En pleno Eixample de Barcelona, donde la gastronomía de autor y los espacios de diseño abundan a cada paso, una apertura con aire clásico está llamando la atención de vecinos y visitantes.
Se trata del Veracruz, un bar ubicado en la calle Mallorca, en el tramo situado entre Aragó y Roger de Llúria, que recupera la esencia del establecimiento tradicional sin renunciar a una propuesta culinaria honesta y asequible.
Lejos de sumarse a la ola de aperturas sofisticadas que están transformando la oferta hostelera del centro de la capital, el Veracruz apuesta por la economía del día a día, por esos platos que se sienten como “de casa” y por una carta que homenajea al bar de siempre.
En una zona donde la competencia es cada vez más intensa, este retorno al origen resulta, cuanto menos, refrescante. Tanto es así que el restaurante no tiene ni página web ni redes sociales para promocionarse.
Un bar de siempre
La calle Mallorca -una de las arterias gastronómicas del Eixample- ha visto nacer en los últimos años numerosos conceptos que buscan innovar: bares con cafetería de especialidad, heladerías artesanales, restaurantes de fusión y espacios pensados para largas sobremesas con diseño cuidado.
Frente a esa tendencia, el Veracruz se presenta como un refugio para quienes echan de menos la barra de siempre, el plato tradicional y los precios ajustados.
Bar Restaurante Veracruz de Barcelona
Cómo es el Veracruz
Situado bajo una arcada característica del tramo, con su rótulo original que sigue llamando la atención, el Veracruz ha recuperado el testigo del bar homónimo que antes ocupaba el mismo local.
El interior acogedor y la pequeña terraza evocan la memoria del lugar, pero con una oferta actualizada que combina tradición y funcionalidad.
Carta breve, sabor tradicional
La filosofía del Veracruz en su reapertura es sencilla: comida casera, precio popular y producto bien ejecutado. La carta se estructura en dos bloques claros: entrantes y bocadillos clásicos a precios contenidos, y platos calientes de cocina catalana y mediterránea.
La experiencia arranca con aceitunas Perelló y continúa con dos croquetas, una de pollo y otra de merluza con gambas, servidas de forma tradicional.
Los bocadillos -de salchicha, tortilla francesa, jamón ibérico o sardinita picante- rondan entre los 4,10 y los 5,90 euros, una franja que habla de una propuesta pensada para el día a día y no solo para ocasiones puntuales.
Un bocadillo de tortilla de jamón y queso en una imagen de archivo
Menos de nueve euros
En la segunda parte de la carta, los platos calientes combinan tradición y generosidad. La butifarra con judías (5,90 euros) convive con opciones más contundentes como el arroz con bogavante o la zarzuela (18,50 euros).
Destaca especialmente la escudella barrejada, presentada en una gran sopera metálica perfecta para compartir en días de lluvia y frío y compuesta por verduras, butifarra negra, pollo y albóndiga con ajo y perejil.
El plato del día -judía con patata y butifarra de perol a 8,90 euros- confirma que aquí se cocina con respeto por la tradición y atención al producto.
Un xuixo de crema en una imagen de archivo
El cierre del menú continúa esa línea: tarta al whisky, mousse de chocolate y xuixo de crema se presentan como dulces reconocibles y bien medidos, sin estridencias, ideales para coronar una comida sin complicaciones.
