Calabaza con queso en una imagen de archivo

Calabaza con queso en una imagen de archivo Canva

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Carmen, cocinera: “La calabaza más rica del otoño no se hace en crema: la corto fina y la preparo con 80 gramos de queso y un puñado nueces”

Esta hortaliza es uno de los ingredientes estrella de la temporada, pero no siempre tiene que terminar convertida en puré: asada y acompañada de queso y nueces puede convertirse en una cena sencilla, vistosa y mucho más especial de lo que parece

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La calabaza es uno de los ingredientes estrella del otoño, pero no siempre tiene que terminar convertida en crema. Asada, cortada muy fina y acompañada de queso y nueces puede convertirse en una cena sencilla, vistosa y mucho más especial de lo que parece.

Carmen, cocinera en un restaurante de Barcelona, propone precisamente aprovecharla de esta forma: cortarla en láminas finas, asarla hasta que quede tierna y ligeramente dorada y terminarla con queso, nueces y un buen aliño.

“La calabaza tiene muchísimo sabor cuando se asa. No hace falta cubrirla con salsas ni triturarla. Si la cortas fina y consigues que se caramelice un poco por los bordes, ya tienes medio plato hecho”, explica.

La combinación funciona porque reúne varios contrastes: el dulzor natural de la calabaza, la parte salada y cremosa del queso y el toque crujiente de las nueces.

El truco está en cortarla fina

Para Carmen, uno de los errores más habituales al preparar calabaza al horno es cortarla en trozos demasiado grandes.

“Si haces dados muy gruesos, tardan más en cocinarse y muchas veces se quedan simplemente blandos. A mí me gusta cortarla bastante fina porque así se dora mejor y tiene más sabor”, señala.

La idea no es hacer chips, sino láminas de unos pocos milímetros de grosor.

Pueden colocarse ligeramente superpuestas en una bandeja, añadir aceite de oliva, sal y pimienta y llevarlas al horno hasta que estén tiernas y empiecen a tostarse en los extremos.

“Cuando ves que los bordes empiezan a dorarse, ahí está el punto bueno. La calabaza queda dulce por dentro pero tiene zonas un poco más tostadas que le dan muchísimo sabor”, explica la cocinera.

Aceite de oliva

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Queso para equilibrar el dulzor

La calabaza tiene un sabor naturalmente dulce, así que Carmen recomienda acompañarla con un queso que aporte contraste.

“Puedes usar feta, queso de cabra o incluso un queso azul si te gusta algo más potente. Lo importante es que tenga un punto salado”, explica.

Una de las combinaciones más fáciles consiste en repartir queso feta desmenuzado sobre la calabaza cuando sale del horno.

También puede utilizarse queso de cabra en pequeños trozos o lascas de parmesano.

“No hace falta poner mucha cantidad. La idea es acompañar a la calabaza, no taparla”, apunta Carmen.

Queso feta en una imagen de archivo.jpg

Queso feta en una imagen de archivo.jpg

Las nueces cambian completamente la textura

El tercer ingrediente fundamental son las nueces.

Según Carmen, conviene tostarlas brevemente antes de incorporarlas al plato.

“Cinco minutos en una sartén sin aceite son suficientes. Cuando las nueces están ligeramente tostadas tienen mucho más aroma y quedan más crujientes”, explica.

Después basta con trocearlas de forma irregular y repartirlas por encima.

El contraste entre la calabaza tierna, el queso cremoso y las nueces crujientes convierte una preparación muy sencilla en un plato mucho más completo.

Un aliño muy sencillo

Para terminar el plato, Carmen propone un aliño básico de aceite de oliva virgen extra y un toque de acidez.

“Puedes poner unas gotas de limón o un poco de vinagre. Incluso un vinagre balsámico funciona bien porque combina muy bien con la calabaza”, señala.

También admite una pequeña cantidad de miel si se busca un resultado más dulce, aunque la cocinera insiste en utilizarla con moderación.

“La calabaza ya tiene dulzor. La miel tiene que ser solo un detalle.”

Unas hojas de rúcula, canónigos o espinacas baby pueden añadirse al final para transformar la preparación en una ensalada templada.

Imagen archivo de miel cayendo en un cazo

Imagen archivo de miel cayendo en un cazo PEXELS

Una cena fácil con pocos ingredientes

La receta puede prepararse con apenas cuatro ingredientes principales: calabaza, queso, nueces y aceite de oliva.

Para dos personas, Carmen recomienda utilizar aproximadamente media calabaza pequeña, unos 80 gramos de queso y un puñado de nueces.

La calabaza se corta en láminas finas, se coloca en una bandeja con aceite, sal y pimienta y se asa a unos 200 ºC hasta que esté tierna y ligeramente dorada.

Mientras tanto, se tuestan las nueces en una sartén.

Cuando la calabaza sale del horno, se reparte el queso por encima, se añaden las nueces y se termina con aceite de oliva y unas gotas de limón o vinagre.

“Es una de esas recetas que parecen más elaboradas de lo que realmente son. El horno hace casi todo el trabajo”, resume Carmen.

Una forma distinta de comer calabaza en otoño

Durante los meses fríos, la calabaza suele asociarse automáticamente a cremas, purés y sopas.

Pero Carmen defiende que asarla permite disfrutar mucho más de su textura y de su sabor.

“Cuando la trituras, todo queda uniforme. Aquí tienes partes tiernas, otras ligeramente tostadas, el queso cremoso y las nueces crujientes. Es mucho más divertido de comer”, explica.

Además, la receta se puede adaptar fácilmente con lo que haya en casa: avellanas en lugar de nueces, queso de cabra en lugar de feta o incluso unas semillas tostadas.

La idea fundamental, para Carmen, es sencilla: cortar la calabaza fina, dorarla bien y acompañarla con algo salado y algo crujiente.

Una receta con pocos ingredientes, muy de temporada y suficientemente elegante como para convertir una hortaliza humilde en una cena de otoño con aspecto de plato de restaurante.