El papa León XIV hará parada en Montserrat antes de la misa en la Sagrada Família
Don de lenguas
"Es de suponer que los que reclaman que León XIV use el catalán se hayan inspirado en el viaje papal a Angola, donde además del portugués, lengua oficial, pronunció algunas frases en kimbundu. ¿Son equiparables el kimbundu y el catalán?"
Hay un movimiento en Barcelona que anda armando bulla porque, dicen, quieren que el Papa de Roma, León XIV, utilice el catalán en su visita a la Sagrada Familia y Montserrat. No les importa el contenido de lo que diga, sólo el idioma en que se exprese.
No deja de ser una incongruencia más.
¿Prefieren que defienda la unidad de España en catalán a que propugne la independencia de Cataluña en castellano? Claro que también podría anunciar, esta vez en latín, que El Vaticano se anexiona el Principado y que sustituye a los Mossos por la Guardia Suiza.
Es de suponer que los que reclaman que use el catalán se hayan inspirado en el viaje papal a Angola, donde además del portugués, lengua oficial, pronunció algunas frases en kimbundu.
¿Son equiparables el kimbundu y el catalán?
En realidad los católicos deberían mostrarse indiferentes al idioma elegido. Después de todo, es posible que el pontífice tenga don de lenguas.
El don de lenguas es un regalo del Espíritu Santo a los apóstoles y hace que quien hable, sobre todo si expresa lo que los cristianos llaman la palabra de Dios, sea entendido por cualquiera, independientemente de que domine o no ese idioma.
Como la traducción simultánea, pero sin auriculares.
Si su Dios lo quiere, a León XIV lo entenderán todos. Si no hace el milagro, será que la divinidad considera más importante el contenido que la forma o que ha decidido que no vale la pena que se le entienda.
La polémica sobre la lengua está ocultando otros asuntos. Por ejemplo, el millón seiscientos mil euros que las autoridades locales van a destinar a sufragar la visita turística del presidente del Estado Vaticano.
Ese dinero, en manos de Cáritas, sería enormemente productivo en la lucha contra la pobreza. Aunque es posible que la Iglesia Católica considere más importante el boato que mitigar las injusticias de parte de la población.
Salvador Illa a quien Iván Redondo se refirió afectuosamente en la presentación de su libro El Manual como “Padre Illa” será recibido en audiencia por León XIV en el palacio episcopal. Dentro del ámbito de lo simbólico, parece un contrasentido: debería ser el presidente del Gobierno catalán quien lo reciba en el Palau de la Generalitat. El visitante es el Papa y no a la inversa.
Las entidades laicas y ateas ya han expresado su indignación por esta muestra de sometimiento de la máxima autoridad catalana al poder papal. El tiempo de las investiduras ya ha pasado a la historia y está claro que Illa no es presidente por la gracia de Dios alguno.
Tiene derecho a ser católico privadamente y arrodillarse y humillarse ante las imágenes y símbolos que quiera, pero no en representación de todos.
La polémica lingüística oculta también el ninguneo de las autoridades católicas a las víctimas de la pederastia en el seno de la iglesia. Algunos de los que sufrieron agresiones por parte de monjes benedictinos en Montserrat ya han expresado su indignación.
Cabe la posibilidad de que Junts y ERC (dirigida por un católico que presume en público de ello) consideren las agresiones sexuales a niños un asunto menor. Si las víctimas fueron acosadas en catalán, el asunto es menos grave que si les metieron mano en latín o en castellano.
El acto convocado en la Sagrada Familia arroja un dato interesante. Asistirán unos 8.000 espectadores. La mitad, “autoridades” eclesiásticas, civiles y militares. Toda una muestra de cómo la jerarquía se entremezcla con el pueblo llano.
Lo que a ese “pueblo” le espera es un papel subordinado. Ni siquiera podrá usar normalmente la ciudad, sometida durante cuatro días a inmisericordes restricciones de movilidad en varias arterias y espacios principales.
¡Pobres barceloneses! No pueden ir a Collserola por la peste porcina y ahora se les restringe el acceso a Montjuïc para que vaya el Papa. Menos mal que les quedan las zonas verdes situadas entre las vías del tranvía de la Diagonal.
Cuando en su día las autoridades las catalogaron así, seguro que pensaban ya en disponer de una alternativa para ocasiones como ésta. ¿Lo hicieron inspirados por la divina providencia?