Si Barcelona tiene distritos singulares, el de Horta-Guinardó es uno de ellos. Sin duda, es quizás el que tiene más altibajos. De entrada, engloba dos grandes territorios que le dan esa doble denominación y que están separados por una barrera montañosa que los hace francamente distintos.

Baste recordar, por otra parte, que desde los famosos bunkers (los antiaéreos) del Guinardó, en plena colina, puede divisarse a lo lejos la amplia llanura de Horta, que toma su nombre de lo que era hace siglos: la gran huerta de Barcelona. Es decir: tenemos un área en dos planos topográficos muy diferenciados.

Horta-Guinardó es el tercer distrito más extenso de Barcelona (1.192 hectáreas), sólo por detrás de Sants-Montjuïc y Sarrià-Sant Gervasi, y ocupa casi el 12 % de la extensión total del municipio barcelonés en su sector nordeste (NE). Tiene una población aproximada de 170.000 habitantes, por lo que su densidad es relativamente pequeña: 142 habitantes por hectárea. Sin embargo, la de sus barrios es muy distinta: desde los 330 en El Carmel a los apenas 87 de Horta. Eso deja claro que también en el terreno de la demografía, tenemos un distrito variopinto.

La morfología territorial de Horta-Guinardó es tan fragmentada que no permite unificar una estructura común, formado como está por una pluralidad de barrios muy heterogéneos y desvinculados entre sí. Son 11 barrios, y si los ubicamos desde una perspectiva de-mar-a-montaña, la lista sale así: Baix Guinardó, Guinardó, Can Baró, Font d’en Fargues, Carmel, Teixonera, Horta (que incluye el núcleo de la Font del Gos), Vall d’Hebron, Sant Genís dels Agudells, Montbau y La Clota.

Así que estamos ante un distrito desproporcionado, en el sentido geográfico y, también, en lo vivencial, porque no es lo mismo habitar arriba que abajo de la montaña. De ahí que lo problemas a los que se enfrentan diariamente los vecinos de Horta-Guinardó son bastante diferentes y vienen marcados por el lugar donde se mueven.

En definitiva: nada que ver, por ejemplo, con el Eixample.

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Custodia Moreno, histórica presidenta de la AAVV de El Carmel: “Seguimos teniéndo los mismos problemas de transporte de siempre”

Un relieve accidentado, donde el elemento más característico es la pendiente. Una pendiente acusada, que comporta unos servicios viarios y unas condiciones de edificación difíciles. Así es buena parte del distrito desde la zona sur, la propia del Guinardó, la de las colinas del Tres Turons, Can Baró y, sobre todo, El Carmel.

Fue a partir de la década de los años cincuenta del pasado siglo cuando empezó a urbanizarse la mayor parte del territorio de Horta-Guinardó. No obstante, las modalidades de ocupación del suelo para residencia fueron muy diversas, y se combinó la edificación caótica de zonas sin condiciones y la existencia de núcleos de chabolas con la creación de algunas áreas residenciales de cierta calidad.

Custodia Moreno sabe mucho de chabolas y barracas. A sus 75 años ha vivido desde pequeña cómo era la zona –especialmente El Carmel y Can Baró- en aquellos años duros, de posguerra, hasta los de desarrollismo desbocado. Hasta 1972 vivió en una casa sin agua, luz ni alcantarillado, ‘lujos’ que no llegaron hasta dos años después, gracias a la lucha vecinal encabezada por ella misma. 

“Aquello, afortunadamente, ya no existe. Llegaron a levantarse 550 barracas, y las últimas estuvieron en pie hasta 1990”, recuerda Custodia, que hace poco necesitó cambiarse la prótesis de una rodilla. Legendaria presidenta de la AAVV de El Carmel, a la que sigue ligada “aunque ya solo como una afiliada más”. Su compromiso histórico con los barrios de su distrito la ha convertido en una leyenda que las nuevas generaciones siguen escuchando.

