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Imagen de Barcelona, tomada de la web de la revista 'Barcelona Metròpolis / AYUNTAMIENTO DE BARCELONA

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Opinión

Esperando a Cerdà

Visto el tambaleante y dudoso gusto estético y cultural del Ayuntamiento, cabe desear que no le ocurra nada igual ni parecido al tan ninguneado monumento a Cerdà

Publicada

Llegado el mes de mayo, el Ayuntamiento de Barcelona incumple otra vez otra promesa de hace años. Se trata del monumento a Ildefons Cerdà (1815-1876), el ingeniero y urbanista que trazó el Eixample de Barcelona.

En abril de 2025, el concejal de cultura Xavier Marcé dijo: “Desde hace tiempo, el Colegio de Arquitectos y el de Ingenieros de Caminos trabajan en ello”. Y que el Ayuntamiento “encargó tres proyectos al Consejo de Arte Público”.

Ahora, el alcalde Collboni le desmiente y anuncia otro concurso entre tres proyectistas. Todos prestigiosos artistas cuyos nombres no se saben. O se ocultan sin que se sepa la razón de algo que huele a amaño.

Porque la ubicación decidida el año pasado fue la Plaza de Les Glòries y tocaba inaugurarlo entre febrero y diciembre del presente año. Coincidiendo con los fastos de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura. Y con el 150 aniversario de la muerte de Cerdà.

Pero no. Porque el alcalde Collboni ha cambiado de idea y anuncia que se ubicará en la plaza Universitat. Así que el hecho, si alguna vez se cumple, se retrasa otra vez hasta el 2027.

Afirmaba Marcé que “Cerdà tiene una plaza, pero no un monumento y es un olvido difícilmente explicable”. Quizá porque Cerdà proclamó la República Catalana en 1873. Pero el alcalde y su partido no parecen estar por la labor de repúblicas independientes.

El historiador Jordi Serrano escribió al respecto: “Si Pi i Margall en vez de unos pocos meses hubiera podido gobernar cuatro años, en Catalunya habríamos tenido un estado catalán presidido seguramente por Josep Anselm Clavé o Ildefons Cerdà”.

En 1931, Francesc Macià proclamó la República Catalana, que negoció y cambió rápidamente por la Generalitat. Por último, en 2017 la República Catalana de Carles Puigdemont duró ocho segundos.

Sea como fuere, Cerdà sigue sin monumento. A diferencia de personajes barceloneses como el ingeniero Pere García Faria (1858-1927), autor del alcantarillado de Barcelona, quien tiene dedicado el Passeig Garcia Fària, cerca del mar.

También existe el Paseo Manuel Girona. Dedicado al alcalde Manuel Girona (1817-1905), prohombre, banquero, mecenas y político muy popular y apreciado en Catalunya y España.

Senador del Reino por Barcelona, fue uno de los hombres más poderosos e influyentes de su tiempo. Símbolo de la riqueza, de él se cuentan y escriben maravillas y leyendas.

Aunque según el poeta y erudito manresano Josep Ballesteros, se le perdona y se olvida interesadamente que, “siendo concejal, propuso construir una hilera de casas en medio de la actual Gran Vía de les Corts Catalanes”.

En el asunto de dedicar calles, el poeta vasco Gabriel Aresti (1933-1975) escribió en un poema que no deseaba que ninguna calle llevase su nombre. Porque no quería que “un borracho le diga a una furcia: Vivo en la calle de Aresti”.

Visto el tambaleante y dudoso gusto estético y cultural del Ayuntamiento, cabe desear que no le ocurra nada igual ni parecido al tan ninguneado monumento a Cerdà.