Clientes de Casa Leopoldo en una imagen de archivo

Clientes de Casa Leopoldo en una imagen de archivo Cedida a Metrópoli

Gastro

Bruno Balbás, el último gestor de Casa Leopoldo: “El restaurante habría sido un éxito en Madrid”

El fundador del grupo de restauración Banco de Boquerones reflexiona sobre los nuevos hábitos de consumo en Barcelona y la transformación del barrio que lo vio crecer

Goteo de cierres históricos en el Raval: rentas, degradación y nuevos hábitos amenazan a sus restaurantes

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“En Barcelona nos hemos vuelto unos modernos”, sentencia Bruno Balbás en conversación con Metrópoli. Hace dos años el empresario barcelonés asumió la gestión del restaurante Casa Leopoldo con el objetivo de devolver a sus orígenes uno de los grandes símbolos gastronómicos del Raval.

No era tarea fácil y, aunque los primeros meses invitaron al optimismo, finalmente el restaurante cerró sus puertas el pasado domingo 28 de junio. “Ha llegado el fin de la gastronomía tal y como la entendíamos”, lamenta el fundador de Banco de Boquerones, el grupo de restauración al que pertenece Casa Leopoldo.

Balbás también gestiona los históricos Casa Rafols, Can Framis o Casa Lolea, entre otros.

Cambio de hábitos

“Ahora los jóvenes no están dispuestos a dedicar mucho tiempo a comer. Buscan formatos más rápidos y con opción de compartir, como los bares de tapas”, explica a este medio. Precisamente, este tipo de locales ha proliferado en el Raval, donde –en palabras del empresario– “erróneamente apostamos por un modelo de primero, segundo, postre, una sobremesa de dos horas y camareros con pajarita”.

Camarero de Casa Leopoldo en una imagen de archivo

Camarero de Casa Leopoldo en una imagen de archivo Cedida a Metrópoli

Esto ya no funciona. Al menos, no en Barcelona. O así lo cree Balbás, convencido de que, en Madrid, Casa Leopoldo habría sido un éxito. “Este tipo de restaurante, más castizo, encaja muy bien con los madrileños, que buscan una comida larga, una buena copa y una sobremesa”, sostiene.

En la capital catalana, sin embargo, predominan otros hábitos de consumo que, a ojos del barcelonés, no encajan con la propuesta de este tipo de restaurantes. “Quizás esto solo pueda mantenerlo Botafumerio”, añade.

“La vida se ha encarecido y eso también se nota en el bolsillo de los clientes. Quedan menos para tomar algo y, cuando lo hacen, reducen el tiempo que dedican en una cuarta parte”, apunta. Las costumbres también son otras, añade. “Antes la gente iba a comer a un restaurante durante dos horas y salía de la oficina a las 19:00 horas. Ahora las nuevas generaciones comen deprisa una ensalada que compran en una macropanadería y a las 17:00 horas ya se van a casa”, afirma Balbás.

Para el CEO de Banco de Boquerones, la ciudad atraviesa un cambio de ciclo que refleja una nueva manera de entender la restauración. Por eso, confía en que quien tome el relevo sepa actualizar la propuesta y consiga que Casa Leopoldo llegue con vida a su centenario, en 2029.

Territorio comanche

Otro de los factores que, según Balbás, ha impedido que Casa Leopoldo pudiera seguir adelante en Barcelona es su ubicación. “Al Raval le han puesto el sambenito de mal barrio”, lamenta. Esto ha provocado, a su juicio, que muchos barceloneses hayan dejado de frecuentar la zona y, aunque reconoce que “a nivel cultural es brutal”, considera que ese atractivo ya no es suficiente.

“Vemos a las mafias pasear por el barrio”, denuncia. A su entender, esta situación ha generado un clima de inseguridad del que huyen tanto los barceloneses como los turistas. De hecho, Balbás asegura que cada vez más hoteles recomiendan a los visitantes evitar el Raval y alojarse en otras zonas de la ciudad. “Deberíamos hacer un ejercicio de embellecimiento del barrio”, plantea el restaurador, “y dejar de hablar mal de él”.

Bruno Balbás, fundador de Banco de Boquerones, en Casa Leopoldo (a la derecha)

Bruno Balbás, fundador de Banco de Boquerones, en Casa Leopoldo (a la derecha) Cedida a Metrópoli

En este ejercicio, sostiene el empresario, desempeña un papel importante el Ayuntamiento de Barcelona. Balbás cree que el gobierno tendría que impulsar una normativa urbanística ad hoc a la imagen del barrio, respetando sus orígenes medievales y su patrimonio histórico.

“Se deberían haber conservado mejor las fachadas y los edificios. Sin embargo, se ha permitido la implantación de una ley muy laxa que ha favorecido la proliferación de supermercados 24 horas, locales de kebabs y tiendas de móviles sin ningún criterio estético ni integración con la imagen del barrio”, denuncia.

El Soho de Londres

Este proceso que propone Balbás es similar al que se impulsó en las Olimpiadas del 92. “Entonces se dignificó mucho toda esta zona y parecía que iba a convertirse en el Soho de Londres”, explica. Sin embargo, se quedó en eso, en un intento.

Ahora, sostiene el fundador de Banco de Boquerones, solo bajan al barrio los más alternativos. “Cuando tenía 20 años, mis padres me decían: ‘Sobre todo, no vayas más abajo de plaza Catalunya’. Pero éramos aventureros y no hacíamos caso. Ahora ya no baja nadie”, relata. “Se ha convertido en territorio comanche”, concluye.