En las elecciones municipales de Barcelona siempre se ha votado en clave ciudad. El modelo de Barcelona siempre ha sido el protagonista de los comicios locales. Nunca antes, desde la llegada de los ayuntamientos democráticos, se ha votado de otra manera. Pero en 2019 podría cambiar. A un año de las elecciones, el enquistado proceso separatista va tomando posiciones y se podría convertir en uno de los caballos de batalla para lograr la alcaldía barcelonesa.

Fácilmente, las municipales de Barcelona se pueden plantear en clave identitaria. Algunas fuerzas independentistas, como el PDeCAT, hablan abiertamente de plantear una lista soberanista. Esta hipótesis todavía ganaría más fuerza si se confirma la candidatura del exprimer ministro francés Manuel Valls, contrario a la independencia y a favor de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, y que este domingo ha hecho un llamamiento a una lista de ciudad y unionista que vaya más allá de Ciutadans, partido que propuso a Valls encabezar su candidatura en la capital catalana.

Uno de los primeros en hablar de unas posibles municipales en clave autonómica fue el socialista Jaume Collboni. El pasado diciembre en una entrevista con Metrópoli Abierta, Collboni pronosticaba una ofensiva independentista para intentar tomar la alcaldía de Barcelona, lo que, bajo su punto de vista, es un error. "No quiero que Barcelona sea un campo de batalla más del debate nacional. La falta de un proyecto fuerte en Barcelona es un caldo de cultivo para los populismos", sostiene. A algo más de un año para las municipales, el tiempo parece que va dando la razón al jefe de filas socialistas en el Ayuntamiento de Barcelona. 

El filósofo y periodista neoliberal, Jordi Graupera, avalado por Carles Puigdemont, lleva un par de meses proponiendo unas primarias en el bloque separatista para consensuar una candidatura independentista para Barcelona. La iniciativa de Graupera cuenta ya con unas 25.000 firmas. El PDeCAT ya ha dicho que está a favor de una lista de ciudad soberanista, aunque eso no signifique que vea con buenos ojos unas primarias como las que plantea Graupera. En estos momentos, el PDeCAT está en pleno proceso de primarias para elegir a su candidato entre Neus Munté y Carles Agustí. Recientemente, la presidenta de la Federación de Barcelona del PDeCAT, Mercè Homs, ha dejado entrever que ni Munté ni Agustí acaben encabezando una lista unitaria si prospera algún tipo de negociación o se forma una lista de ciudad, una especie de JuntsxCat en clave barcelonesa. 

JUNTS PER BARCELONA

Por el momento, el republicano Alfred Bosch, concejal en la oposición estos últimos tres años, hace oídos a las peticiones de ir en una lista unitaria, aunque el pasado diciembre fue ERC quien registró el nombre de Junts per Barcelona, lo que generó cierto malestar en las filas del grupo demócrata. En el último barómetro municipal, presentado el pasado mes de enero, ERC quedó en primer lugar en intención de voto por delante de Colau. Bosch, en pequeño comité, ya se ve alcalde. Y a un año de las elecciones, difícilmente aceptará una lista unitaria --independentista o izquierdista-- si no va de número 1.

Actualmente, el panorama para las próximas municipales está así. Collboni y Bosch ya han sido elegidos alcaldables por sus respectivas fuerzas: PSC y ERC. Colau ha manifestado su intención de presentarse de nuevo. El PDeCAT cerrará este mayo las primarias. El PP está a la espera de que Alberto Fernández Díaz decide si se retira o se presenta una vez más. Y la CUP abrirá un proceso interno para elegir a su candidato, aunque distintas fuentes apuntan que la alcaldable podría ser la exdiputada Eulàlia Reguant, y ver si se acaba formando parte de una hipotética candidatura soberanista. Así lo reclamaba este domingo, por ejemplo, una corriente cupera, Poble Lliure, para el conjunto de los municipios catalanes. Pero las diferencias ideológicas con el PDeCAT y Graupera en Barcelona parecen insalvables.

A estas fuerzas hay que añadir otros partidos o plataformas que podrían acabar presentándose en solitario o en coalición. Es el caso de Lliures, salido de la escisión de Unió Democràtica de Catalunya, que encabeza el exconseller Antoni Fernández Texidó, y Demòcrates, que por ahora tiene un único representante en el Ayuntamiento, el regidor Gerard Ardanuy, que podría acabar entrando en el juego de Graupera de unas primarias soberanistas para confeccionar una lista única.

