Asentamiento Vila Olímpica Barcelona
Vecinos y comerciantes exigen "soluciones" ante el asentamiento de la Vila Olímpica de Barcelona: "Esto nos perjudica a todos"
El aumento de personas que duermen en la calle se hace cada vez más visible en el Port Olímpic, donde vecinos y trabajadores conviven con nuevos asentamientos y reclaman soluciones
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Muy cerca del Port Olímpic, entre restaurantes, comercios y el movimiento habitual de uno de los espacios más transitados del litoral barcelonés, también hay otra realidad que se ha hecho cada vez más visible: personas que duermen en la calle y pequeños asentamientos que aparecen en distintos puntos del barrio.
Quienes trabajan allí desde hace años aseguran que el fenómeno ha ido creciendo y que la imagen de personas pasando la noche en el espacio público es cada vez más habitual.
Una de las trabajadoras que lo ha visto de cerca es la empleada de un estanco de la zona. Lleva más de diez años detrás del mostrador y explica que durante este tiempo ha notado un cambio. "En los últimos años ha ido a peor", cuenta en conversación con Metrópoli. Según su percepción, cada vez hay más personas durmiendo en la calle y también más presencia de personas sin hogar en el barrio.
Una tienda de campaña junto al estanco
La trabajadora explica que nunca ha tenido ningún problema con las personas que viven en la calle. Sin embargo, reconoce que la situación le genera cierta sensación de inseguridad, especialmente cuando llega la tarde, empieza a anochecer y se queda sola en el establecimiento.
Asentamiento en Vila Olímpica Barcelona
Desde hace unos meses, además, una tienda de campaña se instala habitualmente muy cerca del estanco. Es una presencia que, asegura, le hace sentirse menos segura, aunque insiste que nunca ha tenido ningún conflicto con las personas que viven allí.
Su testimonio refleja una de las caras de esta transformación: la convivencia cotidiana entre quienes trabajan en la zona y quienes han acabado convirtiendo algunos espacios del barrio en lugares donde pasar la noche. No habla de enfrentamientos ni de incidentes concretos, sino de una presencia que, según explica, se ha vuelto más habitual con el paso de los años.
La misma percepción se observa en la hostelería. Una trabajadora de un bar de la zona asegura que no entiende que, a su juicio, no se esté haciendo más desde el Ayuntamiento para abordar la situación. "Yo puedo entender que nadie decide por voluntar propia vivir en la calle, pero, esto nos perjudica a todos", explica. "La situación también termina repercutiendo en los negocios del entorno", añade.
Pero entre los vecinos la percepción no es siempre la misma. Una residente describe la situación como "insostenible" y se queja de "peleas entre personas que viven en los asentamientos, suciedad en el entorno y una mayor sensación de inseguridad en el barrio".
El día a día de quienes trabajan
En el bar, explica, nunca han tenido problemas con las personas que viven en la calle. Una de las situaciones que se repite es que algunas de ellas intentar entrar para utilizar el baño, algo que el establecimiento no permite.
Es una escena cotidiana que muestra la tensión entre dos realidades que comparten espacio: por un lado, los negocios y trabajadores que desarrollan allí su actividad y, por otro, personas que carecen de un lugar donde vivir y utilizan el espacio público para cubrir necesidades básicas.
Persona en situación de calle por la Vila Olímpica Barcelona
Lo que está ocurriendo en el Port Olímpic no puede entenderse únicamente como un fenómeno de este barrio. Los datos de Arrels muestran que el sinhogarismo en Barcelona está cambiando de geografía. En diciembre de 2025, la entidad contabilizó 1.982 personas durmiendo en la calle en la ciudad. Ciutat Vella, históricamente el distrito con más personas sin hogar, ha dejado de ocupar esa posición: el último recuento sitúa a Sants-Montjuïc como el distrito donde más personas duermen en la calle.
Más personas y nuevos lugares para dormir
El desplazamiento hacia los márgenes de la ciudad forma parte de una transformación más amplia del sinhogarismo. Ya no se trata unicamente de las zonas que tradicionalmente se asociaban a las personas que viven en la calle. El último mapa elaborado por Arrels muestra una distribución diferente, con presencia en otros puntos de Barcelona.
Además, el aumento del número de personas que llevan poco tiempo viviendo en la calle apunta a nuevas entradas en esta situación. Según el informe Vivir en la calle en Barcelona. Radiografía de una ciudad sin hogar (2025), elaborado a partir de entrevistas a 676 personas, el 36,6% llevaba menos de seis meses en la calle. El porcentaje ha aumentado siete puntos respecto a 2023.
El informe también señala que el sinhogarismo suele ser el resultado de un proceso de exclusión residencial. El 92,7% de las personas entrevistadas había vivido en algún momento en una vivienda estable. Entre los principales motivos expresados para acabar en la calle aparecen los problemas relacionados con el acceso o el mantenimiento de la vivienda y los procesos migratorios, ambos con un 18%.
Una situación que no empieza en la calle
Los datos de Arrels apuntan también a la pérdida de la vivienda como una de las principales vías de entrada al sinhogarismo. Un 35,3% de las personas entrevistadas aseguró que la última vivienda en la que había residido era de alquiler o de propiedad. Antes de acabar durmiendo en la calle, un 23,3% se encontraba ya en situaciones de vivienda insegura, como vivir sin contrato con familiares o amistades o hacerlo en una vivienda ocupada.
Asentamiento en Vila Olímpica Barcelona
El informe muestra además las dificultades para salir de la situación de calle. Solo una de cada cuatro personas entrevistadas tiene una salida prevista y el 72% no está en espera para acceder a una vivienda. Entre quienes sí están esperando, la mayoría opta a recursos temporales o precarios: albergues, pensiones o habitaciones.
Mientras tanto, en lugares como el Port Olímpic, la situación se hace visible en el día a día. Una tienda de campaña que aparece junto a un comercio. Personas que buscan un lugar donde pasar la noche. Trabajadores que llevan años viendo cómo cambia el barrio. Y negocios que tienen que convivir con una realidad que, para quienes la viven, no empieza ni termina en una acera.