La invasión de Ucrania por parte de Rusia ha creado uno de los mayores éxodos de refugiados que se recuerdan en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Familias enteras, formadas mayoritariamente por mujeres y niño,s han comenzado a llegar masivamente a Cataluña y, concretamente a Barcelona, donde al menos han sido atendidas ya varios miles de personas. Unos centenares también han sido alojadas en los albergues de la Generalitat de Cataluña.

El Ayuntamiento de Barcelona dispone de un negociado dedicado exclusivamente a la acogida: se trata del Servicio de Atención a Inmigrantes, Emigrantes y Refugiados (SAIER), un organismo especializado en la movilidad internacional que se dirige a las personas en procesos de migración internacional y que requieren de apoyo, ya sea en servicio social de acogida como en asesoramiento jurídico, protección internacional, formación y búsqueda de trabajo, homologación de títulos o simplemente información.

DOS CONTRATOS

Este mes de marzo, el consistorio encargó a la Asociación Bienestar y Desarrollo ABD dos contratos por un monto de casi 2,5 millones de euros la gestión del SAIER. El contrato más oneroso, que costará 2.241.851 euros durante los próximos dos años, será para toda la gestión del servicio, que incluye todos los gastos del SAIER, desde la información hasta la interpretación pasando por la traducción, la gestión de citas, la orientación, la recepción y el apoyo a las entidades sociales. Otro contrato, con 217.272 euros, servirá para coordinar y gestionar el programa municipal Nausica, que se puso en marcha en febrero del año 2017. Este programa está dirigido al apoyo complementario para los solicitantes de asilo y refugio en Barcelona.

Imagen de la manifestación a favor de los derechos de migrantes y refugiados / EFE

En el año 2019, el SAIER atendió a 20.620 personas, de las que un 46% lo fueron por temas relacionados con la protección internacional. Este servicio tiene cuatro centros distribuidos por la ciudad: dos están en la calle Tarragona, uno en la avenida del Paral·lel y otro, en la calle de la Font Honrada. El estallido de la guerra en el Este de Europa ha provocado que el consistorio tomase precauciones y crease un servicio específico para atender a los desplazados. Se trata del proyecto Barcelona Ciutat Refugi, que está estrechamente relacionado con el SAIER. De hecho, a las personas que quieren solicitar asilo y refugio se las deriva directamente al SAIER, mientras que si el desplazado sólo necesita comida, ropa, medicamentos y un lugar para dormir se le envía a la Cruz Roja.

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Los contratos que acaba de conceder el Ayuntamiento permitirán, según las cláusulas de los mismos, “reforzar el SAIER a las necesidades actuales de las personas inmigrantes, refugiadas, retornadas y emigradas”. Permitirá también “garantizar la acogida de las personas solicitantes de asilo mejorando la coordinación con las otras administraciones y las entidades gestoras del Sistema Nacional de Acogida e Integración (SANI) del Estado en Barcelona”. También permitirá “impulsar medidas que favorezcan la regularización de las personas, con refuerzo de los servicios de asesoramiento jurídico, inserción sociolaboral y oferta de planes de empleo”. Por último, permitirán ampliar el programa Nausica para “la atención integral a los solicitantes de asilo que se encuentran en riesgo de vulnerabilidad”.

Si no hay problema alguno, los contratos podrán prorrogarse por dos años más, es decir, hasta el 2026. En las previsiones del consistorio, no obstante, se ha previsto una partida extraordinaria de casi 996.000 euros para posibles modificaciones o eventualidades que puedan producirse en el transcurso de la ejecución de los contratos. Así, el presupuesto previsto para la atención de los inmigrantes a través del SAIER ascenderá, en total, a casi seis millones de euros.

Según fuentes de Barcelona en Comú (BeC), a través del Ayuntamiento ya se ha prestado apoyo a casi 2.000 ucranianos que han llegado a la capital catalana y los servicios municipales trabajan las 24 horas del día para ayudar a los refugiados. Un vídeo distribuido por esta formación esta semana se detalla que el SAIER “les da asesoramiento legal para conseguir el estatus de refugiado”, mientras que “desde el CUESB se les presta atención y alojamiento y de ahí se derivan a la Cruz Roja”, que ha sido la organización elegida por el Gobierno central para gestionar la ayuda a todos los desplazados de la guerra de Ucrania.

Colas en la Fira de Barcelona el primer día que funciona como centro de acogida de refugiados / TVE

UNA ASOCIACIÓN CON EXPERIENCIA

La gestión del SAIER se convierte, así, en una de las piezas claves del apoyo que se le da a la inmigración desplazada como consecuencia del nuevo holodomor. Para su gestión se cuenta con una organización , ABD Asociación Bienestar y Desarrollo, que durante el último año ha atendido a más de 125.000 personas, que tiene entre sus colaboradores a 1.551 profesionales y a 467 voluntarios. Los beneficiarios de sus 119 servicios y programas son personas que se encuentran en situación de “fragilidad social”. Sus acciones se dirigen a distintos colectivos, ya sea a personas necesitadas con dependencia, a personas con discapacidad intelectual, a personas afectadas de drogodependencias o a personas con pobreza extrema.

Esta organización está presidida por la psicóloga Felisa Pérez, también presidenta de la Federación Catalana de Drogodependencias y vicepresidenta de la UNAD (Unión de Asociaciones y Entidades de Atención al Drogodependiente). En su equipo, ABD presume de tener una mayoría de mujeres entre sus miembros, Y, además, provenientes de “36 orígenes culturales distintos, por lo que la conciliación y el respeto a la diversidad están en nuestro ADN”.

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