“Volvemos a vivir malos tiempos a causa de la crisis. Aunque ha pasado el tiempo de las barracas, en el fondo son los problemas de siempre, los que arrastramos desde los orígenes. En nuestros barrios, lo más acuciante en los últimos años es el tema del transporte público y el de la movilidad a pie”, refiere Moreno. “Sigue habiendo problemas con los buses. Lo último que hizo salir a la gente a la calle ha sido que el 24 ya no llegue hasta el Paralelo, sino que se queda en plaza Catalunya”.

El otro tema es el de las escaleras mecánicas “porque hay mucha gente mayor que ya no puede subir tantas cuestas a pie. Yo misma; ya no soy joven y tengo problemas con las piernas”.

Dice Custodia que “cuando no se estropea una, se estropea la otra” y que el mantenimiento no es el adecuado. Pasa lo mismo con el ascensor que está en frente de la Biblioteca Juan Marsé, que lleva meses inutilizado porque se necesitan unas piezas especiales que deben ser traídas... ¡desde Alemania! “Es un ascensor exterior, que va por raíles y sube como un cremallera. Muy chulo, pero caro de mantener. Tal vez habría sido mejor algo menos epatante y más práctico” para los ‘carmelitas’, comenta.

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Christian Bongard, vocal de la AAVV Raimon Casellas: “Hay que luchar contra la pasividad y el desinterés ciudadano”

Christian Bongard, secretario de la AAVV Raimon Casellas, en el barrio de Can Baró, recuerda que cuando él llegó desde Suiza, en los años 70, las barracas de la zona eran “bastante dignas en comparación con las que se ven hoy en día”. Lo sabe bien, porque él vivió en una de ellas...

Para mejorar las condiciones en las que vivían, Bongard explica que cortaron el tráfico como forma de protesta y consiguieron que las autoridades les escucharan. Bongard pone como ejemplo la visita del entonces alcalde Pasqual Maragall al barrio, en el que se quedó una semana durmiendo en la casa de un activista vecinal para conocer la realidad de la zona.

Ahora, los problemas, más que de vivienda –que también- son otros. Por ejemplo, y como anunciaba Custodia Moreno en El Carmel, el transporte. Y en ello pone un ojo crítico sobre las decisiones de la administración...

“He ido a varias manifestaciones para protestar sobre cómo se ha manejado el asunto de los autobuses. Tengo la impresión de que estas decisiones no se toman conjuntamente. Es decir un 'visionario' del TMB impone los cambios, sin consultar, por ejemplo, a las AAVV afectadas”, comenta.

En cuanto al tema de la masificación turística, producto de la cercanía del Park Güell y de las baterías antiaéreas, considera que está por ver si las medidas tomadas tendrán efecto, sobre todo en la próxima temporada de verano. “Desconozco si se han tomado las medidas necesarias para regular bien el acceso a los bunkers”, apunta. “Pero sí puedo decir que hace meses un amigo mío que vive en la calle Mühlberg me decía que aquello parecía las Ramblas" por la cantidad de turistas que pasaban cada día por allí para acceder al mirador.

Bongard, como ciudadano europeo, no quiere dejar pasar la oportunidad para ampliar el marco de sus críticas: “Hay cosas que se dan aquí y en otros lugares de Europa. En mi opinión, la Unión Europea de hoy en día no quiere ciudadanos, sino consumidores. Y los ciudadanos tienen medios legales para poder rechazar una decisión del poder ejecutivo, en este caso la Comisión Europea”.

Bongard pone como ejemplo las manifestaciones de los ‘chalecos amarillos’ en Francia. “Reclaman, entre otras cosas, que en su país haya derecho de referéndum, para así poder luchar legalmente contra algunas decisiones del gobierno central. En la España de hoy, convocar un referéndum es un acto criminal”.

No obstante, Bongard también critica a los ciudadanos: “Su pasividad y falta de interés han permitido que actualmente, en la economía, se tomen medidas para que los habitantes más ricos se hagan cada vez más ricos. En Europa manda la demagogia, que usa un disfraz de democracia”.

