Chayma Rachdi Mennana

Chayma Rachdi Mennana SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

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Chayma Rachdi, joven marroquí nacida en La Mina: "Vengo de una familia en que las mujeres siempre han sido independientes"

Entre Sant Adrià y Barcelona, la joven construyó su identidad con diferencias, solidaridad y vínculos entre comunidades, "enfrentando prejuicios y descubriendo quién es realmente"

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En el salón de su casa, Chayma Rachdi Mennana se mueve con familiaridad entre las mesitas de estilo árabe y una decoración simple, sin adornos innecesarios ni distracciones.           

Chayma nació y creció entre La Mina y el Besòs, barrios que han marcado la mayoría de sus recuerdos. Las calles estrechas, los portales compartidos y la cercanía entre vecinos se convirtieron en el primer escenario de su vida, un espacio donde aprendió a moverse entre historias ajenas y propias.

Chayma Rachdi Mennana durante la entrevista

Chayma Rachdi Mennana durante la entrevista SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Una forma de resistencia

Desde pequeña, siempre me sentí distinta”, recuerda en conversación con Metrópoli. “Aunque nací aquí, pese a ser española o catalana, nunca se me ha visto igual”, explica.

Esa sensación de "diferencia" la acompañó desde los primeros años: la conexión con la cultura de origen se convirtió en "una forma de resistencia", una manera de afirmar quién era frente a lo que otros siempre parecían señalar como “distinto”.

La diferencia se hacía aún más visible en la escuela. Allí, Chayma sufrió bullying por ser racializada: su apellido, su piel, sus rasgos despertaban pequeñas miradas cargadas de prejuicio y comentarios que, siendo niña, apenas podía comprender.

Infancia y resiliencia

La infancia de Chayma no estuvo marcada solo por la discriminación en la escuela, también estuvo teñida por un aprendizaje temprano de independencia y resiliencia, valores heredados de su familia paterna.

Chayma Rachdi Mennana mostrando fotos de su pasado

Chayma Rachdi Mennana mostrando fotos de su pasado SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

“Yo vengo de una familia en la que, sobre todo de parte de mi padre, las mujeres siempre han sido muy independientes. No es algo reciente: mis abuelas migraron solas dentro del país, mis primas son escritoras, profesoras, comerciantes… mi madre misma migró sola”, relata. 

Ese ejemplo le dio a Chayma un referente silencioso: podía explorar el mundo, aunque fuera temida o juzgada. Durante la adolescencia, su búsqueda de identidad se intensificó. Quiso entenderse a sí misma en otra cultura, así que pasó unos meses en Marruecos, convencida de que allí encontraría un espacio donde sentirse completa.

Fotos de Chayma Rachdi

Fotos de Chayma Rachdi SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

La realidad fue otra: se topó con un choque cultural que no esperaba, sintió discriminación hacia la “españolita” que venía de fuera. “Es irónico”, reflexiona, “aquí se reían de mí por ser árabe, y allí por ser española. Lo pasé muy mal y al final me volví de nuevo a España”.

Mucho en común

Chayma siempre ha sentido que tenía mucho en común con la comunidad gitana. “Siempre me sentí cercana a ellos”, dice, “porque, aunque nuestras historias no fueran iguales, compartíamos la sensación de ser diferentes, de ser observados”.

Chayma Rachdi en una de las cabinas desde donde llamaba a su familia en Marruecos

Chayma Rachdi en una de las cabinas desde donde llamaba a su familia en Marruecos SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Más allá de la estrecha relación de Chayma con el pueblo gitano, la joven asegura que su verdadero espacio "seguro" ha sido con la comunidad árabe y del norte de África del barrio.

"Hay comunidades de mujeres árabes que son una red de apoyo muy grande" cuenta la joven, refiriéndose a diferentes asociaciones y grupos de WhatsApp.

Adolescencia y viajes

El descubrimiento de sí misma se combinó con un aprendizaje acelerado del mundo. Los viajes y la universidad le abrieron puertas que su barrio no podía ofrecer: Polonia, Croacia, Francia, Atenas… Chayma enviaba fotos a su familia y ellos respondían con orgullo.

Chayma Rachdi Mennana en el Besòs

Chayma Rachdi Mennana en el Besòs SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

“Les iba enviando fotos: ‘Mira, ahora estoy en Polonia, ahora en Croacia, ahora en Francia, estoy en Atenas’. Eso me ayudó muchísimo durante la universidad, porque estudiaba, pero al mismo tiempo conocía el mundo, mejoraba mi inglés, conocía todo tipo de personas”.

Su activismo comenzó temprano y siempre estuvo vinculado a la identidad y a la comunidad. Empezó como mediadora intercultural y luego coordinó actividades en la Federación de Asociaciones Gitanas de Catalunya.

“Mi forma de empezar con el mundo de los derechos humanos fue con el pueblo gitano. Es curioso porque la asociación se llamaba intercultural, pero se dedicaba sobre todo al pueblo gitano”. A través de esa labor, viajó a campos de concentración, participó en formaciones de memoria histórica y trabajó de cerca con comunidades que compartían experiencias de discriminación similares a las suyas.

Activismo y comunidad

Su trabajo no se limitó a la comunidad gitana. También apoyó a personas migrantes en general, enfrentando las dificultades estructurales que las leyes y la burocracia imponían.

Chayma junto con el cuadro con el Corán que preside el salón de la casa familiar

Chayma junto con el cuadro con el Corán que preside el salón de la casa familiar SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

“Veía personas que solo querían trabajar, tener una vida normal. Personas con doctorados o que en su país dirigían ONGs… y aquí, no podían, porque no tenían permiso de trabajo. Tenían que esperar años, a veces más de seis, solo para poder regularizarse", explica.

Actualmente, la joven se dedica a la sensibilización antirracista a profesionales, así como a participar en charlas y congresos. Además, también acompaña a las personas en su proceso de denuncia segura.

Chayma Rachid paseando por una calle del barrio Besòs

Chayma Rachid paseando por una calle del barrio Besòs SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

A pesar de la intensidad de su trabajo, Chayma nunca ha perdido la perspectiva de la humanidad que lo sustenta. Habla de los niños con los que trabaja en barrios vulnerables, de cómo se sorprenden al verla, una joven racializada, impartiendo talleres o clases.

“Muchos se sorprendían: ‘Ostras… una chica racializada nos viene a dar un taller’. Eso me empezó a gustar mucho: poder hacer cosas con los más pequeños, darles referentes que yo misma no tuve”.

Chayma Rachdi reflejada en un espejo de su casa

Chayma Rachdi reflejada en un espejo de su casa SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Identidad y herencia cultural

La reflexión de Chayma siempre vuelve a la identidad y la memoria: a la herencia de culturas que conviven y se entrelazan. Recuerda que más allá de lo que muchas personas pueden pensar, hay una herencia compartida, olvidada o ignorada.

Chayma Rachdi en la puerta de su colegio en el Besòs

Chayma Rachdi en la puerta de su colegio en el Besòs SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Para Chayma, reconocer estas raíces compartidas es parte de entender quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser.

Hoy, sentada entre las mesitas árabes y el cuadro del Corán, mira atrás y reflexiona sobre una vida marcada por la diferencia, el activismo y la búsqueda constante de identidad. Cada paso, cada viaje, cada experiencia dolorosa o alegre ha construido un relato lleno de humanidad, de preguntas abiertas y de compromisos.