Escena de 'Falstaff' en el Liceu

Escena de 'Falstaff' en el Liceu LICEU / A Bofill

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'Falstaff' en el Liceu, un digno cierre de temporada

Con buenas voces, la producción de Laurent Pelly de la ópera de Verdi es más que digna, tanto en vestuario como en escenografía, con la que juega con una perspectiva cambiante así como con cierres parciales de la escena con cortinas y telón

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Termina la temporada de ópera 25/26 con la última ópera de Verdi y, además, también es la última vez que dirige una ópera el maestro Pons como director musical del Liceu.

Sin duda lo más relevante es la marcha del maestro Pons, artífice de una mejoría sustancial de la orquesta del Liceu pero que también demuestra su escasa sensibilidad para dirigir óperas italianas. Siempre va a todo volumen, sin respetar a los cantantes y en su últimas funciones no iba a cambiar. Brillo de la orquesta y excelente ritmo y cadencia, sin duda, pero poca modulación sonora, lo que pone en apuros a algún cantante, especialmente a los tenores.

Sus catorce años al frente de la orquesta se han notado, para bien, aunque siguen los vicios de una orquesta excesivamente sindicalizada que limita la ya corta temporada del Liceu. Ni la gran crisis de la temporada 2013/14 ni el covid han logrado flexibilizar la relación laboral de la orquesta. Veremos qué nos depara la etapa de Jonathan Nott, un director inglés centrado, como Pons, más en la música sinfónica que en la ópera y sin una gran experiencia en teatros de referencia pues ni Bamberger ni Tokio lo son.

El coro, realmente bien

Una auténtica pena no haber aprovechado el relevo de Pons para darle un empujón definitivo a nuestra orquesta con un buen director musical netamente operístico, con una buena directora, que las hay, y cada vez más o con alguien muy bien conectado en los círculos operísticos que nos garantizase la presencia de grandes estrellas.

Escena de 'Falstaff' en el Liceu

Escena de 'Falstaff' en el Liceu LICEU / A BOFILL

La producción de Laurent Pelly es más que digna, tanto en vestuario como en escenografía, con la que juega con una perspectiva cambiante así como con cierres parciales de la escena con cortinas y telón. Las transiciones del punto central de la acción, los trampantojos, las perspectivas en fuga y hasta trucos de trampilla logran una dramaturgia risueña. Se ha logrado una producción ágil y amena que apoya al argumento y la música.

Las voces también están bien, con un Ambrogio Maestri a quien le viene ni pintado el papel del burlador burlado. Probablemente el tenor César Cortés, en el papel de Fenton, es quien más sufra con el volumen de la orquesta. Lucas Meachem, Ford en los dos repartos, y el elenco femenino formado por Roberta Mantegna, María Miró y Marianna Pizolatto, interpretando a Alice, Nannetta y Sra. Quickly, están a buena altura. El coro realmente bien, especialmente en la mascarada del último acto.

Escena de 'Falstaff' en el Liceu

Escena de 'Falstaff' en el Liceu LICEU / A BOFILL

Esta producción no destacará en los anales del Liceu, pero cierra muy dignamente una temporada que ha tenido sus luces y sombras. La principal crítica sin duda vendría por la propia programación. En julio hay que programar óperas populares para llenar el teatro. Falstaff no lo es, como demuestra que solo se ha representado en toda la historia del Liceu en poco más de 40 ocasiones.

Cómo lograr más público

Si combinamos el calor, con las obras de la Rambla y lo poco atractivo de la obra, además de dos coincidencias con partidos de la selección de fútbol, entenderemos por qué la entrada ha sido de las más bajas de la temporada.

Escena de 'Falstaff' en el Liceu

Escena de 'Falstaff' en el Liceu LICEU / A BOFILL

Pero por baja que fuera la entrada lo que no debe hacer el Liceu es vender a 50 euros cualquier localidad. Para estos casos tiene que ser más astuto y, por ejemplo, ofrecer precio reducido a jóvenes, a estudiantes de música, a abonados de otros teatros, abrir ofertas de último minuto,… lo que se quiera, todo menos ofrecer indiscriminadamente por 50 euros cualquier localidad, incluidas las que otros pagan más de 250. Así no se respeta ni a los abonados ni al propio teatro, por más que sea imprescindible una buena entrada, dicen que más del 80% de ocupación, para evitar las pérdidas en toda función.