Transit Projectes, una empresa vinculada excargos del Ayuntamiento de Barcelona se acaba de hacer con tres contratos públicos para la gestión de centros municipales que le supondrán, de momento, más de 800.000 euros, que podrían duplicarse si los contratos (como se prevé) son prorrogados. Esta compañía, que a finales del año pasado recibió una lluvia de contratos que le reportaron millones de euros, gestiona espacios como el Pati Llimona, Convent de Sant Agustí, el Centro Musical La Capsa, el centro cívico Casa Sagnier, Can Xalant, el casal infantil de Sant Martí, el del Casco Antiguo, o los centros cívicos de Zona Nord, Barri Vallbona o Torre Baró.

Se da la circunstancia de que su administrador, Àngel Mestres, había trabajado en el Ayuntamiento a las ordenes de Jordi Martí, el gerente que fue el fichaje estrella de la alcaldesa Ada Colau el año pasado. La licitación de estos contratos ya había empezado a primeros de año (aunque sus actividades debían comenzar el 1 de enero), pero se paralizaron los trámites como consecuencia de la crisis sanitaria y de la declaración del estado de alarma. Una vez levantado éste, se finiquitaron los procedimientos en marcha.

SIN RIVAL EN LA LICITACIÓN

En dos de los contratos, esta compañía fue la única licitadora, mientras que en otro de ellos se presentó otra empresa que fue literalmente barrida en las puntuaciones. Se da la circunstancia de que en muchos de los concursos que saca el Ayuntamiento, esta empresa no tiene rival. Además, para hacerlo más restringido, el consistorio ha llegado a introducir extrañas cláusulas, como las de que la empresa adjudicataria haya tenido que haber realizado programas socioculturales dirigidos a jóvenes en administraciones locales por un mínimo de 920.000 euros (por ejemplo) en los últimos tres años. Con esta condición, que sí cumple Transit Projectes, se veta el acceso a estos servicios a otras empresas del sector o las que quieran introducirse en el negocio de los servicios municipales de Barcelona, convirtiendo a éstos en un coto privado al servicio de los intereses de una elite, ya que no puede entrar nadie que no tenga adjudicaciones previas.

Así las cosas, el 25 de junio, Transit resultó beneficiada con un contrato de 435.514 euros para la gestión y dinamización del centro cívico Cotxeres Borrell, ubicado en la calle Viladomat de la capital. Este contrato es por dos años y su valor estimado supera los 1.860.000 euros, puesto que podría alargarse hasta finales de 2023. En los documentos oficiales del Ayuntamiento se prevén eventuales modificaciones por un monto de 180.000 euros. A este concurso no se presentó ningún licitador más.

Ese mismo día, Transit Projectes recibía otro contrato de 244.763 euros para la “dinamización y organización del casal infantil Cotxeres Borrell”. En un principio, la duración de este contrato es de un año y 9 meses y su presupuesto estimado es de 661.263 euros. En esta ocasión, hubo dos licitadores.

No se quedó ahí la cosa: cinco días más tarde, el 30 de junio, esta compañía volvía al Ayuntamiento para firmar otro contrato, esta vez de 125.253 euros para la “organización y coordinación de las actividades realizadas en el Auditori de la calle Calabria”. Como el anterior, su duración es de un año y 9 meses, con posibilidad de prórroga, ya que el valor estimado del contrato es de 285.240 euros. Tampoco tuvo rival en esta licitación Transit Projectes.

APOYO A CREADORES EMERGENTES

En el centro cívico Cotxeres Borrell, la empresa ha de gestionar todas las actividades que figuran en el catálogo de servicios del equipamiento, desde servicios culturales hasta actividades formativas, exposiciones, espectáculos, actuaciones, conferencias, etcétera. Su zona de influencia afecta directamente a tres barrios: Sant Antoni, Poble Sec y Raval. El pliego de prescripciones técnicas del contrato señala que este equipamiento “es un centro comprometido con el entorno más próximo (…) Es, también, una plataforma de exhibición y producción cultural y artística a través de su programación estable y sus ciclos temáticos, siempre atento a apoyar la emergencia artística y la innovación”. En sus instalaciones han de promoverse proyectos de creadores emergentes “pero también ha de desarrollar acciones que faciliten la formación de nuevos públicos en este lenguaje artístico”.

“La red de centros cívicos de los distritos constituye un punto de referencia de los programas municipales de servicios de personas en el territorio, así como un canal de acceso a programas culturales y socioculturales y a iniciativas para el fomento de la vida asociativa y de la participación ciudadana. Se convierten en un instrumento básico para la promoción y consumo de cultura y para la promoción social tanto individual como colectiva de la ciudadanía”, explica un informe de justificación elaborado por técnicos municipales y supervisado por la directora de los servicios a las personas y territorio del consistorio.

El Ayuntamiento no aporta, en este caso, el 100% de los gastos de gestión del centro cívico, sino sólo el 73,46%, por lo que existe un riesgo operacional. “Las aportaciones económicas del Ayuntamiento no tendrán la finalidad de compensar las pérdidas o el reequilibrio de la minoración de ingresos que estén motivados por una demanda inferior de los servicios que sean objeto de la concesión”, señala el informe aludido. Queda, por tanto, a riesgo del contratista lograr el 26,54% restante para llegar a cubrir los gastos, que han sido estimados por el consistorio. El reequilibrio de las cuentas deberá ser compensado por el cobro de inscripciones a cursos y talleres, la cesión y el alquiler de espacios y por un programa municipal. Sólo en inscripciones de cursos, las previsiones son ingresar 92.000 euros anuales.

EDUCAR IDEOLÓGICAMENTE A LOS NIÑOS

El casal infantil, por su parte, ha de presentar una oferta de actividades extraescolares de lunes a viernes para niños de entre 4 y 12 años, además de ser un espacio de apoyo a familias con menores de 0 a 3 años y realizar el acompañamiento de los mismos en un contexto educativo diferente al del hogar. Sus principales actividades son juegos “para contribuir al proceso evolutivo y educativo de los niños, sin discriminaciones, y favorecer su crecimiento creativo y afectivo a través de la transmisión de valores, del descubrimiento y de la participación en su entorno social”.

El Auditori de Calabria, por su parte, es un espacio escénico municipal que comparte espacio con varias entidades, como el Centro de Normalización Lingüística del Eixample, el Espai Veïnal Calabria 66, la escuela de adultos Pere Calders o las empresas B:SM y Barcelona Informació. La intención es que sea un escaparate “para las propuestas culturales impulsadas por las entidades y colectivos del propio territorio”. El auditorio, que tiene un aforo de 185 personas, acoge desde foros a encuentros profesionales, fiestas de fin de curso, seminarios, presentación de libros, actos de partidos políticos en campaña electoral.

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