La calle Enric Granados en el cruce con la avenida Diagonal / METRÓPOLI
La calle que se ha puesto de moda entre los foodies en Barcelona: una ruta gastronómica con propuestas creativas y terrazas arboladas
Esta arteria barcelonesa se ha transformado en el epicentro culinario de la ciudad, atrayendo a chefs, grupos de restauración y amantes de la buena mesa
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La ciudad de Barcelona siempre se ha caracterizado por su enorme efervescencia culinaria, pero en los últimos meses hay una vía que ha logrado destacar por encima del resto.
La calle Enric Granados, situada en el mismísimo corazón del distrito del Eixample, ha dejado de ser una simple arteria residencial para transformarse en el gran polo gastronómico de la capital catalana.
Esta calle peatonal, que combina a la perfección la majestuosidad de la arquitectura modernista con un entorno arbolado y tranquilo, se ha convertido en el refugio predilecto para los amantes de la buena mesa, conocidos popularmente como foodies.
Una terraza sobre la acera en Enric Granados / METRÓPOLI
Un modelo urbano que favorece el ocio y la restauración
El éxito rotundo de esta zona no es fruto del azar. La progresiva transformación urbana de la calle, que ha priorizado el tránsito de los peatones y ha limitado de forma drástica el tráfico rodado, ha generado un ecosistema ideal para el sector de la hostelería.
Esta pacificación ha permitido a los locales asentar y mejorar sus terrazas, creando espacios al aire libre altamente demandados.
De este modo, se ha configurado un ambiente relajado y sumamente atractivo que invita a los ciudadanos y a los turistas a pasear, sentarse y disfrutar de la ciudad sin prisas.
Fusión de cocina mediterránea, vanguardia y producto local
La clave del magnetismo de Enric Granados reside en su inmensa y cuidada variedad culinaria.
En un agradable paseo de apenas unos bloques, los comensales pueden sumergirse en propuestas completamente distintas.
Dos terrazas de la calle de Enric Granados / METRÓPOLI - JORDI SUBIRANA
Por un lado, triunfan los restaurantes de cocina mediterránea contemporánea, donde talentosos chefs apuestan por reinterpretar el recetario tradicional catalán aplicando las técnicas más actuales.
En estos fogones, el producto fresco, de temporada y de proximidad es el protagonista indiscutible de cada plato.
Por otro lado, la calle alberga atractivas propuestas de inspiración internacional y espacios que fusionan conceptos clásicos con formatos más modernos.
Esta riqueza de opciones permite que los visitantes recorran la zona diseñando su propia ruta, probando diferentes locales o regresando semana tras semana para descubrir cartas que, en su mayoría, son dinámicas y cambian según la temporada.
Un imán para el talento y los grandes grupos hosteleros
El prestigio que ha ido adquiriendo Enric Granados en el mapa de la ciudad ha provocado un evidente efecto llamada entre los chefs emergentes y los grupos de restauración más potentes del país.
Una terraza de Enric Granados / METRÓPOLI
Abrir las puertas de un restaurante en esta ubicación supone, a día de hoy, posicionarse en uno de los escaparates culinarios más visibles y competitivos de Barcelona.
Este ecosistema de alta competencia obliga a los locales a mantener un estándar de calidad altísimo y a innovar de forma constante para sorprender al cliente.
Una experiencia sensorial que va más allá del plato
Finalmente, los establecimientos de esta vía han entendido que el público actual busca una experiencia sensorial completa.
La oferta ya no se limita a servir una buena comida. Muchos restaurantes invierten enormes esfuerzos en el diseño de interiores, apostando por iluminaciones cálidas, estéticas muy contemporáneas y atmósferas envolventes.
Además, la integración de coctelerías de autor y cartas de vinos minuciosamente seleccionadas convierte cada comida o cena en una experiencia total.