Nacido en Sant Martí d’Empúries (Alt Empordà), apareció en Barcelona en 1956. Se cumplen ahora setenta años desde que la editorial Bruguera publicó en Barcelona su primera aventura. Se titulaba A sangre y fuego.
En aquella crónica, escrita por el novelista Víctor Mora e ilustrada por Miguel Ambrosio, alias Ambrós, el caballero cristiano mató más moros que Santiago Matamoros. Y trabó una larga amistad con el rey de Inglaterra, Ricardo Corazón de León.
Era, es y será el Capitán Trueno. Al grito de “Santiago y cierra España”, sus primeras lides fueron impresas en 618 tebeos apaisados. Duraron hasta 1968 y se convirtieron en las más famosas e icónicas de la narrativa dibujada española.
Después, se editaron en otros formatos, con otros excelentes guionistas y dibujantes. Algunas, reeditadas en colecciones censuradas. Donde una espada atravesaba a un malvado, desaparecieron la espada y otras armas.
Trueno defendía la justicia, liberaba oprimidos, eliminaba tiranos en cuatro continentes… Como don Quijote, “es mi oficio y ejercicio andar por el mundo enderezando entuertos y desfaciendo agravios”. Su novia rubia y vikinga fue objeto de deseo para los censores.
Políticamente incorrecto para el franquismo, lo es hoy para la moralina woke. Porque se trata de un guerrero católico que liquida a déspotas, opresores, sátrapas, bandidos, piratas, traficantes de esclavos…
Árabes, musulmanes, indios, japoneses, chinos, caníbales, malos cristianos y otras etnias no escapan de su valiente y expeditivo modo de hacer justicia… Sin embargo, es buen y fiel amigo del legendario Saladino, sultán de Egipto y Siria.
Para ridiculizarlo, Miguel Bosé le dedicó una canción que le atribuye un hijo homosexual y cobardica que se niega a navegar y a combatir. En algunos ambientes gay se le atribuyen relaciones sexuales con su jovencito escudero Crispín.
Por el contrario, el grupo musical Asfalto le brinda la canción que dice: “Si el Capitán Trueno pudiera venir, / nuestras cadenas saltarían en mil. / Ven Capitán Trueno, / haz que gane el bueno. Ven Capitán Trueno / que el mundo está al revés”.
Unos 350.000 ejemplares semanales batieron todos los récords de ventas en la España de su época. Traducido a varios idiomas, Trueno fue el héroe más popular de su tiempo y de distintas generaciones.
De él y de sus amigos y amigas se hicieron figuritas de goma y de plástico. Un barco, un globo, un campamento vikingo de madera… Después, unos videojuegos. Y aquel número postmoderno donde por fin se acuesta con su novia, senos al aire.
También se rodó la película El Capitán Trueno y el Santo Grial, que pasó sin pena ni gloria. Más honor y memoria le rinde su estatua en Albuixec, donde nació el dibujante Arbós.
Le sobreviven su rastro y una ruta en Sant Martí d’Empúries. Una amplia bibliografía, estudiosos, coleccionistas, agrupaciones de amigos y algunas redes sociales especializadas.
Con setenta saludables años a sus espaldas y en los tiempos que corren, convendría pedir: “Ven Capitán Trueno, / haz que gane el bueno. / Ven Capitán Trueno / que el mundo está al revés”.
