El turismo agobia, pero no parece ser la primera preocupación de los barceloneses. La inseguridad y el incivismo son, en cambio, los problemas que más denuncian los vecinos de Ciutat Vella. Desde Metrópoli Abierta se ha entrevistado a 10 vecinos que han respondido a la pregunta de si se ha acostumbrado a vivir con el turismo masivo.

Las respuestas son variadas, pero la mayoría coincide en que más allá del hábito de convivir entre turistas, los problemas en la ciudad se han diversificado. Algunos creen que el incivismo y la inseguridad están ligados a la llegada masiva de los visitantes temporales, y otros ven en él una oportunidad laboral que debe ser "mejor gestionada" por el gobierno municipal. 

LOS TESTIMONIOS 

Pedro Vega Vega es vecino de la Rambla, puntualmente de la Boquería, y dice que en su zona más que turistas “últimamente llegan delincuentes”. Pedro asegura que no se ha acostumbrado al turismo masivo, a pesar de vivir en el epicentro de la capital catalana hace más de 60 años. “A los mismos turistas les molestan tantos visitantes, antes iban a comprar su fruta al mercado de la Boquería, y ahora les venden abanicos y hasta droga mientras pasean por la Rambla”.

Magdalena, Pedro y Elisabeth, se encuentran cada mañana en los bancos del inicio de la Rambla, frente a Canaletas. Magdalena se enfada cuando se le pregunta por el turismo, y dice que “ésta no es la Barcelona que yo he conocido”. La vecina del Gòtic considera que el turismo que hay ahora no es el que había antes y que el de ahora “es más maleducado” y que el incivismo que se ve en la ciudad es una consecuencia de ello.

Elisabeth coincide con sus colegas. “Ha cambiado mucho Barcelona desde que llegué de Andalucía hace más de 50 años, a nosotros que estamos mucho tiempo aquí (en la Rambla) nos agobia mucho tanta gente, es imposible acostumbrarse a eso”, comenta, aunque acepta que el turismo en necesario y una fuente de trabajo para muchos barceloneses.

Elisabeth, Pedro y Magdalena en su banco de la Rambla / PM 



Carlos trabaja en una tienda de café en el Raval y asegura que su negocio no vive de los visitantes aunque sí lo hacen muchos otros comercios de la zona. “Esto se ha gentificado totalmente, se acostumbra uno por narices y no es solo el Raval, para unos es molesto y para otros es su pan, pero para la gente que vive puede ser un estorbo”, describe el comerciante. Para Carlos el principal probelma derivado del turismo en el Raval es la movilidad: “Las bicicletas, los patinetes, eléctricos y los comunes generan un gran problema para la circulación del barrio, en este sentido creo que falta normativas”.

Sara Epstein abrió hace 15 años su tienda en el Raval y observa también el problema de la movilidad en el barrio, “tengo que decirle a los clientes que salgan con cuidado de la tienda aunque sea una calle peatonal, porque pasan las bicicletas y los patinetes a lo loco por aquí”. “Acostumbrados, no”, responde Sara a la pregunta de si ya se ha acostumbrado a convivir con el turismo masivo en Barcelona y dice que esta actividad es un “arma de doble filo”, depende de cómo se utilice puede ser buena y mala. Pero Sara reconoce que el problema más grave que tiene la ciudad no es el turismo, “para mí lo más grave es la falta de acogida a los refugiados y el problema del acceso a la vivienda, lo que pasa es que cada uno se centra en sus pequeñas cosas y nos cuesta a veces ver los problemas reales”.

Agustín Gálvez Romeo vive al lado de la Catedral y explica que cada día tiene problemas hasta para salir de su casa de la cantidad de viajeros que hay. Coincide con Sara en que el principal problema de Barcelona es el acceso a la vivienda, pero se queja de la permisividad en ciertos temas relacionados al turismo. “Los hoteles les dejan bicicletas gratis, y obviamente los turistas las aprovechan y eso en el centro es un caos, el problema no son los visitantes sino la falta de regulación”.

Sara en su tienda del Raval junto a Agustín / PM



Marc Antón tiene una empresa de seguridad que trabaja para chiringuitos de la Barceloneta, Premier Service. “El turismo que viene ahora no es que sea masivo, sino que es de mala calidad, de bajo presupuesto, de borrachera”, asegura Marc. El empresario dice que en la Barceloneta se encuentran cada vez más “personas que ni siquiera se pagan un hotel y directamente vienen a dormir en la calle”. Marc asegura que en el barrio la gente sí que está acostumbrada al turismo, “pero no al incivismo”.

Marc Anton, empresario de Barcelona 



José Ochoa Roberto, vecino de Sant Antoni y comerciante asegura que el turismo “nunca tiene que ser un problema”. Para José el principal problema derivado de esta actividad es el top manta y el incivismo en general. “Yo he estado en Praga, en Berlín y en Nueva York y allí no es ningún problema el turismo, en Barcelona lo malo es cómo se trata”.

José Ochoa Roberto, vecino de Sant Antoni



Antonio Olivella (86 años) tiene su tienda de zapatos en Ronda Sant Antoni y cree que “el turismo en Barcelona ha sido igual toda la vida” y responde que él sí está acostumbrado a ello. “Es buenísimo porque los viajeros traen dinero, aunque a veces es cierto que ocasionan problemas a los propios hoteles”.

Antonio Olivella en la zapatería del Eixample / PM 



David Riojo forma parte de la plataforma Barceloneta en Lluita y afirma que “es barato venir a Barcelona para los jóvenes, que por unos 100 euros por persona tienen un piso frente al mar una semana, no dejan dinero ni en los restaurante porque comen en casa”. En este sentido, el vecino de la Barceloneta se queja no de la masividad del turismo sino del modelo que se ha fomentado en la ciudad. “Ahora el turismo ya no es el problema, el asunto se ha trasladado a la inseguridad y no sólo en la Barceloneta sino en todas partes”.

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