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Cesca Sancho, presidenta de la AAVV de Park Güell-La Salut-Sanllehy: “El Ayuntamiento hace propuestas desde un despacho”

La Salut es una de las tres colinas que hay en Gràcia, pero es también un barrio frontera con Horta-Guinardó. Cesca Sancho es la presidenta de la Asociación de Vecinos Park Güell-La Salut-Sanllehy, que comparten problemáticas comunes. De ahí que la saquemos a colación. Una problemática amplia, que incluye temas como la 'turistificación' del Park Güell y las baterías antiaéreas (comparten problema con el transporte), la L9 de metro, la plaza Sanllehy,  etc.

“El barrio cambia, pero sobre todo tiene pros y contras por ser frontera”, explica Sancho. “Así, de inmediato, me salen el tema de la falta de un centro cívico en el barrio. Está previsto que se haga uno en el Espai Quirón, pero de momento tenemos que el de la calle Cardener está a rebosar y es pequeño”.

“También tenemos la problemática de una buena oferta de transporte público, dado que la Línea 9 del metro lleva 12 años de retraso, aún está pendiente que a la Generalitat le den un crédito el BEI... y así, estamos como estamos”, añade Sancho, sacando a colación uno de los graves conflictos derivados de la famosa ‘crisis’ que dejó coja la línea de metro justo en el barrio. “El Ayuntamiento abre espacios de debate, pero no los lleva a cabo…”

La recuperación Park Güell es otro de los clásicos, en parte motivado por la falta de esa estación de metro en la plaza Sanllehy (“sigue siendo una plaza provisional, mientras no se reabra la obra”), que toca a los dos distritos en ese territorio fronterizo. De haber metro, se evitarían muchos de los problemas derivados de las líneas de autobuses, que se atiborran de turistas y crean problemas a los vecinos de uno y otro lado.

“Hay tres millones de personas que entran en la zona de pago del parque y tres más que pululan por los alrededores, o van a los antiaéreos del Guinardó. Tenemos un problema compartido”, prosigue Sancho. “Hemos perdido casi todos los comercios que había en la zona en beneficio de las tiendas de recuerdos/suvenires”.

“En cuanto a movilidad, nos vendieron el bus-lanzadera como propuesta a estudiar y al día siguiente ya la anunciaban en rueda de prensa... Hay la sensación generalizada de que el Ayuntamiento hace propuestas desde un despacho prescindiendo de los vecinos”.

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Anna Mª González Iglesias, medalla de Honor de Barcelona: “No puede ser que Horta siga sin tener un Instituto de Educación”

No hace mucho, Anna Mª González Iglesias recibió la medalla de Honor de Barcelona ‘en reconocimiento de su larga trayectoria de compromiso social y lucha vecinal en el barrio de Horta y el distrito de Horta-Guinardó’. Como Custodia Moreno, ella es una vieja luchadora de barrio, y el galardón ha hecho justicia. “Llevo más de 60 años peleando por la gente”, admite esta cántabra que llegó a Barcelona de niña con su familia, expulsa de su pueblo durante la guerra civil.

Anna Maria se ha significado en todos los aspectos del barrio desde los años 70, cuando en Horta “no había casi nada”. “No teníamos dispensario médico ni escuela pública”, cuenta. “En 1973 se creó la AAVV y desde entonces hemos reivindicado todo lo posible. Al final conseguimos la escuela pública, la Mare Nostrum, y ahora nuestra principal urgencia es tener un Instituto Público”.

Explica Anna Maria que no puede ser que niños preadolescentes “tengan que seguir yendo a otros barrios para ir a un instituto y volver de noche a casa”. Cree que la principal culpable es la Generalitat, ya que el terreno existe (cedido por el Ayuntamiento) “pero falta el dinero”.

Otro de los temas por lo que sigue en pie Anna Maria en Horta es el tema sanitario: “Siempre ha sido uno de mis campos de batalla, desde que era madre de dos hijos  y debíamos ir a visitarnos por doctores que tenían que alquilar un piso para hacer las visitas, porque no había ni dispensario. Lo pasé muy mal con los embarazos. Teníamos que ir hasta la calle del Carmen”.

