisadas.

Familias enteras. Niños. Perros guardianes. Cocinas hechas con bombonas y fogones portátiles. Un pequeño poblado invisible situado justo al lado de uno de los mayores proyectos urbanísticos de Europa.

Dos mundos dentro del mismo asentamiento

El asentamiento tiene su propia geografía. No aparece en mapas, pero dentro existe un orden reconocible para quienes viven allí.

En la parte interior, formando una especie de círculo irregular de construcciones conectadas entre sí, viven sobre todo familias rumanas. Las barracas crean pequeños pasillos improvisados y una especie de plaza central donde la vida cotidiana se concentra.

Asentamiento de La Sagrera

Asentamiento de La Sagrera Gala Espín Barcelona

En la parte exterior, más dispersa y pegada a los márgenes del descampado, se encuentran las construcciones ocupadas principalmente por personas de origen marroquí.

Las chabolas están levantadas con materiales encontrados: palés, lonas publicitarias, puertas rescatadas de contenedores, chapas metálicas y trozos de madera húmeda. Algunas tienen sofás dentro. Otras televisores conectados ilegalmente a la electricidad. Otras apenas son un colchón protegido de la lluvia.

La sensación es extraña: todo parece provisional, pero al mismo tiempo profundamente asentado.

Una mujer cocina mientras espera el final

En medio de la zona donde viven las familias rumanas, una mujer de mediana edad remueve lentamente una olla sobre un pequeño fogón portátil metálico.

Cocina detrás de una barra de hierro improvisada que recuerda vagamente a la barra de un bar. El humo sube despacio mientras un perro vigila cada movimiento de los desconocidos que atraviesan el asentamiento. Ladra primero. Observa después. Finalmente se tumba cerca de ella sin dejar de controlar la escena.

Asentamiento de La Sagrera

Asentamiento de La Sagrera Gala Espín Barcelona

La mujer prefiere no dar su nombre. Dice que lleva allí “muchos años”, aunque ya no recuerda exactamente cuántos.

“Sé que algún día esto desaparecerá”, comenta mientras mueve la comida. “Pero no sé cuándo. Y prefiero no pensar mucho en eso porque no sé qué haré después”.

"Hay niños, gente mayor..."

A pocos metros, apenas se distingue el interior del asentamiento, oculto entre estructuras de chapa y madera, pero la vida se percibe con claridad: voces que salen de dentro de las chabolas, movimientos que se intuyen más que se ven, el sonido constante de actividades cotidianas.

En el exterior, la mujer sigue cocinando, mientras el resto del asentamiento se adivina en esa mezcla de ruido, humo y presencia humana que atraviesa las barreras improvisadas.

“Aquí viven familias enteras”, explica ella. “Hay niños, hay gente mayor… vivimos como podemos”.

La sombra del último desalojo

En La Sagrera todos saben lo que ocurrió hace apenas unas semanas en el otro gran asentamiento levantado junto al Pont del Treball Digne.

El desalojo comenzó antes de las 8:00 horas de la mañana. Guardia Urbana, Mossos d’Esquadra, Bombers, técnicos municipales y equipos del CUESB entraron en los terrenos de Adif para vaciar el "poblado" donde vivían entre 200 y 300 personas.

Las autoridades justificaron la actuación por el riesgo grave existente tras un incendio reciente. “La actuación se ha hecho para proteger la vida de las personas. Y queremos recordar que es voluntario vincularse a los servicios sociales”, subrayó Marta Villanueva, concejal de Sant Andreu, tras el desalojo.

Por su parte, el jefe de los Bomberos de Barcelona, Sebastià Massagué, explicó que un incendio reciente en una de las 40 barracas, con electrodomésticos, gas butano y hogueras, motivó la necesidad de un desalojo inmediato.

"No tengo miedo"

Ahora, en este otro núcleo todavía habitado, el ambiente es diferente. No hay sirenas ni presencia policial. Pero sí una sensación permanente de espera.

“Sabe todo el mundo que nosotros seremos los siguientes”, dice la mujer rumana mientras aparta la olla del fuego. No parece alterada cuando lo dice. Tampoco enfadada. “No tengo miedo”, añade.

La normalidad dentro de lo precario

La vida continúa aquí bajo códigos propios.

Por las mañanas, muchos hombres salen a recoger chatarra o buscar trabajos puntuales. Algunas mujeres cocinan en el exterior mientras vigilan a los niños. Hay tendederos improvisados entre barracas, neveras conectadas a instalaciones eléctricas precarias y pequeños espacios comunes donde varias familias se sientan juntas.

El olor mezcla tierra húmeda, humo, plástico quemado y comida caliente.

Asentamiento de La Sagrera

Asentamiento de La Sagrera Gala Espín Barcelona

Los perros funcionan como alarmas constantes. Cada entrada de un extraño altera el equilibrio del asentamiento durante unos segundos. Después todo vuelve a la calma.

La mujer rumana sigue hablando mientras el perro permanece tumbado junto a ella. “No veo ninguna solución”, admite. Y luego guarda silencio.

Asentamiento La Sagrera

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Sin alternativas habitacionales

La asociación vecinal de La Sagrera ya criticó tras el último desalojo que el Ayuntamiento no ofreciera alternativas habitacionales suficientes y denunció que muchas personas quedaron en una situación todavía “más precaria”. Al mismo tiempo, vecinos del entorno también llevan años denunciando problemas de suciedad, inseguridad y abandono institucional en estos terrenos.

Asentamiento de La Sagrera

Asentamiento de La Sagrera Gala Espín Barcelona

La contradicción resume perfectamente la complejidad del lugar: un barrio que simboliza el futuro urbanístico de Barcelona mientras convive con bolsas de pobreza extrema propias de una ciudad invisible.

Vivir esperando desaparecer

La mujer termina de cocinar y el perro vuelve a incorporarse cuando alguien atraviesa el pasillo central del asentamiento.

Antes de despedirse vuelve a mirar alrededor, hacia las barracas construidas unas contra otras, hacia los niños jugando entre hierros y hacia las vías que atraviesan el descampado. “Sabemos que esto acabará”, dice.

Asentamiento de La Sagrera

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No sabe cuándo llegará el desalojo. Tampoco sabe adónde irá después. Y quizá por eso prefiere no pensarlo demasiado.

Mientras Barcelona imagina la futura postal de La Sagrera, verde, moderna, conectada y llena de nuevas viviendas, decenas de personas siguen viviendo entre fogones portátiles, barro y chatarra esperando el día en que alguien vuelva a decirles que tienen dos horas para marcharse.