Una mujer con alergia se suena la nariz
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Las alergias no se van de vacaciones: la rinitis también da guerra en verano
Aunque muchos relacionan las alergias con la primavera, ácaros, hongos, pólenes tardíos o el contacto con animales siguen presentes y pueden intensificar los síntomas en esta época del año
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La llegada del verano suele asociarse a un alivio de las alergias estacionales, pero la realidad es distinta para muchas personas. Congestión nasal, estornudos, picor de ojos o dificultad para respirar siguen acompañando a numerosos pacientes durante los meses más cálidos del año.
La rinitis alérgica no desaparece necesariamente con el fin de la primavera. Al contrario, la época estival reúne una serie de factores que favorecen la exposición a distintos alérgenos y pueden agravar los síntomas.
“Es un error común pensar que la rinitis desaparece cuando termina la primavera”, señala la doctora Begoña Navarro, especialista del Servicio de Alergología del Hospital Universitari Dexeus, perteneciente al Grupo Quirónsalud. “En verano seguimos conviviendo con numerosos alérgenos que pueden afectar de forma importante a la calidad de vida de los pacientes”, añade.
Algunos alérgenos en verano siguen muy presentes
Los ácaros del polvo continúan siendo uno de los principales desencadenantes, especialmente en zonas húmedas y templadas. Su presencia suele ser mayor en segundas residencias que permanecen cerradas durante largos periodos.“
Muchos pacientes notan un empeoramiento de los síntomas al llegar a apartamentos o casas que han estado meses cerrados”, explica la doctora Navarro. "La acumulación de ácaros y hongos puede provocar una reagudización casi inmediata”, aclara.
A ello se suma la presencia de Alternaria alternata, un hongo ambiental que encuentra en el calor y la humedad las condiciones perfectas para proliferar. Es habitual en jardines, vegetación en descomposición y espacios con problemas de humedad.
Pólenes que se resisten a desaparecer
Aunque la primavera concentra la mayor parte de las polinizaciones, algunas especies prolongan su actividad durante buena parte del verano. Gramíneas, parietaria, salsola y otras malezas siguen presentes en el ambiente.
Las lluvias abundantes registradas durante la pasada primavera, seguidas de altas temperaturas, han favorecido además una temporada polínica más larga de lo habitual.
“Estamos viendo niveles elevados de determinados pólenes más allá de las fechas habituales”, apunta la alergóloga. “Esto se traduce en síntomas más persistentes y, en algunos casos, más intensos de lo que los pacientes esperaban para esta época del año”, reitera.
Los días de viento son especialmente complicados, ya que facilitan la dispersión de partículas que pueden desencadenar picor nasal y ocular, estornudos, congestión e incluso afectación bronquial.
Las mascotas también pueden pasar factura
Las vacaciones suelen implicar un mayor contacto con animales. Visitas familiares, alojamientos rurales o actividades ecuestres incrementan la exposición a perros, gatos y caballos.
“Los alérgenos de los animales no desaparecen con facilidad”, recuerda la especialista del Hospital Universitari Dexeus. “Pueden permanecer en alfombras, sofás o tapicerías incluso después de haber realizado una limpieza aparentemente exhaustiva”, recuerda.
Por este motivo, las personas sensibilizadas pueden experimentar síntomas incluso sin estar en contacto directo con el animal.
Cuando la causa no es una alergia
No todos los cuadros de rinitis tienen un origen alérgico. Existe también la denominada rinitis no alérgica, cuyos síntomas son muy similares, pero responden a otros desencadenantes.
Los cambios bruscos de temperatura, el aire acondicionado, el humo o determinados olores intensos pueden provocar congestión nasal, goteo, estornudos o pérdida de olfato.
“Es fundamental realizar un diagnóstico correcto para diferenciar ambos procesos”, destaca la alergóloga. “Solo así podemos ofrecer el tratamiento más adecuado y eficaz para cada paciente”, insiste.
Cómo minimizar los síntomas
Los expertos recomiendan consultar los niveles de polen y hongos antes de desplazarse y limitar las actividades al aire libre cuando las concentraciones sean elevadas. También aconsejan mantener las ventanas cerradas en los momentos de mayor exposición y seguir correctamente el tratamiento pautado.
En las segundas residencias, una buena ventilación inicial y una limpieza a fondo ayudan a reducir la presencia de ácaros y hongos. El uso de fundas antiácaros, filtros HEPA y purificadores de aire puede aportar un beneficio adicional.
“Las revisiones periódicas son clave para mantener la enfermedad bajo control”, insiste la doctora Navarro. “Y en aquellos pacientes con síntomas persistentes, la inmunoterapia o vacuna de la alergia puede ofrecer una mejoría significativa a medio y largo plazo”, recomienda para finalizar