El nombre de Sergio Garrote Muñoz es ya sinónimo de superación y excelencia deportiva. A sus 44 años, el ciclista paralímpico de Viladecans acumula un palmarés de ensueño: cuatro medallas olímpicas (dos oros, una plata y un bronce) en los Juegos de Tokio y París.
Además, suma títulos mundiales, europeos y nacionales en la disciplina de handbike, el ciclismo adaptado que se impulsa con los brazos.
Lo que hoy es un palmarés al alcance de pocos comenzó, paradójicamente, en la oscuridad de un accidente laboral en la construcción allá por el año 2001. Aquella "piedrecita" en el camino, como él mismo la define, pudo haber enterrado su futuro, pero terminó convirtiéndose en el cimiento de una carrera deportiva que desafía las leyes de la lógica.
“Tuve un accidente derivado de un trabajo en la construcción, sufrí una lesión medular y pasé por un momento difícil", explica en una entrevista con Metrópoli. Su vida cambió por completo a partir de ese momento.
Sergio Garrote, ciclista paralímpico
"No vamos a endulzar nada que no haya sido amargo", relata. "Pero la vida continúa y te toca buscar tu lugar en el mundo”, añade Garrote.
Ese lugar lo encontró sobre las dos ruedas, aunque esta vez movidas por sus brazos, recuperando así una pasión que había dejado aparcada tras el accidente.
De estudiante de medicina a deportista de élite
En los primeros años tras la lesión, Garrote se centró en los estudios de medicina y criminología. Pero pronto el sedentarismo le pasó factura. “Me di cuenta de que no estaba cuidándome. El sedentarismo me estaba generando problemas de salud, así que decidí volver al deporte”, explica.
El punto de inflexión llegó casi por casualidad: mientras estudiaba, se cruzó en su vida una handbike. “Era un retornar a lo que fue mi vida como ciclista amateur antes del accidente, pero esta vez con los brazos. Nunca imaginé hasta dónde me llevaría”, recuerda. Lo que empezó como un hobby pronto se transformó en una carrera profesional.
Sergio Garrote, ciclista paralímpico de Viladecans
Tokio y París: tocar la gloria
El esfuerzo dio sus frutos. En Tokio 2020, unos Juegos marcados por la pandemia, Garrote alcanzó la gloria con un oro y un bronce, además de un meritorio quinto puesto en el Team Relay. Tres años después, en París 2024, no solo revalidó su éxito sino que lo mejoró.
“Tuve la fortuna, el trabajo y la disciplina para no solo repetir, sino superar lo logrado en Tokio. París me dio el segundo oro y también una plata. Viví una experiencia brutal”, recuerda.
Pese a sus éxitos y su condición de referente mundial, Garrote no se deja llevar por expectativas. “El deporte no es un contrato fijo. Una lesión puede retirarte de un día para otro. Por eso vivo meta tras meta, partido a partido, como dice Simeone”, señala. Su mentalidad es clara: cada prueba es un nuevo reto y el objetivo siempre es ganar, aunque sabe que los rivales persiguen lo mismo.
Sergio Garrote, ciclista paralímpico
Detrás de las medallas hay una dedicación absoluta. “Un deportista de élite vive 24 horas, siete días a la semana. Nutrición, descanso, entrenamientos… todo cuenta. No hablo de sacrificio, porque el sacrificio es algo impuesto. Yo hablo de renuncia voluntaria, de elegir este camino porque lo disfruto”, explica.
El componente mental es, según Garrote, tan importante como el físico. "Si no arreglas a la persona, no puedes ser buen deportista", asegura. "Primero eres ser humano, y si tu cabeza es un cajón desastre, no compites al máximo nivel. Por eso yo trabajo con psicólogos que me ayudan a mantener el equilibrio personal y deportivo", añade.
De la lástima al orgullo
Desde que empezó en la disciplina, Garrote también ha vivido en primera persona el cambio de percepción social hacia las personas con discapacidad. “Hace 25 años yo era Sergio el chico en silla de ruedas. Hoy he podido transformarlo en Sergio el campeón. Eso es algo que me llena de orgullo”, afirma.
“Lo notas sobre todo en los chavales jóvenes. Se paran a hacerse fotos contigo con ilusión, no con lástima. Para mí, eso significa que algo está cambiando en la sociedad”, añade.
Sergio Garrote, ciclista paralímpico con su perro
El ciclista destaca que la integración se está acelerando gracias a la convivencia en escuelas y a la educación en valores: “Los jóvenes ven a un paralímpico y a un olímpico en igualdad de condiciones. En generaciones mayores, la mentalidad aún es distinta, pero poco a poco la balanza se equilibra”.
Inspirar más allá del deporte
Más allá de su palmarés, Garrote es consciente del impacto que tiene su historia en la sociedad. “Yo sé que ayudo a más personas sin discapacidad que con discapacidad. Siempre digo lo mismo: no puedes hacer grandes cosas desde la infelicidad. Cree en ti mismo, proyecta tu vida desde la felicidad y lánzate a por ello, aunque el camino sea difícil”.
Con la mirada puesta en el futuro, Garrote no descarta llegar a los Juegos de Los Ángeles 2028, aunque sabe que nada está garantizado. Su filosofía es clara: paso a paso, prueba tras prueba. Mientras tanto, quiere seguir pedaleando con los brazos, demostrando que la fuerza de voluntad puede convertir una tragedia en una oportunidad.
Sergio Garrote, ciclista paralímpico durante la entrevista
“Lo que empezó como una piedrecita se ha convertido en una bola de nieve gigante. He ido sumando esfuerzo tras esfuerzo hasta llegar aquí. Y cuando miro atrás, solo puedo decir: todo ha merecido la pena”, concluye.
Igualdad en el podio
Uno de los temas que más defiende Garrote es la equiparación entre deportistas olímpicos y paralímpicos, tanto en el reconocimiento como en las becas y premios.
“El esfuerzo es exactamente igual. No equiparar los premios era una injusticia, una desigualdad. Afortunadamente, el Comité Paralímpico Español ha hecho un trabajo excelente y ahora las retribuciones son las mismas”, celebra.
En este sentido, el ciclista reconoce el papel clave del patrocinio privado. “El 80 o 90% de los recursos del Comité Paralímpico vienen de empresas privadas. Durante la pandemia hicieron un esfuerzo enorme para mantener las becas y eso nos permitió seguir compitiendo”, finaliza.