Cuando llegó la época de los Centros de Asistencia Primaria (CAP), una de las grandes reivindicaciones fue tener uno en Horta. “Primero tuvimos que ir al de la Guineueta, cruzando barrancos y todo. Finalmente conseguimos nuestro propósito y se abrió el CAP de Horta”.

Es significativa esta lucha sanitaria cuando, curiosamente, Horta-Guinardó es uno de los distritos barceloneses que cuentan con más y mejores hospitales de Barcelona. En el Guinardó está el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. En Horta, la ciudad sanitaria de la Vall d’Hebron y el hospital de San Rafael.

“Lo importante son los CAP, porque es a donde la gente acude primero y donde tienes tu médico de cabecera”, aduce. “Reivindico que la sanidad sea 100x100 pública y que nuestros centros y nuestros médicos tengan cubiertas sus necesidades, que son las del ciudadano también”.

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Conchita Lozano, coordinadora de la AAVV del Turó de la Rovira: “Los vecinos tenemos derecho a permanecer en nuestras viviendas”

Desde 1953, el Ayuntamiento de Barcelona tiene previsto crear en los Tres Turons una gran zona verde que sirva de pulmón a la ciudad, y como centro de ocio y descanso para vecinos y turistas. Sin embargo, desde entonces el plan aún no se ha realizado en su totalidad. En parte se debe a la resistencia de algunas asociaciones vecinales, ya que el proyecto definitivo prevé el derribo de varios edificios de viviendas que se encuentran en los terrenos del futuro parque.

El parque de los Tres Turons es, en realidad, la suma de tres parques: el del Carmel, el del Turó de la Rovira y el de la Creueta del Coll. El barrio más afectado es el del Turó de la Rovira. El plan que el Ayuntamiento quiere llevar a cabo implica la desaparición de todas las viviendas de la montaña, que pasaría a ser zona verde. Los vecinos serían reubicados en unos pisos que se construirían en Can Baró, una solución que no contenta a ninguna de las partes afectadas.

“Tenemos escrituras de todo. Ocurre que cuando se recalificó Vistapark, que era zona verde, para construir edificios, se tuvo que buscar una zona urbana para recalificarla. Se eligió el Turó de la Rovira y, desde entonces, estamos en esta situación”, explica Conchita Lozano, coordinadora de la Asociación de Vecinos del Turó de la Rovira, que defiende el derecho de los vecinos de la zona a permanecer en sus viviendas.

“Nosotros y los vecinos de Can Baró estamos en contra de lo que quiere el Ayuntamiento. Ni nosotros queremos irnos de aquí ni ellos quieren que vayamos allí”, se reafirma Conchita.  “No somos millonarios por vivir en una casa en Barcelona. En su día se hizo una encuesta en el barrio y de 70 personas, solo tres dijeron que si les daban una buena compensación, se lo pensarían”.

“Además, nos quieren realojar en unos pisos nuevos, que se supone que pagaremos con el dinero de las indemnizaciones que nos darán por echarnos. Ya sabemos el dinero que nos quieren dar, y también sabemos que los pisos en los que nos quieren realojar costarán el doble de lo que nos dan”, critica con vehemencia.

Además de este peliagudo asunto, hay otro tema que preocupa a los vecinos del Turó de la Rovira: la masificación turística en la zona de los antiaéreos. Se ha convertido en uno de los escenarios de moda para que los turistas se hagan selfies con unas vistas privilegiadas de Barcelona, pero la gran popularidad está propiciando un aumento del incivismo.

Los autobuses del barrio van llenos de turistas que quieren paladear la impresionante vista de Barcelona que se contempla desde el lugar donde primero hubo baterías antiaéreas y luego chabolistas. El pasado verano, los vecinos se quejaron amargamente del incivismo de algunos de ellos.

“Llegó a haber ataques y peleas. Pasamos miedo”, refiere Conchita. Los vecinos se reunieron con el Ayuntamiento para intentar hallar una solución. “Nos escucharon y pusieron más policía. Pero habrá que ver qué ocurre el próximo verano, cuando haga buen tiempo y esto vuelva a llenarse”, anticipa precavida.

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