Amir en el Shawarma Haifa

Amir en el Shawarma Haifa SIMÓN SÁNCHEZ SERRANO Barcelona

Gastro

El nuevo restaurante palestino que atrae al público local y arrasa en el Eixample: "Hacemos auténticos shawarmas, no kebabs"

Su propietario, un hombre de mediana edad con una larga trayectoria en la restauración en la capital catalana, decidió hacer algo diferente y homenajear a su propia historia, que empezó en Haifa

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El trompo gira sin pausa en el centro del local. La carne, dorándose lentamente, desprende un aroma que lo impregna todo.

La luz cálida envuelve el espacio y suaviza el bullicio. En las paredes, fotografías de Haifa observan en silencio: el mar, las calles, la vida cotidiana de una ciudad que hoy se convierte en memoria trasladada.

La decoración palestina no es un recurso estético, es una declaración. Aquí, cada elemento habla de origen y de identidad.

Fachada de Shawarma Haifa

Fachada de Shawarma Haifa SIMÓN SÁNCHEZ SERRANO

Una cocina abierta, una cultura expuesta

No hay puertas que separen la cocina del cliente. Todo ocurre a la vista: el pan se estira, se hornea, se infla; la carne se corta directamente del trompo; las verduras se preparan al momento. El horno abierto añade calor y presencia, como un recordatorio constante de que aquí todo se hace desde cero.

El equipo refleja esa misma transparencia. Hay acentos de Siria, Líbano, Marruecos y Palestina, desde Gaza hasta otras ciudades, mezclándose con el catalán y el castellano. No es una coincidencia, es una decisión.

Cocina de Shawarma Haifa

Cocina de Shawarma Haifa SIMÓN SÁNCHEZ SERRANO

“Para atender bien a la gente necesitas de todo”, explica Amir, encargado del restaurante en conversación con Metrópoli. En la cocina, quienes dominan las recetas son palestinos; en sala, la diversidad lingüística permite que cualquiera se sienta bienvenido.

Amir: entre Haifa, Madrid y Barcelona

Amir tiene 32 años y lleva cinco en España. Antes de Barcelona, pasó por Madrid. Su historia no está cargada de épica en su manera de contarla, pero sí de recorrido. Llegar hasta aquí ha sido un proceso de adaptación, aprendizaje y trabajo constante.

Decoración de Shawarma Haifa

Decoración de Shawarma Haifa SIMÓN SÁNCHEZ SERRANO

Desde hace unos ocho meses, forma parte de Shawarma Haifa, un proyecto que abrió el 1 de julio. Cuando habla del inicio, lo resume con una mezcla de sorpresa y satisfacción: “Ha funcionado muy bien”. No había ingenuidad, pero sí expectativa. Sabían que traían algo distinto, algo que no existía en la ciudad de esa manera: un restaurante palestino fiel a su cultura.

La idea de Haifa: del recuerdo al negocio

El origen del local está en su propietario, alguien con una larga trayectoria en la restauración en Barcelona. Tras más de 30 años y decenas de restaurantes, decidió hacer algo diferente: mirar hacia su propia historia. Haifa, su ciudad, se convirtió en el eje del proyecto.

De ahí el nombre, la decoración, el concepto. No es una reinterpretación moderna ni una fusión: es una reproducción consciente de una manera de hacer. “Es algo de su pueblo, de su ciudad”, explica Amir. En una ciudad saturada de propuestas gastronómicas, la autenticidad se convierte en valor diferencial.

"No tiene nada que ver con otros locales, hacemos shawarmas, no kebabs"

No es kebab: es shawarma

Amir insiste en una idea clave: esto no "tienen nada que ver" con lo que se preapra en otros locales que, aparentemente, son similares. “Es más shawarma que kebab”, dice, marcando una distancia clara.

