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Jordi Martí comparece tras la victoria de las primarias por Barcelona

Jordi Martí comparece tras la victoria de las primarias por Barcelona Junts per Catalunya

Opinión

Dicen que la distancia es el olvido

"Puigdemont está empezando a comprobar lo de que dicen que la distancia es el olvido. En la canción, se terminaba la frase con la optimista afirmación 'pero yo no concibo esa razón'”

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Junts ha resuelto el expediente del candidato a la alcaldía de Barcelona, pero no a gusto de su santo patrón, el hombre de Waterloo, que ha visto cómo ganaba las primarias Jordi Martí Galbis, al que él no puede soportar y al que ya intentó alejar de la contienda con jugosas ofertas laborales. El candidato de Puchi era Jordi Rius, que se ha quedado compuesto y sin candidatura, al igual que el resto de alcaldables.

Ha sido curioso: al principio no aparecía ni un candidato, época en la que el hombre de Waterloo le ofreció el cargo a gente como Artur Mas o Tatxo Benet, que se dejaron querer, pero le acabaron diciendo que no, gracias.

De repente, empezaron a aparecer alcaldables a cascoporro, incluyendo al abogado patriótico Jaume (antes Jaime, cuando militaba en la banda de la porra de la derecha universitaria) Alonso-Cuevillas, un hombre con muchas ganas de figurar (o de servir a la patria, no sé) que se ofrece para lo que haga falta, aunque nadie lo proponga para nada (Puchi le tiene cariño, pero no lo veía de alcaldable), y a la experiodista deportiva reciclada en madre de la patria Pilar Calvo.

A todo esto, el ladino doctor Trias i Vidal de Llobatera, porfiaba entre bambalinas para propiciar la nominación de su buen amigo Martí Galbis, del que nadie ha oído hablar ni sabe la cara que tiene, pero tal vez sea mejor así, si tenemos en cuenta que lo más mediático de la pugna era el inefable Alonso-Cuevillas.

La cosa sonaba más que nada a trámite, ya que pocas esperanzas hay en Junts de hacerse con la alcaldía del cap i casal. Una cierta satisfacción general (o no excesiva insatisfacción) con Jaume Collboni presagia, según todas las encuestas, la continuidad del PSC al mando de la nave. Pero había que presentar a alguien y se ha hecho, aunque no a la entera satisfacción del fugitivo del maletero, cuya autoridad ha salido claramente menoscabada con el trámite de la alcaldía de Barcelona.

De hecho, la única noticia reseñable de todo este asunto es el (¿inesperado?) sopapo que se ha llevado el jefe de la banda (aún por detener). Consciente de que, en Flandes, el jefe no se entera de nada, el doctor Trias, que controla el cotarro barcelonés, se las ha apañado para imponer a su favorito, cuyo aspecto y trayectoria son de probo funcionario. Ya que nada funciona y nos estamos yendo al carajo, pudo pensar Trias, vamos, por lo menos, a intentar salvar Barcelona, aunque el maldito sociata va muy fuerte.

Hubo una época, no tan lejana, en la que lo que salía de Waterloo iba a misa. Pero Puigdemont está empezando a comprobar lo de que dicen que la distancia es el olvido. En la canción, se terminaba la frase con la optimista afirmación “pero yo no concibo esa razón”. Me temo que, en lo que queda de la post Convergencia, cada vez hay más gente que sí concibe esa razón que se oculta tras el dicho de que la distancia es el olvido.

Y me temo que esto es solo el principio. Actualmente, mientras el PSOE camina con paso seguro y cubierto de mierda hasta el cuello hacia la autodestrucción, apenas se oye hablar a Puchi, ni que sea para comentar la actualidad.

Sus dos secuaces destacados en el parlamento español, la desagradable Miriam Nogueras y el pelmazo monotemático de Jordi Turull (por mal nombre, Tururull), parece que van por libre, no tanto por deseo propio, sino a falta de las preceptivas instrucciones emanadas de la Casa de la República.

Si quiere volver a ser quien era (o intentarlo, por lo menos), Puchi necesita urgentemente que se le aplique la amnistía. En julio sabremos qué opina el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Si falla a su favor, aún no se habrá interrumpido la progresiva irrelevancia de nuestro hombre, pendiente de lo que diga la justicia española tras la europea.

Y, de momento, se lo empiezan a pasar por el arco de triunfo en Barcelona. Mala señal.