Manuel Valls se ilusiona con Barcelona como sede de los Juegos de Invierno de 2030. El exprimer ministro francés, que ambiciona la alcaldía de la ciudad, cree que la capital catalana tiene que regresar a la primera línea mediática para recuperar su prestigio internacional. Considera, además, que un gran evento deportivo podría destensar las tensas relaciones entre la Generalitat y el Gobierno central, necesarios para impulsar una hipotética candidatura de Barcelona.

Nacido en el barrio de Horta, Valls ha regresado a Barcelona por motivos más personales que profesionales. Este verano, su agenda ha estado repleta de reuniones con la clase empresarial barcelonesa y algunos lobbies de la ciudad, de quienes ha escuchado su malestar con el actual gobierno municipal. Él será el líder de una plataforma que califica de “transversal” y considera que para derrotar a Colau necesita el apoyo de Ciudadanos, pero también del catalanismo conservador más moderado (antiguos votantes de CiU que no se sienten identificados con el PDeCAT) y de antiguos simpatizantes del PSC.

EL RECUERDO DEL 92

Valls, durante su campaña electoral, reivindicará el legado de Pasqual Maragall, el alcalde del PSC que transformó una ciudad de provincias en una capital global gracias a los JJOO de 1992. Aquel evento, el más importante de la historia reciente de Barcelona, de Cataluña y de España, fue posible gracias a la colaboración de todas las administraciones y a la ilusión de la ciudadanía, aspecto este último que también está muy tocado por las actuales tensiones políticas.

El político hispano-francés asume que unos Juegos de Invierno tienen mucha menos repercusión mediática que los de verano, pero considera que sería un buen pegamento para unir algunas disidencias. En sus encuentros, Valls ha repetido muchas veces la palabra “ilusión” y ha insistido en la necesidad de convertir a Barcelona “en la gran capital del mediterráneo”.

EL MEDITERRÁNEO

“Barcelona no debe pensar en ser la capital de la República, sino en ampliar sus miras. Ha de ser la gran capital del mediterráneo y una de las grandes ciudades de Europa”, recalca Valls, que abogará por el diálogo entre la Generalitat y el Gobierno central para mejorar el encaje de Catalunya dentro de España. Su posicionamiento, al respecto, es firme, pero espera que el debate sea mucho más amplio. Un debate más ciudadano que identitario.

Valls asume el compromiso de potenciar la marca Barcelona. Quiere que la Ciudad Condal sea la capital de grandes eventos, como el Mobile, muy cuestionado inicialmente por el gobierno actual. Y en el recuerdo siempre tiene los Juegos del 92, cuya memoria despreció Colau hace un año. Los actos del XXV aniversario fueron muy fríos y suscitaron grandes quejas de los atletas participantes y sus responsables.

INSEGURIDAD EN BARCELONA

Los Juegos son un deseo. La gran prioridad, probablemente, para Valls será terminar con la actual sensación de inseguridad que castiga a Barcelona, ciudad en la que han aumentado los robos con violencia y los hurtos en el primer semestre de 2018. Exministro de Interior de Francia, también quiere poner freno al top manta, consciente de los graves perjuicios que tiene su proliferación para el comercio tradicional de la ciudad.

Valls, asimismo, es un gran apasionado de la arquitectura y reivindica la historia de Barcelona. Su encanto. Considera que la Ciudad Condal necesita un nuevo impulso y aboga por construir nuevos rascacielos para atraer a las grandes empresas. Uno de los edificios más emblemáticos que sufrirá una espectacular transformación en los próximos años es el Camp Nou, uno de los coliseos favoritos de Valls, devoto del Barça y, en menor medida, del PSG. De su infancia en Barcelona también recuerda con agrado sus jornadas dominicales en Collserola. Sus desplazamientos por la carretera de la Rabassada y algunas barbacoas familiares. “Entonces no hacía falta irse lejos de Barcelona para recoger rovellons”, sentencia mientras degusta este popular y exquisito manjar con un amigo.

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