La diferencia está en el proceso. Aquí no se compra nada preparado: la carne se selecciona y se marina, el pan se hace en el local, las verduras son frescas, las salsas caseras.

un shawarma en el restaurante Haifa de Barcelona

un shawarma en el restaurante Haifa de Barcelona SIMÓN SÁNCHEZ SERRANO

El resultado no es solo una cuestión de sabor, sino de filosofía. Todo responde a una lógica de producto cuidado, de elaboración propia, de cocina honesta. “Es algo más casero, más acogedor”, resume. Y esa intención se percibe en cada detalle, desde la textura del pan hasta el corte de la carne recién hecha.

A pesar de la calidad del producto, los precios son muy ajustados. Con entrantes que rondan los 4 euros y shawarmas de calidad por 7 euros. "Se nota que la carne es de calidad", dicen los clientes que lo prueban por primera vez.

El boca a boca que lo cambió todo

El crecimiento del local no siguió una estrategia convencional. No hubo grandes campañas ni una apertura mediática planificada. “La gente hizo más publicidad que nosotros”, reconoce Amir. En las primeras dos semanas, el impacto fue inmediato: un “boom extraordinario”.

Clientes que grababan vídeos, influencers que acudían atraídos por la novedad, curiosos que entraban al ver la cocina abierta. El efecto fue orgánico, casi espontáneo. “No sabemos exactamente qué pasó”, admite. Pero el resultado es evidente: hoy, alrededor del 70% de la clientela es local.

Redes sociales y comunidad

Aunque el fenómeno fue en gran parte natural, las redes sociales jugaron su papel. Amir empezó a generar contenido en TikTok antes incluso de la apertura, conectando con la comunidad palestina y árabe. Eso despertó curiosidad y creó una base inicial de interés.

Restaurante Shawarma Haifa

Restaurante Shawarma Haifa SIMÓN SÁNCHEZ SERRANO

A partir de ahí, el crecimiento fue autónomo. “La gente venía y hacía vídeos sin que lo pidiéramos”, explica. El local se convirtió en tendencia: por su estética, por su concepto de dos plantas, por su carácter accesible para familias. La combinación de autenticidad y visibilidad digital hizo el resto.

Más que comida: mostrar una cultura

Para Amir, el proyecto va más allá de lo gastronómico. En los últimos años, la percepción de Palestina ha estado marcada por el conflicto. “La gente solo sabía de guerras”, dice. Ahora, muchos clientes llegan con curiosidad, con ganas de entender algo más.

La comida se convierte en puerta de entrada. A través del hummus, el falafel o el shawarma, se abre una conversación sobre cultura, costumbres y vida cotidiana. “Estoy muy orgulloso de poder mostrar esto de otra manera”, afirma. No es solo servir platos, es ofrecer contexto.

Un espacio de encuentro multicultural

Barcelona facilita ese intercambio. Amir lo tiene claro: es una ciudad abierta, acostumbrada a la diversidad. Él mismo se ha sentido acogido desde su llegada, incluso más de lo que esperaba. Y eso se refleja en el perfil de los clientes.

Amir en el Shawarma Haifa

Amir en el Shawarma Haifa SIMÓN SÁNCHEZ SERRANO

No hay un público único. Hay comunidad árabe, sí, pero también catalanes, españoles y personas de múltiples orígenes. “Recibo gente de todas las culturas cada día”, dice.

Orgullo, trabajo y futuro

A nivel personal, Amir no esconde lo que significa este proyecto para él. “Me siento feliz”, dice con sencillez. Agradece la oportunidad de poder representar su cultura y hacerlo, además, en un entorno donde es valorada.

Sobre el futuro, no hay certezas cerradas, pero sí intención de continuidad. Mantener la calidad, seguir creciendo, quizá incorporar novedades. “Puede haber sorpresas”, deja caer. Mientras tanto, el objetivo es claro: sostener lo que ya han construido.

El sabor como identidad

Al final, todo vuelve al plato. El shawarma se sirve caliente, recién cortado, con el pan aún tierno. Cada ingrediente cumple su función sin imponerse. El equilibrio es preciso.

Pero lo que queda no es solo el sabor. Es la sensación de haber participado en algo más amplio: una historia, una cultura, una forma de entender la comida. En Shawarma Haifa, el fuego no solo cocina; también conserva memoria.