Bellvitge es un barrio forjado en las tripas de la lucha vecinal. Con un pasado turbio y convulso, con quinquis y mucha droga. Construido en apenas 10 años (1965-1975) para alojar a los inmigrantes que llegaban a Cataluña en busca de trabajo, los vecinos frenaron la construcción descontrolada de bloques de viviendas, rodeados de tierra y sin servicios ni infraestructuras básicas. Hoy, el orgullo de las conquistas vecinales quiere enterrar para siempre el estigma social de ser un barrio conflictivo, surgido en los años 80 a raíz de la delincuencia juvenil de la periferia barcelonesa, que también salpicó a este barrio de l’Hospitalet de Llobregat.

Con 24.427 habitantes, Bellvitge delimita el sur del segundo municipio catalán más poblado (261.068 habitantes), después de Barcelona. Separados por las vías del tren, Bellvitge y el Gornal constituyen el Distrito VI de la ciudad. Al llegar, desde la rambla de la Marina, cerca de 70 bloques de viviendas uniformes se imponen en diversas hileras a ojos del visitante.

En 1975, los vecinos lograron frenar la proliferación de nuevos edificios. El presidente de la Asociación de Vecinos Bellvitge, Roque Fernández, de 75 años, recuerda los sabotajes a las máquinas y grúas y los enfrentamientos a pedradas con la policía. “Aquí se ha conquistado todo palmo a palmo. Nadie nos ha regalado nada”, comenta.

TEJIDO ASOCIATIVO

La histórica sede de la entidad se ubica encima del mercado municipal, en el centro del barrio. La planta superior del edificio acoge a decenas de asociaciones, una muestra del fuerte tejido asociativo del barrio, orgulloso de haber conseguido las primeras escuelas y el centro de salud a golpe de protestas en la calle a finales de la década de los 70.

Bellvitge, en una imagen de los años 70.



“Bellvitge es un barrio con un sentido de pertenencia enorme. Todo el que ha podido quedarse en el barrio lo ha hecho”, explica Cris Plaza, regidor socialista del Distrito VI. Su amplio despacho se encuentra en la biblioteca del barrio, un moderno edificio acristalado que rompe con el paisaje uniforme de los bloques de viviendas. Plaza, que vive en el mismo edificio donde creció de niño, presume de las grande plazas y espacios para el peatón. "Bellvitge es una gran supermanzana”, señala en alusión al modelo urbanístico implantado en Barcelona, que limita mucho el tráfico.

'PERROS CALLEJEROS'

En los 80, Bellvitge no se libró de las bandas de delincuentes juveniles, nacidas al calor del boom de la heroína en la periferia de Barcelona e idolatradas en películas como Perros Callejeros, la trilogía que narraba las fechorías de El Torete, rodada en parte en estas calles del sur de la ciudad. Fernández recuerda con desagrado el rodaje. Como él, los vecinos más veteranos creen que el film contribuyó a generar un estigma negativo del barrio.

Roque Fernández y Vicente Jorge, en la Asociación de Vecinos Bellvitge.



Antonio Iglesias, uno de los socios del restaurante La Flama, coincide con Plaza y la mayoría de vecinos en describir un barrio “tranquilo y seguro”, muy lejos de su inicio, bastante más turbulento. “Aquí en los 70 se vendía mucha droga”, recuerda. “Teníamos muy mala fama, algunos taxistas se negaban a venir”, apunta otro vecino histórico del barrio, Vicente Jorge (74 años), miembro de la asociación de vecinos. Esa época, sin embargo, terminó hace tiempo.

Desde el Centre d'Estudis de l'Hospitalet de Llobregat, su presidente Manuel Domínguez, señala el "estigma de barrio" que provocaba que mucha gente se avergonzara. Este profesor de secundaria matiza que la realidad no era peor que en otros barrios de la periferia. "La heroína jugó un papel terrible y empujó a mucha gente a necesitar mucho dinero", explica. En el barrio hubo atracos, sigue, pero como también había en otras zonas de l'Hospitalet y de Barcelona. 

