La hermana de Montse, Clara Aguilar, y el cuñado de la fallecida, Manuel Ceacero, a la salida del acta de conciliación
A pleno sol
"Que a una gran empresa se la sople la muerte de una trabajadora resulta hasta normal (en un mundo en el que ya casi nada es normal), pero que el ayuntamiento, al que se le presupone una responsabilidad social, no tome cartas en este asunto y deje que se alargue hasta que se cansen los quejicas, me parece que es francamente mejorable"
Mientras arde media España y el calentamiento global (que la derecha sigue negando, como si no aspirara a sustituir a la izquierda en el gobierno de la nación), es difícil que una pequeña historia personal ligada al calor del verano capte mayoritariamente la atención del público. Una historia como la de Montse Aguilar, del departamento de limpieza del Ayuntamiento de Barcelona, que hace poco más de un año falleció a causa de lo que tiene toda la pinta de ser un golpe de calor. No murió en su puesto de trabajo, sino en casa, al desplomarse y darse un fuerte golpe en la cabeza, pero la familia sigue optando por la tesis del golpe de calor, aparte de quejarse del aparente desinterés del ayuntamiento y de la empresa concesionaria del servicio, FCC (no confundir con la agencia norteamericana Federal Comission of Communications), instituciones que no se han comunicado con ella para nada en más de un año.
A Montse le tocaba barrer el barrio gótico entre las nueve de la mañana y las cinco de la tarde. Es decir, el período de mayor violencia solar del día. Enseguida se encontró mal, pero no encontró mucha comprensión en su superior, que le dijo que bebiera agua y que si no se le pasaba el vahído, que se fuera a casa (aunque, eso sí, eso tendría consecuencias en su nómina al ser considerado un abandono del lugar de trabajo). Montse se fue a casa y siguió encontrándose fatal (en el trabajo, no se le ofreció acudir a un centro de salud). Antes de cenar, se desplomó, se dio el golpe fatal en la cabeza y murió. ¿No da la impresión de que hubo cierta negligencia por parte de FCC?
FCC es una importante empresa de servicios y otras hierbas fundada en el año 1900. Su actual presidenta es la banquera Esther Koplowitz (cuya fundación tiene buena fama entre el sector médico) y el mandamás general es el millonario mexicano Carlos Slim. La familia de la difunta la ha demandado, junto al ayuntamiento de Barcelona (que lleva contratando a FCC desde 1911), por lo que considera una negligencia grave que condujo a la muerte de su pariente, aunque aún no se hayan aclarado las causas concretas de su fallecimiento. Para precisar esa cuestión, bastaría con la autopsia de Montse Aguilar, pero, a día de hoy, los resultados de esa autopsia no aparecen por ninguna parte, lo cual permite pensar que aquí se añade la desidia a la negligencia.
Puede que a FCC la muerte de una limpiadora le parezca un asunto menor, pero el ayuntamiento debería decirle que se pusiera las pilas, ofreciera de una vez los resultados de la autopsia y, fuese cual fuese el resultado, ponerse a pensar en algún tipo de compensación para la familia de la difunta.
El problema de Montse y su familia es que su historia no le interesa a casi nadie en este verano de incendios y lipotimias. El otro día consiguieron convocar a una cincuentena de personas. Tal como está el patio, que a una gran empresa se la sople la muerte de una trabajadora resulta hasta normal (en un mundo en el que ya casi nada es normal), pero que el ayuntamiento, al que se le presupone una responsabilidad social, no tome cartas en este asunto y deje que se alargue hasta que se cansen los quejicas, me parece que es francamente mejorable.
Desde un punto de vista cínico (el único que funciona actualmente), el caso Aguilar hasta podría ayudar a Jaume Collboni a presentarse como un dirigente humano que se preocupa por los más débiles. No es que tenga mucho que temer con los adversarios que le han tocado en las elecciones, pero una machada humanitaria a tiempo, en plan Bono de U2, podría ayudarle a conservar el sillón. Y la familia de la difunta se lo agradecería. Igual que todos los ciudadanos decentes, que los hay.