SIN CONTACTOS CON EL PSC

La nueva vuelta de tuerca que acerca a las municipales barcelonesas a un proceso identitario ha sido la propuesta de Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, de ofrecer a Valls encabezar su lista en detrimento de Carina Mejías, actual líder de los naranja en el consistorio. Valls se lo está pensando. Pero este domingo, el exministro de Interior francés le ha hecho un feo a Rivera --¿o todo es fruto de una estrategia?-- al decir en Catalunya Ràdio que no ha dejado "un partido en Francia para entrar en otro", y proponer una lista unitaria y abierta, con gente de la sociedad civil y más partidos, que, dadas sus ideas, no pueden ser otros que PP, PSC o alguna nueva plataforma que pueda surgir. Sin embargo, parece difícil que Valls, proveniente del ala derecha del socialismo francés, pueda entenderse con Collboni, preocupado por acercarse a los barrios populares y recuperar los votos perdidos ante Colau. Fuentes socialistas han confirmado este domingo que no se ha producido ningún contacto.

TIRÓN DE COLAU

En medio de este panorama está la actual alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. La edil ya ha dicho que se presentará a la reelección, pero lo cierto es que sin tranvía, contraria a los grandes eventos (la ciudad ha perdido bajo su mandato la posibilidad de albergar la Agencia Europea del Medicamento y ha dado la espalda a la regata Barcelona Wolrd Race), y con buena parte del sector económico en contra --desde las terrazas a los grandes empresarios, lobbies o fondos de inversión que ven en la capital catalana una oportunidad de hacer negocio--, la alcaldesa más mediatica de España no lo tendrá fácil para poder salir reelegida. Quizá lo mejor que ha hecho el gobierno de Colau ha sido aumentar las ayudas sociales y poner las bases para un plan de vivienda para incrementar el parque público de pisos sociales en la ciudad, aunque eso, como muy bien dice Xavier Trias, no será una realidad hasta dentro de unas tres décadas. En Barcelona urgen más viviendas sociales, pero en 2019 poco rédito podrá sacar Colau del citado plan.

Pese a su pobre gestión, el tirón de la alcaldesa es evidente y no hay que descartar que pueda volver a ganar. Si cada partido va en solitario --sin bloques-- a las elecciones, Colau tendrá más opciones y, posiblemente, se jugará la alcaldía con Ciutadans, en clara línea ascendente de votos en Barcelona, donde en las pasadas autonómicas se impuso en siete de los 10 distritos. Por contra, si se acaban formando dos bloques identitarios, la alcaldesa tendrá menos opciones. Quizá por ello, Colau ya ha puesto la maquinaria en marcha y ha puesto sobre la mesa una tercera opción: una lista de izquierdas para la capital catalana, aunque la propuesta se antoja dífcil que pueda acabar viendo la luz. Ni ERC ni PSC están ahora por la labor, al igual que la CUP, que ya se ha desmarcado.

PSC, TRIAS Y 'COMUNS' 

Durante más de 30 años, los socialistas, impulsados por la gran transformación urbanistica de Barcelona y unos Juegos Olímpicos que les dieron alas, impusieron su criterios para ganar las elecciones. La alternativa al PSC llegó en 2011. Tras picar piedra durante tres mandatos, el modelo liberal y economicista de Xavier Trias, se hizo con la alcaldía, aunque su apuesta por impulsar la marca Barcelona  y la ciudad como sede de grandes eventos empresariales y de éxito turístico --que en algunos aspectos no variaba tanto del PSC-- pronto fue puesta en tela de juicio en los barrios más populares de Barcelona. En 2015, la candidadura de Colau supuso cierto aire fresco. La crisis económica y las dificultades por acceder una vivienda digna catapultaron a la exportavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) a la alcaldía, que ganó a Trias por un regidor, 11 a 10. El activismo llegó a la plaza de Sant Jaume.

Más allá de ideologías, lo cierto es que, a lo largo de casi 40 años de elecciones municipales, el debate lo ha centrado Barcelona y las necesidades de sus ciudadanos. Convertir los comicios de la ciudad en unas nuevas autonómicas parece, a todas luces, un error. La Generalitat lleva meses sin president, enroscada en una guerra en la que no se ve el final. Nadie gobierna ni legisla. Que dos personas como Graupera y Valls, que no viven en la ciudad, entren en las quinielas por la alcaldía no es positivo. En la lucha por Barcelona, los candidatos bien harían de olvidarse de banderas y centrar el debate en la ciudad y sus problemas. El debate identitario empobrece a Barcelona.

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