Samu Catalán, uno de los fundadores de Kevabrö Barcelona
Samu Catalán, el creativo detrás del kebab viral que conquistó a Lamine Yamal: "El producto está pensado para gustarle a todo el mundo"
En poco más de un año, el emprendedor turolense ha pasado de una idea improvisada a levantar una de las marcas de restauración más virales de Barcelona, basada en la calidad del producto y una identidad propia
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Hay negocios que nacen tras años de estudios de mercado y planes de empresa. Y luego está Kevabrö. Una marca que empezó como una broma, como un meme, y que apenas un año después suma tres locales en Barcelona, miles de seguidores en redes sociales y una comunidad que va mucho más allá de quienes simplemente buscan un kebab.
Fachada de uno de los locales de Kevabro en Barcelona Barcelona
Detrás está Samuel, Samu para todos, uno de los cuatro fundadores y la cara visible de una marca que ha convertido el marketing en una forma de construir comunidad, pero que insiste en que nada de eso tendría sentido sin un buen producto. "Puedes venir porque has visto un vídeo en TikTok y te ha hecho gracia, pero si el kebab no está bueno, no vuelves", resume.
Ese equilibrio entre contenido y cocina es, según él, la base del proyecto.
La propuesta pasa por mantener la esencia del producto, pero elevando la calidad de sus ingredientes. Su concepto logró atraer a Lamine Yamal, una de las estrellas del Mundial, hecho que provocó un gran 'efecto llamada'. "Nuestro producto está pensado para gustarle a todo el mundo", explica el cofundador.
Un camino lleno de intentos antes de encontrar el suyo
Samu no estudió marketing, ni empresariales, ni hostelería. Tampoco terminó Bachillerato. Su recorrido está hecho de decisiones a medias, cambios de rumbo y muchas pruebas.
Espejo de uno de los locales de Kevabrö Barcelona
Empezó diseño de producto. Lo dejó. Más tarde probó marketing. También diseño de interiores. Después cine. Ninguna de esas etapas llegó a completarse. Entre medias trabajó fregando platos en Escocia, pasó por la hostelería y acabó haciendo hamburguesas en Vicio mientras grababa vídeos por afición.
Fue precisamente uno de esos vídeos, un falso documental humorístico sobre cómo montar un kebab, el que años después acabaría dando nombre al negocio.
"Probando cosas te das cuenta de lo que realmente te gusta", explica. En su caso, crear contenido y construir universos alrededor de una marca.
El paso a trabajar para su proyecto
Ese trabajo llamó la atención de Nude Project, donde empezó a trabajar creando contenido. Más tarde pasó a hacerlo como freelance para distintas empresas. Pero tampoco era suficiente.
"Tenía libertad, pero siempre acababas haciendo lo que quería otra marca. Si no hacía un proyecto propio nunca iba a poder hacer exactamente lo que me diera la gana."
De una idea a un negocio real
La idea de abrir un kebab llevaba rondándole la cabeza desde hacía años, aunque nunca había pasado de ser una ocurrencia.
Interior de uno de los locales de Kevabrö Barcelona
Todo cambió cuando conoció al que hoy es el responsable del producto de Kevabrö. Junto a él, a su cuñado, que gestiona la parte financiera, y otro socio encargado también del área de marca, terminó formando el equipo fundador.
Antes de abrir el primer local recorrieron Barcelona probando kebabs. También viajaron a Estambul y Alemania para entender mejor el producto.
Fue precisamente en uno de esos locales de Barcelona donde encontraron lo que buscaban. El kebab les pareció excelente. La imagen del negocio, no.
"Pensamos: el producto está buenísimo, pero la marca da pena. Si juntamos este producto con la idea que tenemos, puede funcionar."
Convencer al propietario no fue inmediato. Tras meses de reuniones y presentaciones consiguieron incorporar a quien acabaría convirtiéndose en el responsable del producto.
"No queremos reinventar el kebab"
En un momento en el que proliferan versiones gourmet de prácticamente cualquier comida rápida, Kevabrö ha decidido ir en dirección contraria. No hay salsa de trufa, ni ingredientes extravagantes. "Estamos orgullosos de ser un kebab", defiende Samu. "No queremos reinventar nada".
Un dürüm con patatas de Kevabró Barcelona
Los trompos de ternera llegan desde Girona, el pan de los döner es de masa madre elaborado por un obrador, el pan del dürüm se prepara diariamente en un horno Tandoor, las verduras son de proximidad y las salsas se elaboran de forma casera. Por eso rechazan la idea de que su producto sea un "kebab gourmet". Tampoco comparten la tendencia de convertirlo en una versión sofisticada.
Para Samu, la mejor persona para hacer un kebab sigue siendo quien lleva generaciones preparándolo.
Mucho más que comida rápida
Cuando habla del kebab, Samu habla también de cultura. Cree que en España todavía existe "cierto estigma" asociado a este producto: comida barata, de mala calidad o pensada únicamente para las noches de fiesta. Su objetivo era precisamente desmontar esa idea
Para él, el kebab tiene algo que pocas comidas consiguen: "reúne a personas completamente distintas".
Barra de un local de Kevabrö en Barcelona Barcelona
Según comenta, en el primer local de Kevabrö es habitual ver aparcado un coche de alta gama junto a varios patinetes eléctricos. Entran ejecutivos, estudiantes, repartidores o jubilados. Todos piden exactamente lo mismo. "No hay clases sociales. Es un producto que une a la gente."
Esa idea también se refleja en el propio lema de la marca: un lugar al que acudir cuando uno tiene hambre y no quiere complicarse la vida.
La marca como forma de crear comunidad
Aunque el producto sea importante, Samu reconoce que buena parte del crecimiento de Kevabrö se explica por la construcción de una identidad muy reconocible.
Las redes sociales no sirven únicamente para anunciar nuevos productos. Sirven para crear un universo propio.
Por eso organizan colaboraciones con marcas de ropa, fiestas o colectivos con los que sienten afinidad. Han lanzado un bolso con forma de dürüm, acciones con festivales y colaboraciones con marcas como Jumpers o Terpy, siempre buscando que exista una relación natural entre ambas partes.
Espejo decorativo del interior del local de Kevabrö Barcelona
"No hacemos una colaboración para ganar seguidores. La hacemos porque nos representa." La autenticidad aparece constantemente en su discurso.
Rechazan seguir tendencias simplemente porque funcionan. "Nunca montaríamos un club de running", bromea. "Haríamos un club antirunning para jugar a la Play, comer kebab y tomar unas cervezas."
Crecer sin perder la esencia
En apenas un año han abierto tres establecimientos en Barcelona. El crecimiento, reconoce, trae nuevos problemas. Ya no se trata solo de cocinar o vender kebabs, sino de encontrar personas de confianza capaces de gestionar cada local sin que los fundadores tengan que estar presentes las veinticuatro horas del día.
Aun así, insiste en que no quieren crecer a cualquier precio. No tienen inversores externos y tampoco planean incorporarlos. "Si hemos montado esto para hacer las cosas a nuestra manera, meter un inversor sería volver a tener un jefe." Tampoco quieren convertirse en una gran cadena de restauración.
La idea es seguir creciendo, posiblemente llegar a ciudades como Madrid o Valencia, pero manteniendo aquello que consideran esencial: la autenticidad.
"Me gustaría que dentro de diez años alguien piense simplemente: 'Vamos a comernos un buen kebab'... y piense en Kevabrö"; concluye Samu.