Agentes de la Policía Local de Esplugues y de los Mossos d’Esquadra en el lugar del crimen

Agentes de la Policía Local de Esplugues y de los Mossos d’Esquadra en el lugar del crimen EFE

Gran Barcelona

Las cenizas de la mujer asesinada en Esplugues regresan a China mientras crece la hipótesis terrorista

El padre, tras reunirse con el alcalde, incineró a su hija el pasado viernes y dos días después, el domingo 17 de mayo, regresó a China con los restos

La mujer asesinada llevaba solo un año en Barcelona: se dirigía a un restaurante cuando fue atacada

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Tres semanas después del brutal asesinato de una mujer china en el barrio de Finestrelles de Esplugues, todavía hay dudas sobre el móvil del crimen. Aunque en un principio se descartó la motivación yihadista, los Mossos d’Esquadra investigan ahora el caso como un posible atentado terrorista.

El detalle que ha provocado este giro en la investigación es la toalla que el asesino llevaba enrollada en el brazo izquierdo, un recurso de defensa improvisado para protegerse de los cortes. “Sabía a lo que iba, por eso se había preparado previamente”, apunta la acusación particular a Metrópoli, una tesis que resta fuerza a la hipótesis del brote psicótico planteada por el Govern desde el inicio.

Asesino de Esplugues, con un cuchillo a la derecha y una toalla sobre el brazo izquierdo

Asesino de Esplugues, con un cuchillo a la derecha y una toalla sobre el brazo izquierdo Cedida a Metrópoli

A esta línea de investigación se aferra el abogado de la familia de la víctima. “Si se demuestra que hubo premeditación, lo condenarán por asesinato, cuya pena puede alcanzar los 25 años de cárcel”, explica. Además, varios residentes aseguran que, en el momento del ataque, el hombre gritó: “Alá es grande”.

Otra de las señales que reforzarían esta teoría es la presencia del asesino en la zona días antes del crimen, tal como apunta él mismo. “Los vecinos de Finestrelles alertaron hasta en dos ocasiones –la última, el 13 de abril– de que este hombre recorría las calles empuñando un cuchillo de grandes dimensiones, llegando incluso a increpar a otra mujer”, explica. La policía de la localidad, sin embargo, niega a este diario que existan tales llamadas.

Tres escenarios

Ahora, la acusación baraja tres posibles escenarios. Si el juez dictamina que el atacante sufrió una crisis mental, ingresará en un centro psiquiátrico penitenciario. En caso de que sea condenado por homicidio, la pena oscilaría entre los 10 y los 15 años de prisión. Si se demuestra que existió una intención premeditada –basándose en la posible motivación yihadista y en el hecho de que frecuentó la zona días antes–, la pena podría ascender hasta los 25 años de cárcel.

“Lo más probable es que le caigan 15 años, aunque nosotros lucharemos para que se le imponga la pena máxima”, apunta la acusación particular. La investigación continúa bajo secreto de sumario.

Repatriar el cuerpo

Según ha podido saber este medio, el padre de la víctima llegó a Esplugues días después del crimen acompañado de su sobrina. Se reunió con el Ayuntamiento y, tras la incineración del cuerpo el pasado viernes, regresó el domingo 17 de mayo a China con las cenizas de su hija, que solo llevaba un año en Barcelona. El consistorio asumió los gastos de alojamiento y manutención de la familia, y les ayudó con los trámites burocráticos.

El alcalde, Eduard Sanz, junto con el concejal de Seguridad, Joan Marín; la concejala de barrio, Maribel Aguilera; el responsable de la Policía Local, Andrés Doblas, y el jefe de la comisaría de los Mossos d’Esquadra, Xavi Martín, también se reunió el 6 de mayo –cuatro días después del asesinato– con la junta de la asociación de vecinos para abordar los distintos problemas de seguridad que los residentes llevan tiempo denunciando.

El alcalde expresó su comprensión ante la preocupación vecinal; sin embargo, recordó que el barrio de Finestrelles no figura como una zona con incidencias destacadas según datos policiales.

Eduard Sanz, alcalde de Esplugues, durante una entrevista con Metrópoli

Eduard Sanz, alcalde de Esplugues, durante una entrevista con Metrópoli SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

No obstante, desde la asociación insisten en que, más allá de las estadísticas generales, hay situaciones concretas que preocupan y alteran la vida cotidiana del barrio. Entre ellas mencionan los problemas relacionados con grupos de jóvenes en patinete, los botellones o los coches vandalizados.

Vigilancia privada

Tras lo ocurrido, los residentes han puesto en marcha una recogida de firmas para reclamar formalmente al Ayuntamiento un aumento de la ratio de policías municipales y una mejora del material del cuerpo. “De las dos pistolas táser que hay en Esplugues, solo funciona una”, lamentan.

Además, los vecinos estudian adoptar medidas de seguridad por su cuenta como la incorporación de un servicio de vigilancia privada en la zona. Esta posibilidad se abordó durante la reunión con el consistorio, en la que la policía explicó que, sin una justificación legal basada en el volumen de hechos delictivos, no es posible instalar cámaras.

Agentes de la Policía Local de Esplugues y de los Mossos d’Esquadra en el lugar del crimen

Agentes de la Policía Local de Esplugues y de los Mossos d’Esquadra en el lugar del crimen EFE

Aun así, se planteó colocar cámaras de tráfico con lectura de matrículas, que podrían ayudar a detectar vehículos sospechosos. Respecto al aumento de la presencia policial, aseguraron que Finestrelles contará con más vigilancia con la puesta en marcha de la policía de barrio, que ya opera en la zona con un agente por la mañana y otro por la tarde.

De camino al trabajo

La mujer asesinada tenía 42 años y se dirigía al restaurante de unos amigos, ubicado en la calle Muntaner de Barcelona, para trabajar. “Llevaba poco más de un año en la ciudad”, explicaron sus amigos en conversación con Metrópoli. Compartía piso con ellos en Finestrelles, una zona que eligió por ser aparentemente segura. “No entendemos cómo ha podido pasar esto aquí. Tenemos miedo de salir de casa”, expresaron.

“Era una mujer muy discreta y amable”, detallan. “Parecía más joven porque era bajita”, añaden. De ahí la confusión de que era menor de edad. Los hechos ocurrieron a plena luz del día en la calle Joan Miró, en una de las zonas residenciales más exclusivas de Barcelona y a pocos metros del Hospital Sant Joan de Déu.