UN BARRIO SEGURO

Hoy, Bellvitge entierra su pasado más conflictivo. Que es un barrio confortable y seguro lo corrobora, también, Esquerra Republicana, el partido de la oposición en l'Hospitalet, gobernada por el PSC desde el inicio de la democracia. “Es uno de los barrios con mejor calidad de vida de la ciudad”, reconoce Antoni García, portavoz de ERC en el Ayuntamiento. Existen tirones de bolso puntuales como en el resto de barrios, pero el regidor de Distrito subraya la escasa intervención policial. En una reunión reciente, el concejal de Seguridad le transmitió a Plaza que en cuestión de seguridad Bellvitge es una "balsa de aceite".

Bloque de edificios en Bellvitge.



Las dos avenidas verdes del barrio, el paseo de Bellvitge y la rambla de la Marina, ofrecen grandes espacios para pasear. Ambas flanquean una gran plaza, decorada con motivo del 50º aniversario de la asociación de vecinos con un mensaje de “acogida” a los nuevos inquilinos del barrio. Estos amplios espacios son el premio de la batalla ganada de los vecinos contra los planes de las autoridades franquistas que preveían la construcción de 30 edificios más. Para Domínguez, disponer de estos lugares ayuda a entender la poca conflictividad y escasos problemas de convivencia en comparación con otros barrios como la Florida, mucho más congestionado.

BARRIO DORMITORIO

Tino Carrera y Clemen León, de 67 y 64 años, están al frente del restaurante El Rincón de León desde 1986. Como muchos vecinos, aplauden la gestión municipal de los gobiernos socialistas, pero echan en falta más actividad comercial. “Aunque se vive muy bien, es un barrio dormitorio. Antes había más comercios, pero la gente no compraba”, comenta León, que lo atribuye a la ubicación del barrio, rodeado de grandes áreas comerciales. “Solo hay una zapatería para 24.000 habitantes”, observa esta empresaria, junto a su marido, quien señala que hay poca juventud en el barrio.

Tino y Clemen, detras de la barra de su restaurante.



En 1975, Bellvitge registró el pico más alto de población con 30.659 personas. La cifra ha ido cayendo hasta los 24.427 vecinos actuales. Plaza discrepa del presidente de la AAVV, que señala el envejecimiento de un barrio con muy poca movilidad de vecinos. En los últimos tres meses, solo se han incorporado 12 vecinos, 5 de ellos, en Bellvitge. En 2018, el barrio contaba con 1.198 inmigrantes, una cifra pequeña al lado de Collblanc y la Torrassa que, con cifras de población similares, triplican el porcentaje de inmigración.

'HAY MUCHA GENTE JOVEN'

"Es un mito que sea un barrio envejecido, aquí hay mucha gente joven. La prueba es que no cierra ninguna escuela. De hecho, una de las nuevas propuestas durante este mandato es una nueva guardería", explica el regidor. En un barrio con mucha población mayor, uno de los principales retos para el Ayuntamiento es la instalación de nuevos ascensores en todos los bloques, ya que, actualmente, no paran en todas las plantas. El republicano García señala que es una propuesta que cuenta con el apoyo de todos los partidos.

Vecinos de Bellvitge trasladaron las protestas contra el cierre del CAP hasta Barcelona.



El barrio cuenta con nueve centros educativos (cuatro escuelas, tres centros concertados y dos institutos) y dos guarderías, y acoge la Feixa Llarga, la principal instalación deportiva de l'Hospitalet con dos campos de fútbol, uno de rugby, otro de béisbol y un polideportivo, que se verá ampliada próximamente con un nuevo campo mixto de béisbol y fútbol americano. 

LA INDUSTRIA, UN ESCUDO DURANTE LA CRISIS

En Bellvitge, la crisis económica golpeó con menos dureza que en otras zonas de la ciudad. Muchos residentes trabajaron toda su vida en grandes industrias que rodean el barrio y, en la actualidad, gozan de buenas pensiones de empresas como Seat, Seda y Acerinox. Unas jubilaciones, que en la fase más cruda de la recesión, sirvió para aliviar el efecto de la crisis a hijos y nietos. En 2016, el barrio contaba con una renda per cápita de 11.298 euros anuales y se ubica en la franja con rendas más altas, por encima de otros seis barrios de L'Hospitalet.

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