La plaza del Sol de Gràcia es un espacio idílico para jóvenes y familias que quieren reunirse a charlar y tomar algo. En una mesa u en el suelo. Sin embargo, los vecinos que viven en la plaza no lo ven tan mágico. De hecho, están hartos. El Ayuntamiento de Barcelona lleva varias legislaturas intentando poner fin al conflicto de ruidos e incivismo. Recopilamos todas las medidas que se han probado para acabar con el botellón en la plaza. Desde la limpieza al nuevo parque infantil que ha impulsado el regidor del Distrito, Eloi Badia.

PRESENCIA POLICIAL Y LIMPIEZA

Una de las primeras medidas que se impulsaron hace varios años fue la presencia de agentes en el espacio. Aunque, a decir verdad, durante el día no se oponen a la vida en la plaza. Eso sí, durante la noche acceden dentro con un coche de patrulla y es entonces cuando la gente empieza a marcharse. Asimismo, después de eso, decidieron adelantar el horario de limpieza nocturna. En cuanto cierran las terrazas vacían la plaza a base de manguera.

SONÓMETROS

Este verano, 25 vecinos se armaron con sonómetros, gracias a Making Sense, un proyecto de investigación que financia la Unión Europea. Fue entonces cuando corroboraron sus sospechas: los ruidos –día y noche– superaban los 100 decibelios. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el límite máximo recomendable durante el día es de 60-65 dB. Por encima de este umbral, la salud empieza a resentirse y se sufre estrés y ansiedad.

La historia no terminó ahí. En la última Audiencia Pública de Gràcia de 2017, en la que Metrópoli Abierta estuvo presente, una vecina de la plaza reiteró el tema de los ruidos que, según afirmaba, “sigue superando los decibelios máximos establecidos”.

LA PÉRGOLA

A principios de octubre, el Ayuntamiento empezó las obras para retirar uno de los elementos más conflictivos del espacio, como es el caso de la pérgola, que ha desparecido para dar lugar a un pórtico, un elemento estético en forma de marco.

LAS JARDINERAS

Una de las últimas actuaciones del Ayuntamiento que lidera Ada Colau fue instalar jardineras decorativas en las escaleras de la plaza que dan a la calle Maspons. El objetivo es evitar que la gente se siente y así reducir el impacto del ruido. Según ha podido saber Metrópoli Abierta, la medida no ha causado buena impresión entre algunos vecinos. “Las plantas no impedirán que nos juntemos en la plaza”, ha confesado uno, riendo. Otros creen que pueden provocar caídas, puesto que el acceso a la plaza desde ese lado es más reducido. Además, algunos vándalos las han destrozado en varias ocasiones.

AHORA, EL PARQUE INFANTIL

Ahora, en otro intento más para rebajar las tensiones, el regidor Eloi Badia ha aprobado la instalación de un parque infantil con el fin de “potenciar el uso diurno de la plaza”. Algo parecido se probó desde mayo hasta finales de julio del año pasado: se trataba de un quiosco con juegos de quita y pon para que niños y niñas se divirtieran por las tardes.

Este futuro parque estará integrado por elementos móviles o desmontables para compatibilizarlo con otras actividades culturales que normalmente tienen lugar en el emplazamiento. La nueva medida –cuyos detalles aún deben definirse más– la han sacado adelante con la colaboración de los vecinos con quienes el Distrito se reúne de forma periódica. Estos han valorado positivamente la noticia pero aún reclaman más medidas. No les parece suficiente.

En los siguientes encuentros con los vecinos pondrán sobre la mesa los horarios de cierre de las terrazas –otro dilema– y el de la limpieza. Los vecinos, por su parte, también proponen que se cubran las escaleras que conectan con el parking porque según afirman se utilizan como baños durante la noche. Habrá que ver cómo encara el consistorio de Colau esta situación durante el verano, que es cuando empieza el ruido intenso de verdad.

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