Personas desalojadas del antiguo Instituto B9 de Badalona acampan debajo de la salida 210 de la C-31, en el barrio de Sant Roc de Badalona.
Hartazgo vecinal bajo la C-31 de Badalona por el campamento de desalojados: "Criamos a nuestros hijos entre ratas"
Residentes de Sant Roc y El Remei denuncian que el problema de convivencia con los migrantes desalojados del B9 no ha terminado y aseguran que la situación se agrava cada día ante la falta de limpieza del entorno y recursos básicos
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El desalojo del antiguo instituto B9, entre El Remei y Sant Roc, no ha terminado. A pesar de que el dispositivo policial del 17 de diciembre fue todo un éxito, los vecinos de la zona no se sienten más seguros.
Especialmente aquellos que viven a escasos metros del puente de la C-31, donde se concentran a día de hoy decenas de los migrantes que tuvieron que abandonar el complejo okupado.
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Son residentes que ya convivían antes con una situación que definían y definen como “inhumana” porque el B9 tan solo se encontraba a unas manzanas de donde actualmente pernoctan los desalojados. Pero ahora se ven obligados a alzar, una vez más, la voz.
Degradación e inseguridad
Estos vecinos han denunciado a Metrópoli la degradación del entorno y la inseguridad persistente pese a la actuación policial y municipal.
“Estos días nuestros calles están ocupadas por personas ebrias, gritando y asustando a los vecinos. Nuestros hijos no pueden caminar tranquilos”, han lamentado residentes del barrio del Remei, que aseguran que los episodios de tensión se repiten de forma habitual, especialmente de noche y durante los días de mercadillo.
"Nadie habla de lo que supone para todos"
Una de las vecinas, cuya vivienda da directamente bajo el puente, ha explicado a este medio que el problema va mucho más allá de la presencia de personas sin hogar.
“Dan mucha pena y merecen ayuda, ir a albergues y tener una salida digna. Pero mientras están aquí, nadie habla de lo que supone para todos”, ha relatado. Según su denuncia, la acumulación de basura, restos de comida, ropa abandonada y excrementos humanos ha convertido el entorno en un foco insalubre.
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"Hay pis, cacas y sangre en el suelo"
“No se puede tirar nada a la basura porque obviamente viven en la calle y hacen allí sus necesidades. Hay pis, cacas, sangre en el suelo. Ya había ratas antes, pero ahora no quiero ni imaginar cómo malviven ahí”, ha explicado la misma vecina, que prefiere no dar su nombre real.
Una situación que, ha asegurado, se agrava con el paso de los días y ante la falta de limpieza constante y de recursos básicos como baños portátiles.
Convivencia complicada
La convivencia se ha vuelto especialmente complicada para las familias con niños. “Tengo dos peques y tenemos que irnos lejos para tirar la basura. No es solo incomodidad, es salud. Estamos criando a nuestros hijos entre ratas”, ha denunciado la vecina, que asegura haber llamado en numerosas ocasiones a la Guardia Urbana y a los servicios municipales sin que la situación se resuelva de forma estable.
Uno de los desalojados del B9 de Badalona
Los afectados también han relatado episodios de violencia extrema. “Casi matan a un hombre debajo de mi casa. Llamé a la policía llorando. Le dieron una paliza brutal, pensé que estaba muerto. Se fue andando antes de que llegara la ambulancia”, ha explicado otra residente de Marquès de Mont-Roig.
A ello se suman intentos de robo, personas escondiéndose bajo coches y la presencia de menores implicados en algunos incidentes, según los testimonios.
Actuaciones "intermitentes"
Aunque la policía acude de forma puntual y dispersa a las personas que se concentran bajo el puente, los residentes han asegurado que la actuación es intermitente.
“Vienen un día, otro no. A veces los echan con la sirena y al rato vuelven. El mercadillo ahora se monta más los lunes y el descontrol es total”, han precisado.
Un "círculo de miseria"
Para los vecinos, el desalojo del B9 ha sido una solución parcial que no ha atacado el fondo del problema.
Denuncian que ni las personas sin hogar han recibido una alternativa estable ni el barrio ha recuperado la normalidad. “Esto es un círculo de miseria, enfermedades y abandono. O se mueren de frío o de algo que van a coger ahí. Y nosotros también estamos pagando las consecuencias”, ha concluido una de las afectadas.
Mientras el Ayuntamiento anuncia recursos y dispositivos, entre el Remei y Sant Roc la sensación es clara: el problema sigue ahí, bajo el puente, visible cada día desde las ventanas.