Este jueves, en la Universitat Pompeu Fabra, se vivió un episodio que retrata a la perfección la alcaldesa que tiene Barcelona, Ada Colau. La primera edil de la ciudad fue invitada a un encuentro con futuros periodistas, estudiantes todavía, en la que estos pudieron preguntar a Colau sobre distintos aspectos de la ciudad y la política municipal.

Sin embargo, el fondo político de la rueda de prensa quedó escondido por la falta de educación y las maneras bruscas como Colau contestó a una joven alumna de tercero de periodismo que interrogó a la líder de los comunes sobre el cambio en su vestuario desde sus inicios políticos hasta la actualidad. La pregunta fue planteada de forma muy correcta y perfectamente bien argumentada, pero la alcaldesa se lo tomó mal y, muy molesta, respondió de forma inapropiada con un "me visto como me da la gana"

Colau, disfrazada de 'supervivienda' en un acto de la exregidora Imma Mayol  

 

La joven, de 20 años, acabó llorando y Colau, viendo la que había liado, se disculpó e hizo aquello tan propio de ella que fue colgar un post en Instagram. Mire, lo diré claro, me da igual que Colau se haya disculpado. La alcaldesa perdió los papeles. Le tocaron uno de los temas con los que ella más ha jugado siempre -y de los que más se ha aprovechado- y se cebó con la estudiante, mejor dicho con una periodista que hacía su trabajo. Sí, señora Colau, porque le guste o no somos periodistas y preguntamos lo que queremos.

Un mosso estira a Colau, que mira a la cámara, durante una ocupación de la PAH / FACEBOOK MARTA AFUERA PONS

Desde siempre, Colau ha jugado con su look. Cuando era joven, se disfrazó de supervivienda abejil para interrumpir un acto de la entonces regidora Imma Mayol (ICV) para reivindicar que la vivienda estuviera fuera del mercado. Siendo portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, siempre salía en las fotos con la camiseta verde y el mensaje Stop desahucios. En una ocasión, hasta la pillaron en un desalojo de los Mossos mirando a la cámara. Algunos mal pensados dirán que aquella imagen fue buscada. Nada, eso no fue así. La casualidad hizo que justo en el momento que un agente la sacaba, un fotógrafo disparara la cámara. Y ya siendo alcaldesa, cedió al postureo de Vanity Fair.    

A mí me da igual si Colau se viste de supervivienda, de la PAH o sale en una revista de moda, lo que quiero es que sea una buena gestora y que si se enfrenta a una rueda de prensa responda, que para eso es un cargo público, porque un o una periodista pregunta lo que quiere. Y si no quiere contestar, que está en su derecho, que lo diga de forma educada y sin la mala leche de este jueves.

Pero si algo me ha revuelto el estómago, es el triste papel la UPF ha tenido con Colau. Me cuentan que entre los estudiantes hay cabreo y frustración porque la universidad no ha dicho nada públicamente sobre el incidente y en la crónica que se hizo en el Diari de Barcelona -histórica cabecera de la ciudad, ahora en manos de la UPF- no aparece ni una línea de la salida de tono de Colau. Sí hay una mención en la contracrónica con el post de la alcaldesa insertado y la propia estudiante ha querido dar su versión en un artículo de opinión sin firmar.

A los estudiantes de la UPF, me dicen algunos de ellos, les enseñan a ser críticos con el poder, pero cuando llega el momento de la verdad, alguien -o al menos eso parece- les censura y les impide hacer bien su trabajo. "El jueves nos callaron". En la rueda de prensa con Colau quedaron preguntas en el tintero. ¿Por falta de tiempo? ¿Por incomidad? Entre ellas, si los concejales Janet Sanz, Jordi Rabassa y Eloi Badia irán en las listas electorales de mayo de 2023.

Cuando acaben sus estudios y lleven unos cuantos trabajando, estos alumnos se darán cuenta de lo poco que seguramente habrán aprendido en las aulas y que ser periodista es un oficio y no un grado ni una licenciatura. Y como periodistas, como hizo la alumna de tercero, preguntamos lo que queremos.